El martes por la noche, aprovechando que al otro día se realizaba el Censo Nacional y no se trabajaba y/o madrugaba, nos reunimos con los chicos/as en el depto a tomar algo y hacer uso del delivery.
Después de una variedad de gustos de pizzas y varias cervezas de distintos colores, se decidió realizar un juego acorde a lo que se venía al día siguiente, y que no era otra cosa que un simple, divertido y peligroso (según el azar y la sinceridad) juego de preguntas y respuestas.
Había que anotar en una hoja y de manera anónima 20 preguntas que otra persona se encararía de responder sobre temas personales, privados y quizás secretos. Después se recortaba cada una de las preguntas y se ponía en una caja que iba pasando de mano y así cada uno sacaba una de ellas y la respondía en voz alta. Por supuesto que más del 90% de las mismas tenían que ver con cuestiones sexuales y así pasamos por interrogantes del tipo: ¿De qué sexo sería la 3º persona que elegirías para hacer un trío?, hasta la famosa ¿Cómo fue tu primera vez?
La verdad es que nos divertimos demasiado (como siempre) pero el sol se hizo presente anunciando que había que regresar cada uno a su casa para poder responder las verdaderas y aburridas preguntas del censista que tocara en suerte.
Sentí que recién había logrado dormirme cuando a las nueve de la mañana el timbre sonó. Abrí la puerta y ahí estaba con su carpetita la censista que invadiría mi privacidad por el bien de la patria.
La verdad es que fue bastante simple todo y en menos de diez minutos ya había terminado todo, salvo por unos mates que me puse a hacer y que ella aceptó compartir.
Y hablando de nada importante, de pronto me preguntó (fuera del cuestionario legal):
–¿Vos estudiaste en un Profesorado?
–Sip, entre varios otros lugares.
–¿Pero en uno de microcentro?
–Sí… ¿Cómo sabés? ¿Pertenecés a la CIA?
–Gastón, ¿no te acordás de mí? Soy Cecilia… Hice hasta la mitad de 2º Año con vos y después me pasé a Magisterio.
–¿Cecilia? No te puedo creer… ¿Cómo me voy a olvidar de vos? Lo que pasa es que estás cambiada…
–Vos en cambio estás igual. Seguís siendo… tan así…
-¿Así cómo?
Continuamos charlando y recordando algunas cosas, hasta que el agua de la pava se acabó y ella se dio cuenta que tenía que seguir con su trabajo.
–Cuando termino vuelvo, ¿te parece?
Pasada la sorpresa de este encuentro, me senté en la compu y descubro la noticia que me había pasado por encima…
El ex presidente Néstor Kirchner acababa de fallecer.
Me quedé consternado por la llegada de esa muerte sorpresiva ya que se trataba del esposo de quien ahora es presidenta de Argentina. Y más allá de ideologías políticas, había que apoyar, acompañar y demás a esa mujer que nos gobierna bajo el imperfecto pero saludable manto de la democracia.
Pasaron no sé cuántas horas mientras yo seguía pegado a la compu, y demás medios de comunicación a mano cuando el timbre volvió a sonar como hoy a la mañana.
Abro la puerta y ahí estaba Cecilia, con los ojos llenos de lágrimas y su cara con menos color que el habitual.
–¡No lo puedo creer! ¡Se murió! ¡Se murió! –me dijo mientras me abrazaba ahogada en un llanto.
Entendiendo un buen despertar
Hace 1 semana
