Mi amiga Lorena es hermosa. Tiene unos ojos claros que te iluminan, unas curvas que te invitan a recorrerlas, una voz suave, una sonrisa deliciosa, y demás cualidades que hacen que me pregunte… ¿por qué somos amigos?
De todas maneras, la reflexión iba a que recordé una charla que mantuvimos la barra y en la que ella defendía su postura del sexo por amor, mientras la mayoría de nosotros (los hombres) exponíamos nuestra defensa del amor por el sexo.
Y fui yo el que le pregunté:
–¿Cómo podés diferenciar cuando un tipo se acerca a vos enamorado del que te quiere dar hasta el 30 de febrero?
–Por la mirada –contestó con su simpleza incorporada y su sonrisa infinita–. La mirada marca y dice mucho más de lo que se escucha.
Esta conversación me visitó anoche porque viví algunas situaciones a las que siento que les faltó mi mirada para que se comprendiera.
La primera tiene que ver con Rosa.
Más allá de la paranoia de que en cualquier momento entre por el balcón un grupo de asesinos a domicilio, tengo ganas de saber cómo se encuentra ella.
Fue por eso que busqué una antigua agenda (y que hace rato debería haber lanzado a algún fuego parrillero) porque recordé haber tenido alguna vez anotada a una amiga de ella. Y así encontré en la R a Romina y marqué el número que tenía dibujado al lado de su nombre.
Me presenté (sip, apenas terminé de decirle mi nombre se me ocurrió que podía ser ese un error fatal, pero ya estaba dicha la última letra) y ella me sorprendió con un:
–Me imaginé que en cualquier momento ibas a llamarme porque ya sé lo que pasó entre vos y Rosa.
–Bueno, te molesto nada más para saber si tenías noticias de ella.
–Está bien –me dijo en un tono cortante–, pese a lo que le hiciste.
–Hmmm… No tengo ganas de discutir pero me gustaría saber qué le hice.
–¿Te parece poco? Te encamaste con ella sabiendo que estaba casada.
–Ah, claro… Rosa me pidió que yo lo tenga presente ese dato por si ella se olvidaba, pero se ve que cuando me invitó a que la pasemos juntos, entre el vino y algunos orgasmos lo olvidamos.
Su respuesta fue una puteada y cortar la comunicación. Sin embargo rescaté el enterarme que ella estaba bien, y que mi mirada clavada en Romina hubiese ayudado a hacerle entender la ironía de que realmente me encontraba preocupado por su amiga.
La segunda situación fue una mirada de amor que no logré transmitir vía correo electrónico, pero este tema prefiero dejarlo para la próxima…
Entendiendo un buen despertar
Hace 1 semana
