Ok, puedo entender un par de lágrimas, cierta emoción, algunas puteadas, promesas exageradas, y demás pasiones humanas en nombre del Sr. Fútbol.
De hecho Sebas se enfermó con el descenso de Huracán y por más que me parezca una pelotudés, entiendo que hay un porcentaje del corazón que está ocupado por ese querido deporte del balompié.
Y de hecho yo festejé como loco el triunfo de Belgrano de Córdoba sin tener siquiera la dicha de conocer tan hermosa provincia, sino por el hecho de ser de Boca.
Sin embargo tanta policía, tantos destrozos, tanta polémica por sanciones me harta y quita ese gustito rico que produce el poder ir a la cancha y disfrutar del verde césped en vivo y en directo.
Pero la vida continúa, Sebas obviamente ya salió de la cama y está como nuevo (seguramente mi prima Vero habrá tenido algo que ver con esa “levantada”), y yo el lunes salí muy abrigado a la ciudad y a disfrutar del primer lunes con river en la B.
Tenía que encontrarme con una persona pero me avisa que se desocupa al mediodía, por lo que decidí entrar a un café a leer los diarios deportivos tranquilo y escuchar de fondo a los opinadores profesionales del pueblo.
Trato de elegir una mesa del fondo y encuentro por esa zona a una chica muy linda con un gorrito de lana multicolor sobre su cabeza. Completaba su atuendo una camiseta celeste de Belgrano de Córdoba atada a su cuello, y unas lágrimas que caían sobre un enorme tazón de café con leche.
–Supongo que tus lágrimas no tienen nada que ver con lo deportivo, ¿no? –dije al mismo tiempo que pensaba para mí mismo porqué me encontraba desviando mi buscada tranquilidad.
–¡Te equivocás! –me dijo clavándome sus ojos marrones llenos de lágrimas, y un acento cordobés inconfundible–. Tienen que ver porque mi ex novio es un pelotudo a cuerda.
–Intuyo que estabas de novia con un hincha fanático de river…
–Sí, y se enojó conmigo porque nosotros ganamos. Pero bueno, ahora que se joda porque se va a quedar solo y en la B.
–Vos también sos bastante fanática, me parece.
–Amo “la celeste” y estoy feliz de que hayamos ascendido, pero no deja de molestarme la actitud de él. ¿O vos te creés que no me iba a decir nada ni gastar ni nada si era al revés la cosa?
–Seguro que sí, pero había muy pocas posibilidades de que sucediera algo así.
Se quedó en silencio unos segundos mirándome de arriba hacia abajo y haciendo el recorrido de vuelta y finalmente me preguntó:
–¿Vos de qué cuadro sos hincha?
–De Boca.
–¿No tenés ganas de que juguemos un partido vos y yo?
miércoles, 29 de junio de 2011
viernes, 24 de junio de 2011
237. la trama y el desenlace
Días de ocupaciones varias cumpliendo con obligaciones laborales, sociales, naturales, y demás. Y a veces, la manera que tiene de descansar en silencio alguien que escribe, es dejando el teclado en paz.
De todas maneras, el finde largo y patriótico que pasó, estuve en cama, acompañado de la almohada y algo de música. Pero no por placer (aunque un poco lo disfruté) sino por cierto malestar repentino que me visitó y se vino a quedar conmigo.
¬–Era obvio que ibas a caer en cualquier momento –me dijo Sebas haciéndose el misterioso pero con aire profesional.
–Y… Se supone que en el lapso de final del otoño y comienzo del invierno es normal que las personas se engripen– le devolví la pelota sin ganas de cuidados intensivos.
–Por supuesto –continuó él, mi queridísimo amigo, el loco por las teorías descabelladas– salvo que tu malestar no lo ocasionó el frío de la estación, sino un dolor interno provocado por una noticia más helada y filosa.
Muchas veces Sebas habla como si uno pudiese saber la teoría que está desarrollando en su mente, por lo que más directo y breve es preguntarle como lo hice yo:
–¿De qué carajo hablás?
El que respondió fue Cris viniendo de la cocina y trayendo unas tazas de capuchino a pedido mío y aprovechando que yo estaba en cama.
–Gastón, estás así por lo de Laura.
–¿Qué pasó con Laura? ¿Qué tiene que ver ella con este simple malestar?
–Vos sabés que esto es porque ella se puso de novia y entonces…
–Chicos, todo bien, pero no me vengan con estas boludeces. Laura ya se fue y se había ido hace rato. Sí, me jodió que buscara contarme eso, pero hoy estoy en cama porque me siento apenas mal y aprovecho que es un finde largo, ok.
No dijeron nada más, tomamos nuestros respectivos capuchinos calientes, y empezamos a hablar de otros temas diversos, lejanos, sin importancia.
Antes de despedirnos porque Cris tenía que ir a estudiar su bendito y eterno Inglés, mientras que Sebas tenía que hacer unos llamados para ir al otro día a la cancha a ver a su amado Huracán, fue este último quién asomó su cabeza y gritó:
–Igual estamos en lo cierto… Estás así por ella! –y desapareció sin llegar a escuchar mi puteada con dedicatoria.
(aunque quizás tengan un poco de razón)
Bajé en el ascensor hasta el 2º piso.
Me abrió la puerta y se fue derecho a la habitación en un silencio absoluto y doloroso.
Sin decir nada fui también yo hacia la habitación y llevé una silla para quedarme ahí un rato.
Sebas estaba hecho mierda. Una fiebre que volaba y una pasión desbordad por un dolor que no tiene explicación alguna desde la racionalidad.
Vero me hizo un gesto con la mirada y me dejó a solas con él.
Cuando la puerta se cerró, me acerqué a Sebas y este me miró con sus ojos rojos por las lágrimas.
–¡No lo puedo creer! –exclamó con una voz temblorosa, débil, herida.
–Son cosas que pasan, y vos sabías cómo venía la mano.
–Sí, pero es injusto que se vaya otra vez… –interrumpió su frase mientras me abrazaba y se descargaba llorando como todo un hombre.
Ahora era Sebas el que caía enfermo por la ida de un amor, de un gran amor...
Como lo es para él la ida a la Segunda División de su amado Huracán.
De todas maneras, el finde largo y patriótico que pasó, estuve en cama, acompañado de la almohada y algo de música. Pero no por placer (aunque un poco lo disfruté) sino por cierto malestar repentino que me visitó y se vino a quedar conmigo.
¬–Era obvio que ibas a caer en cualquier momento –me dijo Sebas haciéndose el misterioso pero con aire profesional.
–Y… Se supone que en el lapso de final del otoño y comienzo del invierno es normal que las personas se engripen– le devolví la pelota sin ganas de cuidados intensivos.
–Por supuesto –continuó él, mi queridísimo amigo, el loco por las teorías descabelladas– salvo que tu malestar no lo ocasionó el frío de la estación, sino un dolor interno provocado por una noticia más helada y filosa.
Muchas veces Sebas habla como si uno pudiese saber la teoría que está desarrollando en su mente, por lo que más directo y breve es preguntarle como lo hice yo:
–¿De qué carajo hablás?
El que respondió fue Cris viniendo de la cocina y trayendo unas tazas de capuchino a pedido mío y aprovechando que yo estaba en cama.
–Gastón, estás así por lo de Laura.
–¿Qué pasó con Laura? ¿Qué tiene que ver ella con este simple malestar?
–Vos sabés que esto es porque ella se puso de novia y entonces…
–Chicos, todo bien, pero no me vengan con estas boludeces. Laura ya se fue y se había ido hace rato. Sí, me jodió que buscara contarme eso, pero hoy estoy en cama porque me siento apenas mal y aprovecho que es un finde largo, ok.
No dijeron nada más, tomamos nuestros respectivos capuchinos calientes, y empezamos a hablar de otros temas diversos, lejanos, sin importancia.
Antes de despedirnos porque Cris tenía que ir a estudiar su bendito y eterno Inglés, mientras que Sebas tenía que hacer unos llamados para ir al otro día a la cancha a ver a su amado Huracán, fue este último quién asomó su cabeza y gritó:
–Igual estamos en lo cierto… Estás así por ella! –y desapareció sin llegar a escuchar mi puteada con dedicatoria.
(aunque quizás tengan un poco de razón)
Bajé en el ascensor hasta el 2º piso.
Me abrió la puerta y se fue derecho a la habitación en un silencio absoluto y doloroso.
Sin decir nada fui también yo hacia la habitación y llevé una silla para quedarme ahí un rato.
Sebas estaba hecho mierda. Una fiebre que volaba y una pasión desbordad por un dolor que no tiene explicación alguna desde la racionalidad.
Vero me hizo un gesto con la mirada y me dejó a solas con él.
Cuando la puerta se cerró, me acerqué a Sebas y este me miró con sus ojos rojos por las lágrimas.
–¡No lo puedo creer! –exclamó con una voz temblorosa, débil, herida.
–Son cosas que pasan, y vos sabías cómo venía la mano.
–Sí, pero es injusto que se vaya otra vez… –interrumpió su frase mientras me abrazaba y se descargaba llorando como todo un hombre.
Ahora era Sebas el que caía enfermo por la ida de un amor, de un gran amor...
Como lo es para él la ida a la Segunda División de su amado Huracán.
miércoles, 8 de junio de 2011
236. puñal bajo la manga
Mi Psico estaba esperando el momento con cierta ansiedad…
Por un lado tenía en cuenta que era recién la quinta sesión, pero por otra parte, yo había sabido contar y ponerla al tanto de mi vida con entrega y pasión.
Fue por eso que largué el aire de mis pulmones y alcancé a decir en voz alta:
–Ahora viene la parte en que me clavo el puñal y revuelvo, no?
Esa tardecita zafé porque a ella le pareció más interesante analizar mi frase, y yo me dejé llevar por ese desvío desde el incómodo diván.
Hoy, una década después de aquella sesión afilada, sigo pensando que una cosa es que yo decida cuándo-cómo-dónde hacer uso y abuso del puñal justiciero, y otra es cuando aparece por sorpresa de quien menos lo esperás.
Sin tanto profesionalismo y con un corazón metálico, el impacto certero vino de la mano de Laura.
Llegué al depto con el cielo oscuro y un frío que me obligó a pasar por el mercadito a comprar mi frasco de capuchino.
Frente al monitor, revisando correos, con la taza calentita a mi costado y sonando de fondo “Let them talk”, el flamante disco de Hugh Laurie (Dr. House), me encontraba al abrigo de la ciudad, cuando sonó el timbre.
Abrí la puerta y ahí parada con elegancia salvaje se encontraba Laura.
Me sorprendió su visita sin previo anuncio pero fue bienvenida y la invité con un capu para quitarse el frío exterior.
–Justo andaba a unas cuadras de acá y quise pasar a saludarte, ¿hice mal? –me preguntó sabiendo cuál era mi respuesta.
–Para nada. Ya sabés que yo no armo guerras. A lo sumo luchas cuerpo a cuerpo, pero…
En los últimos tiempos, cada tanto me cruzaba con Laura vía msn. Ella aparecía, me saludaba y yo respondía. Nadie obligaba a nada y las conversaciones parecían de dos extraños en ascensor hasta que nos pasábamos del tiempo aconsejado y terminaba en peligrosas peleítas o cortes abruptos y misteriosos.
Cada cual (intentaba) seguir con su vida y los caminos por separado estaban dando sus pasos. Ella parecía estar tranquila y yo buscaba que no me rompa las pelotas con movimientos bajo mis zapatos.
Y así estábamos compartiendo unos capus, hablando de nada en especial (clima, música, libros, etc.) hasta que noté ciertas frases por parte de ella que referían algo como las ganas de acercarse al sol.
Al preguntarle al respecto me di cuenta que era lo que ella estaba esperando desde que mintió sobre su paso casual por acá. Entonces, ahora que supuestamente yo había traído el tema, ella sonrió y dijo en un tono neutral y leve:
–Estoy conociendo a alguien que…
–¡Pará! –le dije haciendo un coitus interruptus de su frase-. Quizás no te hayas dado cuenta pero yo no soy tu amigo como para que me cuentes que estás por encamarte con alguien. Y si a esta “no amistad” le agregamos que entre nosotros hubo algo parecido al amor, tengo que pedirte que termines tu capuchino, guardes tu puñal, y te vayas a tu casa antes de que te dé una patada en ese hermoso culito que tenés.
El frío por la noche se hizo más frío.
Quizás sea por la hoja filosa de ese puñal que quisieron clavarme de frente, pero sin mirarme a los ojos.
De fondo, el disco blusero continuaba sonando al ritmo de mi corazón.
Por un lado tenía en cuenta que era recién la quinta sesión, pero por otra parte, yo había sabido contar y ponerla al tanto de mi vida con entrega y pasión.
Fue por eso que largué el aire de mis pulmones y alcancé a decir en voz alta:
–Ahora viene la parte en que me clavo el puñal y revuelvo, no?
Esa tardecita zafé porque a ella le pareció más interesante analizar mi frase, y yo me dejé llevar por ese desvío desde el incómodo diván.
Hoy, una década después de aquella sesión afilada, sigo pensando que una cosa es que yo decida cuándo-cómo-dónde hacer uso y abuso del puñal justiciero, y otra es cuando aparece por sorpresa de quien menos lo esperás.
Sin tanto profesionalismo y con un corazón metálico, el impacto certero vino de la mano de Laura.
Llegué al depto con el cielo oscuro y un frío que me obligó a pasar por el mercadito a comprar mi frasco de capuchino.
Frente al monitor, revisando correos, con la taza calentita a mi costado y sonando de fondo “Let them talk”, el flamante disco de Hugh Laurie (Dr. House), me encontraba al abrigo de la ciudad, cuando sonó el timbre.
Abrí la puerta y ahí parada con elegancia salvaje se encontraba Laura.
Me sorprendió su visita sin previo anuncio pero fue bienvenida y la invité con un capu para quitarse el frío exterior.
–Justo andaba a unas cuadras de acá y quise pasar a saludarte, ¿hice mal? –me preguntó sabiendo cuál era mi respuesta.
–Para nada. Ya sabés que yo no armo guerras. A lo sumo luchas cuerpo a cuerpo, pero…
En los últimos tiempos, cada tanto me cruzaba con Laura vía msn. Ella aparecía, me saludaba y yo respondía. Nadie obligaba a nada y las conversaciones parecían de dos extraños en ascensor hasta que nos pasábamos del tiempo aconsejado y terminaba en peligrosas peleítas o cortes abruptos y misteriosos.
Cada cual (intentaba) seguir con su vida y los caminos por separado estaban dando sus pasos. Ella parecía estar tranquila y yo buscaba que no me rompa las pelotas con movimientos bajo mis zapatos.
Y así estábamos compartiendo unos capus, hablando de nada en especial (clima, música, libros, etc.) hasta que noté ciertas frases por parte de ella que referían algo como las ganas de acercarse al sol.
Al preguntarle al respecto me di cuenta que era lo que ella estaba esperando desde que mintió sobre su paso casual por acá. Entonces, ahora que supuestamente yo había traído el tema, ella sonrió y dijo en un tono neutral y leve:
–Estoy conociendo a alguien que…
–¡Pará! –le dije haciendo un coitus interruptus de su frase-. Quizás no te hayas dado cuenta pero yo no soy tu amigo como para que me cuentes que estás por encamarte con alguien. Y si a esta “no amistad” le agregamos que entre nosotros hubo algo parecido al amor, tengo que pedirte que termines tu capuchino, guardes tu puñal, y te vayas a tu casa antes de que te dé una patada en ese hermoso culito que tenés.
El frío por la noche se hizo más frío.
Quizás sea por la hoja filosa de ese puñal que quisieron clavarme de frente, pero sin mirarme a los ojos.
De fondo, el disco blusero continuaba sonando al ritmo de mi corazón.
jueves, 2 de junio de 2011
235. ver para creer
Mi amiga Lorena es hermosa. Tiene unos ojos claros que te iluminan, unas curvas que te invitan a recorrerlas, una voz suave, una sonrisa deliciosa, y demás cualidades que hacen que me pregunte… ¿por qué somos amigos?
De todas maneras, la reflexión iba a que recordé una charla que mantuvimos la barra y en la que ella defendía su postura del sexo por amor, mientras la mayoría de nosotros (los hombres) exponíamos nuestra defensa del amor por el sexo.
Y fui yo el que le pregunté:
–¿Cómo podés diferenciar cuando un tipo se acerca a vos enamorado del que te quiere dar hasta el 30 de febrero?
–Por la mirada –contestó con su simpleza incorporada y su sonrisa infinita–. La mirada marca y dice mucho más de lo que se escucha.
Esta conversación me visitó anoche porque viví algunas situaciones a las que siento que les faltó mi mirada para que se comprendiera.
La primera tiene que ver con Rosa.
Más allá de la paranoia de que en cualquier momento entre por el balcón un grupo de asesinos a domicilio, tengo ganas de saber cómo se encuentra ella.
Fue por eso que busqué una antigua agenda (y que hace rato debería haber lanzado a algún fuego parrillero) porque recordé haber tenido alguna vez anotada a una amiga de ella. Y así encontré en la R a Romina y marqué el número que tenía dibujado al lado de su nombre.
Me presenté (sip, apenas terminé de decirle mi nombre se me ocurrió que podía ser ese un error fatal, pero ya estaba dicha la última letra) y ella me sorprendió con un:
–Me imaginé que en cualquier momento ibas a llamarme porque ya sé lo que pasó entre vos y Rosa.
–Bueno, te molesto nada más para saber si tenías noticias de ella.
–Está bien –me dijo en un tono cortante–, pese a lo que le hiciste.
–Hmmm… No tengo ganas de discutir pero me gustaría saber qué le hice.
–¿Te parece poco? Te encamaste con ella sabiendo que estaba casada.
–Ah, claro… Rosa me pidió que yo lo tenga presente ese dato por si ella se olvidaba, pero se ve que cuando me invitó a que la pasemos juntos, entre el vino y algunos orgasmos lo olvidamos.
Su respuesta fue una puteada y cortar la comunicación. Sin embargo rescaté el enterarme que ella estaba bien, y que mi mirada clavada en Romina hubiese ayudado a hacerle entender la ironía de que realmente me encontraba preocupado por su amiga.
La segunda situación fue una mirada de amor que no logré transmitir vía correo electrónico, pero este tema prefiero dejarlo para la próxima…
De todas maneras, la reflexión iba a que recordé una charla que mantuvimos la barra y en la que ella defendía su postura del sexo por amor, mientras la mayoría de nosotros (los hombres) exponíamos nuestra defensa del amor por el sexo.
Y fui yo el que le pregunté:
–¿Cómo podés diferenciar cuando un tipo se acerca a vos enamorado del que te quiere dar hasta el 30 de febrero?
–Por la mirada –contestó con su simpleza incorporada y su sonrisa infinita–. La mirada marca y dice mucho más de lo que se escucha.
Esta conversación me visitó anoche porque viví algunas situaciones a las que siento que les faltó mi mirada para que se comprendiera.
La primera tiene que ver con Rosa.
Más allá de la paranoia de que en cualquier momento entre por el balcón un grupo de asesinos a domicilio, tengo ganas de saber cómo se encuentra ella.
Fue por eso que busqué una antigua agenda (y que hace rato debería haber lanzado a algún fuego parrillero) porque recordé haber tenido alguna vez anotada a una amiga de ella. Y así encontré en la R a Romina y marqué el número que tenía dibujado al lado de su nombre.
Me presenté (sip, apenas terminé de decirle mi nombre se me ocurrió que podía ser ese un error fatal, pero ya estaba dicha la última letra) y ella me sorprendió con un:
–Me imaginé que en cualquier momento ibas a llamarme porque ya sé lo que pasó entre vos y Rosa.
–Bueno, te molesto nada más para saber si tenías noticias de ella.
–Está bien –me dijo en un tono cortante–, pese a lo que le hiciste.
–Hmmm… No tengo ganas de discutir pero me gustaría saber qué le hice.
–¿Te parece poco? Te encamaste con ella sabiendo que estaba casada.
–Ah, claro… Rosa me pidió que yo lo tenga presente ese dato por si ella se olvidaba, pero se ve que cuando me invitó a que la pasemos juntos, entre el vino y algunos orgasmos lo olvidamos.
Su respuesta fue una puteada y cortar la comunicación. Sin embargo rescaté el enterarme que ella estaba bien, y que mi mirada clavada en Romina hubiese ayudado a hacerle entender la ironía de que realmente me encontraba preocupado por su amiga.
La segunda situación fue una mirada de amor que no logré transmitir vía correo electrónico, pero este tema prefiero dejarlo para la próxima…
jueves, 26 de mayo de 2011
234. fecha patria (y humana)
Cris tiene una de esas mentes que lo asemejan a una agenda.
Y no porque tenga los nombres grabados en orden alfabético, sino porque tiene absolutamente todas las fechas de cumpleaños, citas, aniversarios, y hasta los horarios de su exagerada puntualidad.
A veces sospecho que es él quien se encuentra detrás de todos esos recordatorios de cumpleaños que hace el Face.
Y fue el martes a la noche cuando reunidos en lo de Sebas y tomando algo sin importar las consecuencias por tener el feriado nacional al otro día, en un momento me pregunta Cris:
–¿Qué vas a hacer mañana 25 de mayo?
¬–Dormir hasta tarde y no comer locro.
–¿Nada en especial? –repreguntó Cris haciéndome imaginar que algo se traía entre manos pero sin llegar a descubrirlo.
–Mañana seguramente hará más frío que hoy. Por lo tanto, a no ser que aparezca una mujer en mi cama y me destape por causa del inmenso calor provocado, no pienso asomar la nariz si el “sol del 25” no llega a los 30 grados.
Cris no dijo nada, pero su mirada me quería decir algo que no aguantaba guardar. Agarró una de las botellas de vino abierta, me sirvió en la copa y me llevó para un rincón alejado de los chicos.
–¿Qué pasa, Cris? A veces me asustás… –le dije con el tono de la broma ya algo borracha.
–Nada bolú, pero mañana es el cumpleaños de…
–¿De quién? –quise saber desconcertado y odiando esa pausa de mala película de misterio que a él le sale de manera natural.
Me clavó la mirada como arrepentido de lo que me iba a decir pero finalmente abrió la boca y escuché el dato que tenía…
–Mañana es el cumpleaños de Laura.
Obviamente que medio segundo antes de que Cris dijera lo que dijo, en el depto se había producido un silencio invasor, por lo que la data que me arrojó fue escuchada por todos.
Y así llegaron hacia mí palabras únicas, frases para nada célebres, consejos sin seguir, chistes malos, opiniones encontradas y vueltas a perder, pensamientos filosos, filosofía urbana, brindis sin sentidos, tragos “quitapenas”, aire de Buenos Aires, palpitaciones en cámara lenta, recuerdos relocos, dolores esdrújulos (ni agudos ni graves), cantares desafinados, huellas desteñidas, canciones sordas, escritos sin escribir, voces del más acá, sonrisas desalineadas, sesenta y nueve vidas en una, fríos sofocantes, abrazos lejanos, curvas peligrosas, freno de mano con los dientes, caricias fantasmales, aullidos de medianoche, caza de brujas, seres voladores, luna llena en su cara oculta, teclado vivo, paredes que hablan, techos que observan, marcas en los espejos, señales de emergencia.
–¿Y, qué vas a hacer? ¬–me preguntaron.
–Desearle un feliz cumpleaños, como corresponde –respondí antes de irme a algún lugar.
Y no porque tenga los nombres grabados en orden alfabético, sino porque tiene absolutamente todas las fechas de cumpleaños, citas, aniversarios, y hasta los horarios de su exagerada puntualidad.
A veces sospecho que es él quien se encuentra detrás de todos esos recordatorios de cumpleaños que hace el Face.
Y fue el martes a la noche cuando reunidos en lo de Sebas y tomando algo sin importar las consecuencias por tener el feriado nacional al otro día, en un momento me pregunta Cris:
–¿Qué vas a hacer mañana 25 de mayo?
¬–Dormir hasta tarde y no comer locro.
–¿Nada en especial? –repreguntó Cris haciéndome imaginar que algo se traía entre manos pero sin llegar a descubrirlo.
–Mañana seguramente hará más frío que hoy. Por lo tanto, a no ser que aparezca una mujer en mi cama y me destape por causa del inmenso calor provocado, no pienso asomar la nariz si el “sol del 25” no llega a los 30 grados.
Cris no dijo nada, pero su mirada me quería decir algo que no aguantaba guardar. Agarró una de las botellas de vino abierta, me sirvió en la copa y me llevó para un rincón alejado de los chicos.
–¿Qué pasa, Cris? A veces me asustás… –le dije con el tono de la broma ya algo borracha.
–Nada bolú, pero mañana es el cumpleaños de…
–¿De quién? –quise saber desconcertado y odiando esa pausa de mala película de misterio que a él le sale de manera natural.
Me clavó la mirada como arrepentido de lo que me iba a decir pero finalmente abrió la boca y escuché el dato que tenía…
–Mañana es el cumpleaños de Laura.
Obviamente que medio segundo antes de que Cris dijera lo que dijo, en el depto se había producido un silencio invasor, por lo que la data que me arrojó fue escuchada por todos.
Y así llegaron hacia mí palabras únicas, frases para nada célebres, consejos sin seguir, chistes malos, opiniones encontradas y vueltas a perder, pensamientos filosos, filosofía urbana, brindis sin sentidos, tragos “quitapenas”, aire de Buenos Aires, palpitaciones en cámara lenta, recuerdos relocos, dolores esdrújulos (ni agudos ni graves), cantares desafinados, huellas desteñidas, canciones sordas, escritos sin escribir, voces del más acá, sonrisas desalineadas, sesenta y nueve vidas en una, fríos sofocantes, abrazos lejanos, curvas peligrosas, freno de mano con los dientes, caricias fantasmales, aullidos de medianoche, caza de brujas, seres voladores, luna llena en su cara oculta, teclado vivo, paredes que hablan, techos que observan, marcas en los espejos, señales de emergencia.
–¿Y, qué vas a hacer? ¬–me preguntaron.
–Desearle un feliz cumpleaños, como corresponde –respondí antes de irme a algún lugar.
miércoles, 18 de mayo de 2011
233. vendrá la muerte y tendrá tus ojos
Es conocida, o por lo menos yo la conozco, la historia sobre el tipo que quiere escaparse de La Muerte, sin saber-imaginar lo implacable que es esta.
El hombre se entera que La Muerte lo viene a buscar y se va a otro pueblo intentando alejarse de ella. Sin embargo, La Muerte siempre consigue saber dónde está y así va a en su búsqueda.
Tres, cuatro, cinco pueblos, demasiados kilómetros, y el cansancio físico y mental del escape que no logra a realizarse del todo, hace que el hombre decida quedarse en el último pueblo al que llegó, pero esta vez disfrazado de vieja.
La Muerte llega con su paso implacable al pueblo donde sabía que se encontraba su víctima, pero otra vez no lo encuentra.
Ya algo malhumorada y con la herida en su orgullo decide dejarlo ir, seguir con su vida, aunque no va a volver a su oscura morada con las manos vacías, por lo que mira a su alrededor y ve a una viejita a lo lejos y mientras se acerca clavándole la mirada se dice:
–Y bueno, por lo menos me llevo a esta viejita que, además de ser fea, seguramente ya vivió lo suficiente.
Este cuento viene a colación porque con todas las medidas de precaución que había tomado, con todo lo que evité en estos últimos días el estar demasiado tiempo en la calle, o, con la excusa del frío, no asomarme ni estar en el balcón (sí, tengo las imágenes exactas de algunas pelis sobre francotiradores), fue imposible el escape, no de la muerte, pero sí de alguien que puede que tenga cierta sociedad con ella.
Estaba a unas cuadras de casa y entré a un kiosco a comprar puchos, mis Gitanes, cuando escucho a un hombre trajeado y sonrisa deformada que con vos gruesa y calma me dice:
–Fumar te puede hacer mal… muy mal.
–Gracias por la info ¬–contesté imaginando que las palabras del tipo significaban algo más que lo que me dijo, por lo que agregué–: Igual son para un amigo.
Salí del kiosco con paso triplemente apurado pero una mano fuerte me tomó del brazo y la misma voz con el mismo tono me acercó otro consejo:
–Decile a tu amigo, el fumador de Gitanes, que si se acerca una vez más a “la flor” que él ya conoce, puede que deje de fumar… de una manera abrupta.
–Ok, yo le paso el mensaje –alcancé a decir entre el ruido que hacían mis rodillas al chocarse entre sí por el temblequeo.
No sé cómo llegué a casa, como logré meter la llave en la puerta, pero puedo asegurar que la “advertencia” hizo su efecto porque ahora, cada vez que tengo que pasar cerca de una florería, me cruzo de vereda.
No quiero rosas en mi funeral… ni en lo que me quede de vida!!!
El hombre se entera que La Muerte lo viene a buscar y se va a otro pueblo intentando alejarse de ella. Sin embargo, La Muerte siempre consigue saber dónde está y así va a en su búsqueda.
Tres, cuatro, cinco pueblos, demasiados kilómetros, y el cansancio físico y mental del escape que no logra a realizarse del todo, hace que el hombre decida quedarse en el último pueblo al que llegó, pero esta vez disfrazado de vieja.
La Muerte llega con su paso implacable al pueblo donde sabía que se encontraba su víctima, pero otra vez no lo encuentra.
Ya algo malhumorada y con la herida en su orgullo decide dejarlo ir, seguir con su vida, aunque no va a volver a su oscura morada con las manos vacías, por lo que mira a su alrededor y ve a una viejita a lo lejos y mientras se acerca clavándole la mirada se dice:
–Y bueno, por lo menos me llevo a esta viejita que, además de ser fea, seguramente ya vivió lo suficiente.
Este cuento viene a colación porque con todas las medidas de precaución que había tomado, con todo lo que evité en estos últimos días el estar demasiado tiempo en la calle, o, con la excusa del frío, no asomarme ni estar en el balcón (sí, tengo las imágenes exactas de algunas pelis sobre francotiradores), fue imposible el escape, no de la muerte, pero sí de alguien que puede que tenga cierta sociedad con ella.
Estaba a unas cuadras de casa y entré a un kiosco a comprar puchos, mis Gitanes, cuando escucho a un hombre trajeado y sonrisa deformada que con vos gruesa y calma me dice:
–Fumar te puede hacer mal… muy mal.
–Gracias por la info ¬–contesté imaginando que las palabras del tipo significaban algo más que lo que me dijo, por lo que agregué–: Igual son para un amigo.
Salí del kiosco con paso triplemente apurado pero una mano fuerte me tomó del brazo y la misma voz con el mismo tono me acercó otro consejo:
–Decile a tu amigo, el fumador de Gitanes, que si se acerca una vez más a “la flor” que él ya conoce, puede que deje de fumar… de una manera abrupta.
–Ok, yo le paso el mensaje –alcancé a decir entre el ruido que hacían mis rodillas al chocarse entre sí por el temblequeo.
No sé cómo llegué a casa, como logré meter la llave en la puerta, pero puedo asegurar que la “advertencia” hizo su efecto porque ahora, cada vez que tengo que pasar cerca de una florería, me cruzo de vereda.
No quiero rosas en mi funeral… ni en lo que me quede de vida!!!
miércoles, 11 de mayo de 2011
232. seguir viviendo sin tu amor
Hace dos, tres, cuatro noches que vengo teniendo sueños intensos, ininterrumpidos, variados (todos sexuales).
Imágenes inconscientes de pasados gloriosos, de presentes fortuitos, de futuros inimaginables.
Pero anoche algo extraño sucedió…
Me encontraba profundamente dormido y mis visiones nocturnas todavía no se habían hecho presente, cuando un sonido agudo en mitad de la noche-madrugada, me hizo abrir los ojos. Y ahí, en la oscuridad, estaba brillando la luz el celular indicando que me había llegado un mensaje.
Lo tomé con tranquilidad porque se sabe que las noticias horrendas llegan a esta hora, pero nadie te manda un mensajito para advertirte que está por caer un meteorito descomunal, y sin embargo…
El reloj decía que eran las 4.35, y que el mensaje era de Rosa.
Me reí imaginando el mensaje hot, y también la insulté por lo bajo (sin perder la sonrisa) por haberme hecho partícipe de su insomnio, pero todo se desdibujó cuando, por fin, leí el mensaje de texto.
“No respondas ningún mensaje ni llamado que te llegue de mi parte.
Mi marido me descubrió y estoy en problemas.
Y vos no sé…”
5.10 de la mañana.
Estoy tomando un capuchino en el silencio tenso de este nuevo día.
Y remarco lo del ambiente tenso porque no me olvido que el marido de Rosa es un político de múltiples conexiones, un embajador del carajo, y que se mueve por el mundo demasiado acompañado y dejando detrás suyo a su custodia personal.
¿Se convertirán estos en asesinos a (muy buen) sueldo?
¿Mis dos cabezas tendrán un precio en euros?
¿Me pincharán el celular y a mí también para hacerme confesar?
¿Lo harán parecer un accidente?
¿Ahora que no está más Osama, seré yo el que se convierta en el hombre más buscado?
9.25. Tengo que salir a la ciudad y no tengo ganas.
Agradezco que haya un poco de sol para poder enfundarme en mis lentes oscuros.
Agradezco que esté apenas fresco para poder levantarme el cuello de una campera fina.
Agradezco no haberme afeitado el lunes.
Agradezco que sean ya casi las 10 de la mañana y seguir respirando.
Imágenes inconscientes de pasados gloriosos, de presentes fortuitos, de futuros inimaginables.
Pero anoche algo extraño sucedió…
Me encontraba profundamente dormido y mis visiones nocturnas todavía no se habían hecho presente, cuando un sonido agudo en mitad de la noche-madrugada, me hizo abrir los ojos. Y ahí, en la oscuridad, estaba brillando la luz el celular indicando que me había llegado un mensaje.
Lo tomé con tranquilidad porque se sabe que las noticias horrendas llegan a esta hora, pero nadie te manda un mensajito para advertirte que está por caer un meteorito descomunal, y sin embargo…
El reloj decía que eran las 4.35, y que el mensaje era de Rosa.
Me reí imaginando el mensaje hot, y también la insulté por lo bajo (sin perder la sonrisa) por haberme hecho partícipe de su insomnio, pero todo se desdibujó cuando, por fin, leí el mensaje de texto.
“No respondas ningún mensaje ni llamado que te llegue de mi parte.
Mi marido me descubrió y estoy en problemas.
Y vos no sé…”
5.10 de la mañana.
Estoy tomando un capuchino en el silencio tenso de este nuevo día.
Y remarco lo del ambiente tenso porque no me olvido que el marido de Rosa es un político de múltiples conexiones, un embajador del carajo, y que se mueve por el mundo demasiado acompañado y dejando detrás suyo a su custodia personal.
¿Se convertirán estos en asesinos a (muy buen) sueldo?
¿Mis dos cabezas tendrán un precio en euros?
¿Me pincharán el celular y a mí también para hacerme confesar?
¿Lo harán parecer un accidente?
¿Ahora que no está más Osama, seré yo el que se convierta en el hombre más buscado?
9.25. Tengo que salir a la ciudad y no tengo ganas.
Agradezco que haya un poco de sol para poder enfundarme en mis lentes oscuros.
Agradezco que esté apenas fresco para poder levantarme el cuello de una campera fina.
Agradezco no haberme afeitado el lunes.
Agradezco que sean ya casi las 10 de la mañana y seguir respirando.
jueves, 5 de mayo de 2011
231. otros mundos
Este fin de semana último el mundo tuvo su cóctel de mezclas mortales con la insoportable boda real, la beatificación de Juan Pablo II, la muerte de Sábato, y el asesinato de Bin Laden ordenado por el último Nobel de la Paz.
Llevado a un caso más particular y personal, yo llevo dos o tres noches sin dormir del todo a causa de un cóctel de pensamientos y reflexiones que, quizás, también tenga que ver con los acontecimientos de mi fin de semana.
Y más allá de que hace poco cumplí años, recordé una época no tan lejana en que había situaciones de la vida cotidiana que, para bien o para mal, eran extremadamente diferentes a las de hoy.
Por ejemplo, recuerdo una novia que tuve de nombre Verónica…
Anduvimos juntos seis meses, pero de una intensidad exagerada.
(obviamente me refiero al sexo, más allá del amor que nos podíamos tener)
La cuestión es que un día se le ocurrió irse a visitar a los padres que vivían demasiado al sur y nunca más regresó, dejando de este lado un frío mucho mayor que el de aquellas tierras.
Hubo un llamado demasiado lejano anunciando que había decidido no regresar a Buenos Aires… ni a mí, y eso fue lo último que supe de ella.
Es decir, ella me abandonó en un mundo real donde el mundo 2.0 no existía, y por consiguiente:
No aparecieron fotos etiquetadas donde mirarla…
No había frases indirectas con tiro directo…
No hubo solicitudes estúpidas de amistades…
No había manera de seguirme con la excusa de escrituras…
No había cómo atraparme y observarme a través de redes sociales…
Ella me dejó en un mundo que lo único que tenía de loco era el girar en continuado.
Hace poco Laura leyó algo que yo había escrito por alguna parte, y pese a no estar con ella, explotó en un ataque furioso-ciego-salvaje de celos.
De nada sirvió explicarle que se trataba de un juego de palabras con los que acostumbro a divertirme. Y en su envión de instinto asesino me escribió palabras autografiadas que fueron golpes duros y bajos en forma de aguijones venenosos directos a las bolas.
Después de esto, me quitó, me eliminó, me borró de varios lugares que compartíamos, pero a veces nos cruzamos sin querer queriendo por personas en común.
Y sé que seguramente leerá esto y me largue una nueva puteada por los talones, pero el mundo 2.0 permite mantener contacto con personas lejanas, pero no dice nada sobre una despedida de verdad, como la que me regaló Verónica, y no como esta tan dolorosa que me está dando (y ya me dio) Laura.
Llevado a un caso más particular y personal, yo llevo dos o tres noches sin dormir del todo a causa de un cóctel de pensamientos y reflexiones que, quizás, también tenga que ver con los acontecimientos de mi fin de semana.
Y más allá de que hace poco cumplí años, recordé una época no tan lejana en que había situaciones de la vida cotidiana que, para bien o para mal, eran extremadamente diferentes a las de hoy.
Por ejemplo, recuerdo una novia que tuve de nombre Verónica…
Anduvimos juntos seis meses, pero de una intensidad exagerada.
(obviamente me refiero al sexo, más allá del amor que nos podíamos tener)
La cuestión es que un día se le ocurrió irse a visitar a los padres que vivían demasiado al sur y nunca más regresó, dejando de este lado un frío mucho mayor que el de aquellas tierras.
Hubo un llamado demasiado lejano anunciando que había decidido no regresar a Buenos Aires… ni a mí, y eso fue lo último que supe de ella.
Es decir, ella me abandonó en un mundo real donde el mundo 2.0 no existía, y por consiguiente:
No aparecieron fotos etiquetadas donde mirarla…
No había frases indirectas con tiro directo…
No hubo solicitudes estúpidas de amistades…
No había manera de seguirme con la excusa de escrituras…
No había cómo atraparme y observarme a través de redes sociales…
Ella me dejó en un mundo que lo único que tenía de loco era el girar en continuado.
Hace poco Laura leyó algo que yo había escrito por alguna parte, y pese a no estar con ella, explotó en un ataque furioso-ciego-salvaje de celos.
De nada sirvió explicarle que se trataba de un juego de palabras con los que acostumbro a divertirme. Y en su envión de instinto asesino me escribió palabras autografiadas que fueron golpes duros y bajos en forma de aguijones venenosos directos a las bolas.
Después de esto, me quitó, me eliminó, me borró de varios lugares que compartíamos, pero a veces nos cruzamos sin querer queriendo por personas en común.
Y sé que seguramente leerá esto y me largue una nueva puteada por los talones, pero el mundo 2.0 permite mantener contacto con personas lejanas, pero no dice nada sobre una despedida de verdad, como la que me regaló Verónica, y no como esta tan dolorosa que me está dando (y ya me dio) Laura.
jueves, 28 de abril de 2011
230. maldita burocracia
En lo único que puedo decir que fui previsor fue en el de andar con registro de conducir sin tener auto. Y es que nunca se sabe quién puede estar más borracho que uno y motorizado.
La cuestión es que la conversación surgió y fue Sergio el que sacó de su billetera la nueva licencia de conducir con formato de tarjeta de crédito. Cuando fui a mostrar mi “tarjetón amarillo” para compararlo me dijo:
–No sólo quedó fuera de moda, sino que además está vencido.
–¿Vencido? ¿De dónde sacaste eso? –pregunté desconcertado.
–Exactamente de acá abajo donde dice “fecha de vencimiento: 7 de octubre de 2010”.
La cosa es que el otro día conseguí el turno para hoy bien temprano. A las 8.15 de la mañana tenía que estar ahí para sacar un registro nuevo y padecer de los exámenes y demás burocracias.
Al llegar al lugar me acerqué al primer mostrador y el tipo que “atendía”, de muy mala manera, me mandó a pagar no sé qué cosa.
–Pero yo quería saber primero si…
–Antes tenés que ir a la caja y pagar…
–Tengo el turno de…
–Andá a pagar primero!
–Andá a cagar vos después! –dije en un tono para que no me escuche.
Cuando vuelvo con los recibos, trato que me atienda su compañero de tortura, pero este era peor en el (mal)trato con todas las personas que andaban ahí en búsqueda del registro.
–Sacate fotocopia de las dos páginas del DNI y después vení.
Tuve que salir del lugar, buscar un perro kiosco y que el de la fotocopiadora me “aconsejara” que saque también copia de la página donde está el cambio de domicilio.
–Pero no me mudé.
–Hace como quieras, pero te lo van a pedir igual.
Regresé con todas las copias, y esperé a que me dieran bola y recibieran mis papeleríos.
Una hora después me llamaron y pasé a una oficina improvisada donde me sacaron una foto, pasé mis dedos índices por una maquinita, y firmé electrónicamente. Cuando se estaba por imprimir todo… ¡¡¡Se cortó la luz!!!
–No se sabe cuando vuelve la electricidad así que venite mañana a la misma hora.
Me fui puteando a todos en la oscuridad del lugar y sabiendo que además de perder el tiempo y ponerme de malhumor, lo peor no es que mañana tenga que volver a ese lugar, sino que no había una sola mujer linda que le pusiera vida al día de hoy.
La cuestión es que la conversación surgió y fue Sergio el que sacó de su billetera la nueva licencia de conducir con formato de tarjeta de crédito. Cuando fui a mostrar mi “tarjetón amarillo” para compararlo me dijo:
–No sólo quedó fuera de moda, sino que además está vencido.
–¿Vencido? ¿De dónde sacaste eso? –pregunté desconcertado.
–Exactamente de acá abajo donde dice “fecha de vencimiento: 7 de octubre de 2010”.
La cosa es que el otro día conseguí el turno para hoy bien temprano. A las 8.15 de la mañana tenía que estar ahí para sacar un registro nuevo y padecer de los exámenes y demás burocracias.
Al llegar al lugar me acerqué al primer mostrador y el tipo que “atendía”, de muy mala manera, me mandó a pagar no sé qué cosa.
–Pero yo quería saber primero si…
–Antes tenés que ir a la caja y pagar…
–Tengo el turno de…
–Andá a pagar primero!
–Andá a cagar vos después! –dije en un tono para que no me escuche.
Cuando vuelvo con los recibos, trato que me atienda su compañero de tortura, pero este era peor en el (mal)trato con todas las personas que andaban ahí en búsqueda del registro.
–Sacate fotocopia de las dos páginas del DNI y después vení.
Tuve que salir del lugar, buscar un perro kiosco y que el de la fotocopiadora me “aconsejara” que saque también copia de la página donde está el cambio de domicilio.
–Pero no me mudé.
–Hace como quieras, pero te lo van a pedir igual.
Regresé con todas las copias, y esperé a que me dieran bola y recibieran mis papeleríos.
Una hora después me llamaron y pasé a una oficina improvisada donde me sacaron una foto, pasé mis dedos índices por una maquinita, y firmé electrónicamente. Cuando se estaba por imprimir todo… ¡¡¡Se cortó la luz!!!
–No se sabe cuando vuelve la electricidad así que venite mañana a la misma hora.
Me fui puteando a todos en la oscuridad del lugar y sabiendo que además de perder el tiempo y ponerme de malhumor, lo peor no es que mañana tenga que volver a ese lugar, sino que no había una sola mujer linda que le pusiera vida al día de hoy.
viernes, 22 de abril de 2011
229. primeros regalitos...
Suena el timbre y me parece extraño (o quizás no) por más que sean las 2.35 de la mañana, según el reloj cucú que nunca tuve. Abro la puerta y Laura con una sonrisa que conozco y reconozco.
–¿Qué hacés acá? ¿Pasó algo? –le pregunto desconcertado.
–No, todavía no pasó nada… pero va a pasar –me dice y un segundo antes de un beso frenético, interminable, delicioso, me informa– porque este va a ser mi regalo de cumpleaños.
Un aire misterioso nos levantó por los aires al mismo tiempo que yo le levantaba la pollera.
La cama nos recibió amortiguando la caída y acentuando los posteriores movimientos saludables.
Cuando el temblor terminó, ella se fue al baño y yo me quedé desarmado sobre la cama desarreglada cuando siento una presencia extraña…
Sin estar borracho ni alucinado, siento a alguien más en la habitación que no se deja ver pero que se deja sentir de una manera tal que me pone en guardia en seguida y logra hacerme desarmar sobre una (su) espalda invisible.
Pasó demasiado tiempo y con las piernas algo flojas me levanto al baño en busca de Laura pero ella ya no está, ya se fue repentinamente como es su costumbre.
De todas maneras las preguntas son interrumpidas por tres golpes secos en la puerta. Abro con la seguridad de que sea ella, pero no. Es la seguridad. Es decir… la policía.
Ok, una policía demasiado linda que me está por hacer una especie de multa por “ruidos molestos”.
–¿Qué ruidos si no hay ni música de fondo? –protesto yo.
–No te hagas el boludo que sabés a qué ruidos me refiero –me gritó con autoridad.
–No, no sé… ¿Me querés explicar? –le contesté y pregunté poniéndome en rebelde.
–Los que vamos a hacer cuando te espose a la cama –dijo mientras me empujaba hacia la habitación.
No sé porqué pero confieso que me dio miedo (sobre todo viendo el machete rosa que traía colgando a su costado) y al querer escaparme me sorprendió-alivió-desconcertó ver dentro del depto a Fernanda.
–¿Cómo entraste? ¿Qué estás haciendo acá?
–Vine a ver si estabas bien con el regalito que te mandé…
–¿Vos me “regalaste” a la policía? ¿Para qué? –pregunté sabiendo que sonaba tan estúpida mi pregunta.
–Para que la disfrutemos los dos –me contestó dejando sus pechos contra mis ojos.
Y fue el sonido del celular sonando con insistencia lo que hizo que sacara los ojos de esa oscuridad hermosa y encontrarme en la habitación con la cama apenas desordenada y sin más huellas que la almohada perdida.
Atiendo el llamado y del otro lado de la línea una voz masculina me grita:
–Feliz cumpleaños, Gastoncito!!! ¿Cómo la estás pasando?
–La estaba pasando más que bien hasta que me despertaste, laputaquetereparió!!!
Y así comencé mi happy cumple…
–¿Qué hacés acá? ¿Pasó algo? –le pregunto desconcertado.
–No, todavía no pasó nada… pero va a pasar –me dice y un segundo antes de un beso frenético, interminable, delicioso, me informa– porque este va a ser mi regalo de cumpleaños.
Un aire misterioso nos levantó por los aires al mismo tiempo que yo le levantaba la pollera.
La cama nos recibió amortiguando la caída y acentuando los posteriores movimientos saludables.
Cuando el temblor terminó, ella se fue al baño y yo me quedé desarmado sobre la cama desarreglada cuando siento una presencia extraña…
Sin estar borracho ni alucinado, siento a alguien más en la habitación que no se deja ver pero que se deja sentir de una manera tal que me pone en guardia en seguida y logra hacerme desarmar sobre una (su) espalda invisible.
Pasó demasiado tiempo y con las piernas algo flojas me levanto al baño en busca de Laura pero ella ya no está, ya se fue repentinamente como es su costumbre.
De todas maneras las preguntas son interrumpidas por tres golpes secos en la puerta. Abro con la seguridad de que sea ella, pero no. Es la seguridad. Es decir… la policía.
Ok, una policía demasiado linda que me está por hacer una especie de multa por “ruidos molestos”.
–¿Qué ruidos si no hay ni música de fondo? –protesto yo.
–No te hagas el boludo que sabés a qué ruidos me refiero –me gritó con autoridad.
–No, no sé… ¿Me querés explicar? –le contesté y pregunté poniéndome en rebelde.
–Los que vamos a hacer cuando te espose a la cama –dijo mientras me empujaba hacia la habitación.
No sé porqué pero confieso que me dio miedo (sobre todo viendo el machete rosa que traía colgando a su costado) y al querer escaparme me sorprendió-alivió-desconcertó ver dentro del depto a Fernanda.
–¿Cómo entraste? ¿Qué estás haciendo acá?
–Vine a ver si estabas bien con el regalito que te mandé…
–¿Vos me “regalaste” a la policía? ¿Para qué? –pregunté sabiendo que sonaba tan estúpida mi pregunta.
–Para que la disfrutemos los dos –me contestó dejando sus pechos contra mis ojos.
Y fue el sonido del celular sonando con insistencia lo que hizo que sacara los ojos de esa oscuridad hermosa y encontrarme en la habitación con la cama apenas desordenada y sin más huellas que la almohada perdida.
Atiendo el llamado y del otro lado de la línea una voz masculina me grita:
–Feliz cumpleaños, Gastoncito!!! ¿Cómo la estás pasando?
–La estaba pasando más que bien hasta que me despertaste, laputaquetereparió!!!
Y así comencé mi happy cumple…
miércoles, 20 de abril de 2011
228. pequeña salida enorme
Ayer creí que iba a ser un día más complicado, sin embargo pude hacerme de tiempo para pasar a buscar a Tami por el cole y de ahí directo a clavarnos unas hamburguesas completitas en lo del Tío Mc., como le tenía prometido.
–Tío, ¿qué querés que te regale para tu cumple? –me preguntó sorpresivamente.
–¿Por? ¿Cuándo es?
–El viernes, y tengo 12 pesos que ahorré para hacerte un regalo. ¿Vos qué queres?
–Y no sé… Con esos 12 pesos quizás nos podríamos ir dos semanas a Disney o comprar media docena de alfajores Jorgito.
Pese a su corta edad, a Tami no le gustó mi respuesta irónica, y muy seria me dijo:
–Yo pensé en algún libro sobre príncipes y dragones que son lindos y que me lo podrías leer una noche para dormirme. O comprarte una entrada para que vayas conmigo a ver la peli “Río” que es nueva y dicen que está relinda.
–Bueno, dejame que piense qué quiero y después te digo, ¿te parece?
Le estábamos dando el último sorbo a la gaseosa gigante cuando apareció Ana por el patio de comidas.
–Hola hijita, hola hermanito. ¿Cómo están?
–Mami, ¿me puedo ir hoy a dormir a lo del tío?
–Mañana tenés cole, Tami. Lo dejamos para otro día –le contestó Ana.
–Pero mamá –protestó mi amada sobrina– otro día es el cumpleaños del tío y ya no se puede porque es prohibido para menores.
Aguantando la risa que me provocó la exacta ocurrencia de Tami, me levanté y dije:
–Ana, me voy con Tami a buscar y a disfrutar de mi regalo cumpleañero por adelantado. Después la llevo para tu casa.
Y dicho esto, nos fuimos con Tami a ponernos los anteojos 3D y a disfrutar de “Río”, la nueva peli animada.
A la salida, y ya yendo para la casa, pasamos por una librería y compramos un libro sobre dragones pero sin príncipes, lo cual lo hace más creíble.
Al darle un beso de despedida a Tami y yo por volverme para el depto, me dijo:
–Tío, fue el regalo por adelantado más lindo de tu cumpleaños –y me llenó de besos los cachetes y la nariz.
Y yo me fui feliz de la vida, silbando bajito, habiendo disfrutado con Tami de esta salida privada, familiar y apta para todo público.
Ya más cercano al finde, veremos qué otra clase de regalito puedo llegar a recibir…
–Tío, ¿qué querés que te regale para tu cumple? –me preguntó sorpresivamente.
–¿Por? ¿Cuándo es?
–El viernes, y tengo 12 pesos que ahorré para hacerte un regalo. ¿Vos qué queres?
–Y no sé… Con esos 12 pesos quizás nos podríamos ir dos semanas a Disney o comprar media docena de alfajores Jorgito.
Pese a su corta edad, a Tami no le gustó mi respuesta irónica, y muy seria me dijo:
–Yo pensé en algún libro sobre príncipes y dragones que son lindos y que me lo podrías leer una noche para dormirme. O comprarte una entrada para que vayas conmigo a ver la peli “Río” que es nueva y dicen que está relinda.
–Bueno, dejame que piense qué quiero y después te digo, ¿te parece?
Le estábamos dando el último sorbo a la gaseosa gigante cuando apareció Ana por el patio de comidas.
–Hola hijita, hola hermanito. ¿Cómo están?
–Mami, ¿me puedo ir hoy a dormir a lo del tío?
–Mañana tenés cole, Tami. Lo dejamos para otro día –le contestó Ana.
–Pero mamá –protestó mi amada sobrina– otro día es el cumpleaños del tío y ya no se puede porque es prohibido para menores.
Aguantando la risa que me provocó la exacta ocurrencia de Tami, me levanté y dije:
–Ana, me voy con Tami a buscar y a disfrutar de mi regalo cumpleañero por adelantado. Después la llevo para tu casa.
Y dicho esto, nos fuimos con Tami a ponernos los anteojos 3D y a disfrutar de “Río”, la nueva peli animada.
A la salida, y ya yendo para la casa, pasamos por una librería y compramos un libro sobre dragones pero sin príncipes, lo cual lo hace más creíble.
Al darle un beso de despedida a Tami y yo por volverme para el depto, me dijo:
–Tío, fue el regalo por adelantado más lindo de tu cumpleaños –y me llenó de besos los cachetes y la nariz.
Y yo me fui feliz de la vida, silbando bajito, habiendo disfrutado con Tami de esta salida privada, familiar y apta para todo público.
Ya más cercano al finde, veremos qué otra clase de regalito puedo llegar a recibir…
viernes, 15 de abril de 2011
227. 10 en 8
Ayer fue el cumpleaños de Cris.
Obviamente que me acordé, pero lo que no pude fue ocuparme del regalo por razones conocidas.
De todas maneras tengo muy en claro que Cris es una de las personas a la que más me cuesta encontrarle el regalo adecuado.
Puedo asegurar que solamente la pegamos la vez que, entre todos, le obsequiamos el viaje a Brasil y su estadía.
Claro que ese regalo nos incluía y lo festejamos allá como corresponde, jejeje…
La cuestión es que pasé a buscar a Sebas para ir juntos a lo del cumpleañeros y, mientras íbamos para allá me dijo:
–Cuando le demos el regalo a Cris, se muere e la emoción.
–¿Más que con aquel viajecito? –pregunté desconfiado.
–Lo elegimos con Pablo –me aclaró–, y la verdad es que es una locura.
–¿De qué se trata? –quise saber con la curiosidad a flor de piel.
–De un “10 en 8” –me contestó con una risa entre pícara y cómplice.
–¿”10 en 8”? Seguro es algo sexual, no?
–Depende de él –me dijo Sebas con tono enigmático.
Cuando llegamos a lo de Cris, alcancé a ver los ojos desorbitados de Pablo queriendo ya entregar el regalo en nombre de todos.
Después de los saludos y de servirnos unas copas de buen vino, fue el propio Pablito quien empezó el discurso, entre risas y gestos exagerados, sobre el significado de la amistad y el regalo apropiado.
Hasta que finalmente, le entregó en nombre de todos nosotros, una tarjeta para asistir al “10 en 8”, también conocido como el “Speed Dating”.
–Gracias –dijo Cris y enseguida preguntó–, pero ¿qué es esto?
Obviamente la mayoría quisimos saber más sobre el lugar al que Cris ya había aceptado asistir ciegamente, y todos frente al monitor más cercano, nos pusimos a leer y a informarnos sobre el lugar en cuestión.
Y fue ahí donde nos encontramos con la explicación exacta, y que según parece es una organización que te garantiza, por medio de un estudio realizado previamente y después de que el interesado, en este caso Cris, entregue algunos datos personales, la oportunidad de tener 10 citas de 8 minutos de duración cada una.
–Che, y estas citas tan veloces… ¿no pueden hacer que te conviertas en un eyaculador precoz? –le pregunté divertido a Cris, a lo que este me respondió con su inocente honestidad brutal:
–A esta altura, y después de tanto tiempo… ¿qué carajos me importa?
Obviamente que me acordé, pero lo que no pude fue ocuparme del regalo por razones conocidas.
De todas maneras tengo muy en claro que Cris es una de las personas a la que más me cuesta encontrarle el regalo adecuado.
Puedo asegurar que solamente la pegamos la vez que, entre todos, le obsequiamos el viaje a Brasil y su estadía.
Claro que ese regalo nos incluía y lo festejamos allá como corresponde, jejeje…
La cuestión es que pasé a buscar a Sebas para ir juntos a lo del cumpleañeros y, mientras íbamos para allá me dijo:
–Cuando le demos el regalo a Cris, se muere e la emoción.
–¿Más que con aquel viajecito? –pregunté desconfiado.
–Lo elegimos con Pablo –me aclaró–, y la verdad es que es una locura.
–¿De qué se trata? –quise saber con la curiosidad a flor de piel.
–De un “10 en 8” –me contestó con una risa entre pícara y cómplice.
–¿”10 en 8”? Seguro es algo sexual, no?
–Depende de él –me dijo Sebas con tono enigmático.
Cuando llegamos a lo de Cris, alcancé a ver los ojos desorbitados de Pablo queriendo ya entregar el regalo en nombre de todos.
Después de los saludos y de servirnos unas copas de buen vino, fue el propio Pablito quien empezó el discurso, entre risas y gestos exagerados, sobre el significado de la amistad y el regalo apropiado.
Hasta que finalmente, le entregó en nombre de todos nosotros, una tarjeta para asistir al “10 en 8”, también conocido como el “Speed Dating”.
–Gracias –dijo Cris y enseguida preguntó–, pero ¿qué es esto?
Obviamente la mayoría quisimos saber más sobre el lugar al que Cris ya había aceptado asistir ciegamente, y todos frente al monitor más cercano, nos pusimos a leer y a informarnos sobre el lugar en cuestión.
Y fue ahí donde nos encontramos con la explicación exacta, y que según parece es una organización que te garantiza, por medio de un estudio realizado previamente y después de que el interesado, en este caso Cris, entregue algunos datos personales, la oportunidad de tener 10 citas de 8 minutos de duración cada una.
–Che, y estas citas tan veloces… ¿no pueden hacer que te conviertas en un eyaculador precoz? –le pregunté divertido a Cris, a lo que este me respondió con su inocente honestidad brutal:
–A esta altura, y después de tanto tiempo… ¿qué carajos me importa?
martes, 12 de abril de 2011
226. luis
Hoy (hace un rato) se fue Luis.
Se fue a ese lugar donde ya no le dolerá más el cuerpo, y se reencontrará con otros seres queridos.
Ayer quedó en un limbo de inconsciencia y recién esta mañana su corazón dijo basta. Pero con el orgullo de haberle dado batalla hasta el final.
No fue mi amigo, pero en su momento nos dimos una mano mutua y de alguna manera eso nos unió demasiado.
Aunque hubo desuniones cuando esos demasiados kms recorridos juntos y a diario, y me sacaba la radio de mis amores para poner a su Julio Iglesias de sus extraños amores.
Y me retaba demasiado ante algún pucho encendido a escondidas, pero no dejaba que nadie le dijera nada ante la tonelada de chimichurri en su puesto de choripán predilecto.
Y las velocidades a las que quería ir mientras chocaba con mi tranquilidad para igual llegar a tiempo.
Ya no importa… O sí.
En estos casos (y en algunos otros de extrañamientos agudos, si se quiere) quedan los mejores recuerdos.
Y las charlas en que él me usaba de terapeuta (sí, justo a mí) y yo lo escuchaba con atención pero sin tener en cuenta las diferencias de décadas de nuestros tiempos.
Y las críticas a mis remeras (?) mientras él lucía su camisa haciendo juego con alguna mancha de salsa de tomate.
Y los cafés triples y recargados para sobrevivir al camino de regreso.
Y las obvias discusiones que hemos tenido, y las paces 250 metros después.
Y son las huellas, por lo menos en mí, que me deja este tipo, este tipazo de ojos claros, mente cerrada, estómago de lujo, gallego de carácter, risa exagerada, y demás cualidades que harán, ya lo imagino, que su ingreso al Paraíso sea sin peaje.
Y como seguro él lo imaginaba… Recibido con un enorme y delicioso sánguche de bondiola de la mejor parrilla de los cielos.
Chau Luis…
Un honor el haberte conocido…
Una tristeza el tener que extrañarte…
Un orgullo tu lucha como enseñanza de vida…
Un placer el tiempo compartido…
Chau Luis… Nos vemos más adelante…
Se fue a ese lugar donde ya no le dolerá más el cuerpo, y se reencontrará con otros seres queridos.
Ayer quedó en un limbo de inconsciencia y recién esta mañana su corazón dijo basta. Pero con el orgullo de haberle dado batalla hasta el final.
No fue mi amigo, pero en su momento nos dimos una mano mutua y de alguna manera eso nos unió demasiado.
Aunque hubo desuniones cuando esos demasiados kms recorridos juntos y a diario, y me sacaba la radio de mis amores para poner a su Julio Iglesias de sus extraños amores.
Y me retaba demasiado ante algún pucho encendido a escondidas, pero no dejaba que nadie le dijera nada ante la tonelada de chimichurri en su puesto de choripán predilecto.
Y las velocidades a las que quería ir mientras chocaba con mi tranquilidad para igual llegar a tiempo.
Ya no importa… O sí.
En estos casos (y en algunos otros de extrañamientos agudos, si se quiere) quedan los mejores recuerdos.
Y las charlas en que él me usaba de terapeuta (sí, justo a mí) y yo lo escuchaba con atención pero sin tener en cuenta las diferencias de décadas de nuestros tiempos.
Y las críticas a mis remeras (?) mientras él lucía su camisa haciendo juego con alguna mancha de salsa de tomate.
Y los cafés triples y recargados para sobrevivir al camino de regreso.
Y las obvias discusiones que hemos tenido, y las paces 250 metros después.
Y son las huellas, por lo menos en mí, que me deja este tipo, este tipazo de ojos claros, mente cerrada, estómago de lujo, gallego de carácter, risa exagerada, y demás cualidades que harán, ya lo imagino, que su ingreso al Paraíso sea sin peaje.
Y como seguro él lo imaginaba… Recibido con un enorme y delicioso sánguche de bondiola de la mejor parrilla de los cielos.
Chau Luis…
Un honor el haberte conocido…
Una tristeza el tener que extrañarte…
Un orgullo tu lucha como enseñanza de vida…
Un placer el tiempo compartido…
Chau Luis… Nos vemos más adelante…
sábado, 9 de abril de 2011
225. cena de altura
Ya se sabe que mi memoria es de las que se combaten con Memorex, sin embargo llegué sin preguntar a lo de Rosa.
De hecho al enfrentarme al portero eléctrico con su diagrama de letras y números, pude recordar a la perfección que debía apretar el 4º C, por el chiste interno de: “¿Vamos al cuarto? Seeee!!!”.
La cuestión es que al abrirse la puerta del depto, Rosa estaba tal cual la podía recordar de la última vista. O quizás más linda, mucho más linda.
Existieron unos siete segundos de timidez, por llamarlo de alguna manera, cuando nos saludamos después de… ¿cinco años? Pero el abrazo acortando tiempos, el (Séptima) Chardonnay blanco para acompañar ya puesto en la heladera, y el horno encendido para recibir el próximo manjar, nos desnudaron de toda formalidad y así fuimos cayendo sobre el colchón de viejas batallas mientras mi ropa y sus pétalos iban quedando en el pasillo del comedor a la habitación.
El buen aroma proveniente de la cocina nos interrumpió, pero nos levantamos sabiendo que no venía nada mal cargar un poco de energías.
Ella con sólo un mini camisón, y mi camisa desprendida, fueron nuestras ropas de gala para la cena exquisita.
Las copas de vino acompañando y levantadas en alto para brindar por el reencuentro.
El primer bocado seguido de una exclamación diferente a las del otro cuarto, pero con un significado igual de aprobación.
Y la charla para ponernos un poco al día de nuestras acciones en el planeta durante el día…
–Confieso que dudé en llamarte por si estabas con tu eterna mujer… Fernanda, no? –clavó su estocada femenina Rosa– Pero mi intuición y conociéndote, me imaginé que ya no estarías con ella.
–Hasta la eternidad debe de tener algún final –dije tratando de concentrarme en el manjar que ahora tenía sobre el plato–. ¿Y vos? ¿En qué estado te encontrás?
Su respuesta fue un dedo levantado, pero para mostrarme un anillo que, sin entender mucho del tema, me sonaba a demasiado caro.
–Casada desde hace tres años con quien era un político con demasiada proyección y ahora es un importante embajador con demasiado vuelo que no deja de subirse a un avión recorriendo el mundo.
Miré a mi alrededor con el claro significado de que no me sonaba esa vida en el departamento que, aunque cómodo, no hacía juego con tal descripción.
–Vivo con él ¬–me explicó Rosa– en un piso enorme en Belgrano R., pero no tenía ganas de estar sola y menos con la custodia eterna detrás del puerta. Es por eso que mantuve mi depto de soltera y lo tengo con mis cosas para cuando necesito… cierto respiro de esa nube de pedos.
–¿Y yo soy tu saludable cable a tierra?
–No, vos sos mi saludable vuelo en clase “personal”.
Y así fue que el postre lo fuimos a buscar a la pista de despegue para terminar disfrutando de zonas de turbulencias y muchos movimientos, sin necesidad de ajustar cinturón alguno.
De hecho al enfrentarme al portero eléctrico con su diagrama de letras y números, pude recordar a la perfección que debía apretar el 4º C, por el chiste interno de: “¿Vamos al cuarto? Seeee!!!”.
La cuestión es que al abrirse la puerta del depto, Rosa estaba tal cual la podía recordar de la última vista. O quizás más linda, mucho más linda.
Existieron unos siete segundos de timidez, por llamarlo de alguna manera, cuando nos saludamos después de… ¿cinco años? Pero el abrazo acortando tiempos, el (Séptima) Chardonnay blanco para acompañar ya puesto en la heladera, y el horno encendido para recibir el próximo manjar, nos desnudaron de toda formalidad y así fuimos cayendo sobre el colchón de viejas batallas mientras mi ropa y sus pétalos iban quedando en el pasillo del comedor a la habitación.
El buen aroma proveniente de la cocina nos interrumpió, pero nos levantamos sabiendo que no venía nada mal cargar un poco de energías.
Ella con sólo un mini camisón, y mi camisa desprendida, fueron nuestras ropas de gala para la cena exquisita.
Las copas de vino acompañando y levantadas en alto para brindar por el reencuentro.
El primer bocado seguido de una exclamación diferente a las del otro cuarto, pero con un significado igual de aprobación.
Y la charla para ponernos un poco al día de nuestras acciones en el planeta durante el día…
–Confieso que dudé en llamarte por si estabas con tu eterna mujer… Fernanda, no? –clavó su estocada femenina Rosa– Pero mi intuición y conociéndote, me imaginé que ya no estarías con ella.
–Hasta la eternidad debe de tener algún final –dije tratando de concentrarme en el manjar que ahora tenía sobre el plato–. ¿Y vos? ¿En qué estado te encontrás?
Su respuesta fue un dedo levantado, pero para mostrarme un anillo que, sin entender mucho del tema, me sonaba a demasiado caro.
–Casada desde hace tres años con quien era un político con demasiada proyección y ahora es un importante embajador con demasiado vuelo que no deja de subirse a un avión recorriendo el mundo.
Miré a mi alrededor con el claro significado de que no me sonaba esa vida en el departamento que, aunque cómodo, no hacía juego con tal descripción.
–Vivo con él ¬–me explicó Rosa– en un piso enorme en Belgrano R., pero no tenía ganas de estar sola y menos con la custodia eterna detrás del puerta. Es por eso que mantuve mi depto de soltera y lo tengo con mis cosas para cuando necesito… cierto respiro de esa nube de pedos.
–¿Y yo soy tu saludable cable a tierra?
–No, vos sos mi saludable vuelo en clase “personal”.
Y así fue que el postre lo fuimos a buscar a la pista de despegue para terminar disfrutando de zonas de turbulencias y muchos movimientos, sin necesidad de ajustar cinturón alguno.
martes, 5 de abril de 2011
224. rosa de los vientos
La tecnología es lo que hoy mueve al mundo, y más allá de mi movimiento por el mismo, es algo que no me despierta mayor curiosidad.
Aparecen programas para la computadora, electrodomésticos, y demás actualizaciones y yo sigo aferrado a mis viejos y resistentes artefactos.
Y lo mismo me pasa, obviamente, con el celu…
No quiero cambiar el modelo ni el formato porque sé que cada tanto sale volando por la ventana, pero además, desde que empecé a usarlo por el sólo hecho de que Fernanda me lo había regalado, jamás le cambié el eterno número que todavía no me sé de memoria.
Quizás sea por todo esto que mientras el domingo comenzaba a oscurecer y yo recorría la puerta de la heladera para ver a dónde llamaba para alimentarme, el celu empezó a sonar de un número que no tenía registrado.
Seguramente estaba con las defensas bajas porque atendí y del otro lado, una voz femenina me preguntó:
–Hola, ¿sos Gastón?
–Hmmmsiiii… ¿Quién habla?
–¿Sos Gastón? –volvió a preguntar, y ante mi repetida respuesta afirmativa, agregó con un brusco cambio del tono de su voz– ¡Sos un hijo de puta! ¿Cómo pudiste dejarme plantada? Teodioteodioteodiooooo…
Mi mente trataba de descifrar quién era la loca del otro lado del celu, y de hacerlo, de qué carajo hablaba.
–Escuchame un poco –le grité ya harto del molesto monólogo–. Si no me decís ya quién sos te cito para darte una patada en el culo y así me justifiques las puteadas.
–Claro, ya ni me reconocés, ¿no? Bueno, soy Rosa.
–¿Rosa? Guacha, ya me parecía que eras vos, jajaja… Pero como últimamente me están tratando así, me confundí. ¿Cómo estás tanto tiempo?
–Bien, bien… ¿vos? Acabo de encontrar en una agenda vieja tu número y me dije, lo llamo en honor a las buenas épocas.
–Me parece bien mantener el recuerdo.
–Por eso, como me estaba olvidando, quise que me ayudes a recordarlo… ¿Nos encontramos? Yo sigo viviendo en el lugar de siempre… Dale, venite que el horno está preparado para que degustemos un sabroso pollo con papas. Vos encargate del vino acorde…
Rosa es una chica con la que salí hace bastante, en medio de una de las tantas pausas con Fernanda. Es divertida, es simpática, es re linda, y demás cualidades.
De hecho ya sé que lo del pollo con papas es el viejo chiste de “una pata acá, una pata allá, y papapapa”, en el sentido más sexual posible.
Pero bueno, por si acaso, igual llevaré un vinito acorde… a los gustos de los dos.
Aparecen programas para la computadora, electrodomésticos, y demás actualizaciones y yo sigo aferrado a mis viejos y resistentes artefactos.
Y lo mismo me pasa, obviamente, con el celu…
No quiero cambiar el modelo ni el formato porque sé que cada tanto sale volando por la ventana, pero además, desde que empecé a usarlo por el sólo hecho de que Fernanda me lo había regalado, jamás le cambié el eterno número que todavía no me sé de memoria.
Quizás sea por todo esto que mientras el domingo comenzaba a oscurecer y yo recorría la puerta de la heladera para ver a dónde llamaba para alimentarme, el celu empezó a sonar de un número que no tenía registrado.
Seguramente estaba con las defensas bajas porque atendí y del otro lado, una voz femenina me preguntó:
–Hola, ¿sos Gastón?
–Hmmmsiiii… ¿Quién habla?
–¿Sos Gastón? –volvió a preguntar, y ante mi repetida respuesta afirmativa, agregó con un brusco cambio del tono de su voz– ¡Sos un hijo de puta! ¿Cómo pudiste dejarme plantada? Teodioteodioteodiooooo…
Mi mente trataba de descifrar quién era la loca del otro lado del celu, y de hacerlo, de qué carajo hablaba.
–Escuchame un poco –le grité ya harto del molesto monólogo–. Si no me decís ya quién sos te cito para darte una patada en el culo y así me justifiques las puteadas.
–Claro, ya ni me reconocés, ¿no? Bueno, soy Rosa.
–¿Rosa? Guacha, ya me parecía que eras vos, jajaja… Pero como últimamente me están tratando así, me confundí. ¿Cómo estás tanto tiempo?
–Bien, bien… ¿vos? Acabo de encontrar en una agenda vieja tu número y me dije, lo llamo en honor a las buenas épocas.
–Me parece bien mantener el recuerdo.
–Por eso, como me estaba olvidando, quise que me ayudes a recordarlo… ¿Nos encontramos? Yo sigo viviendo en el lugar de siempre… Dale, venite que el horno está preparado para que degustemos un sabroso pollo con papas. Vos encargate del vino acorde…
Rosa es una chica con la que salí hace bastante, en medio de una de las tantas pausas con Fernanda. Es divertida, es simpática, es re linda, y demás cualidades.
De hecho ya sé que lo del pollo con papas es el viejo chiste de “una pata acá, una pata allá, y papapapa”, en el sentido más sexual posible.
Pero bueno, por si acaso, igual llevaré un vinito acorde… a los gustos de los dos.
jueves, 31 de marzo de 2011
223. todos se van...
¿Por qué es extraño que deje una linda botella sin abrir?
¿Por qué voy a desaprovechar la tranquilidad del balcón para salir a ver el Universo?
¿Por qué no fumarme un pucho durante una noche silenciosa?
¿Por qué dejaría de tener un poco de acción sin daños a terceros?
¿Por qué hacerle caso al cascarrabias del vecino y no escuchar mis canciones favoritas al volumen deseado y recomendado?
Entiendo muy bien a qué se refiere la famosa frase inversa de Cris cuando dice con su conocido espíritu que: “después de la calma llega la tormenta”, porque fue lo que sucedió apenas transcurrieron unos días de cierta paz y tranquilidad.
Pasé por el hospital por la mañana temprano para ver cómo estaba Luis, y de paso para ver si en una de esas me cruzaba a Mariana. Y sí, fue así, pero el tema es que Mariana ya se encontraba cruzada.
Me saludó de una manera muy seca y casi sin mirarme.
Después de hablar con la esposa de Luis y enterarme cómo venía todo, me acerqué a Mariana para preguntarle si le pasaba algo, y fue cuando, después de salir al pasillo para conversar me dijo:
–¿Vos te creés que yo estoy para boludear?
–Supongo que no, pero tampoco entiendo la causa de que me digas eso…
–Pasamos la otra noche hablando, tomando café, acompañándonos y todo ¿para qué? Para que después te borres como hacen todos los maricones como vos que no se animan a empezar una relación seria y que adem…
–¡Pará, pará, loca de mierda! ¿Una relación seria por tomar un café de máquina? ¿Vos estabas esperando que yo me instale en el hospital para verte? Flaca, todo bien, sos muy linda y podés ser bienvenida a mi cama, pero tengo una vida que vivir. Y precisamente, a las rayadas como vos, les regalo de souvenir el teléfono del taxi para que lo tomen tempranito y se alejen con el recuerdo de una buena noche. Si querés ya te paso el número del auto y simplemente te vas –le arrojé todo junto a su cara de sorprendida y, obviamente, el que se fue después de esa escena fui yo.
Durante el resto del día estuve algo fastidioso y esperaba el milagro que me lo pudiera quitar, cuando me llega el celu un mensaje de Fernanda. No sé porqué creí que podía ser algo bueno, pero me encontré con el siguiente mensaje:
“Así que ahora ponés talleres literarios para levantarte minitas?
Sabés una cosa?
Sos patético!!!”
No hace falta que aclare que no contesté el mensaje, pero sí me pregunté de dónde coños saca la info sobre mi vida. Y sé que no lee estas cosas porque sinó sus reacciones serían extremadamente peores.
Ya con el día terminando en ruinas llego al depto con la necesidad de revertir el humor. Me pego un baño de esos que duran bastante hasta alcanzar el relajo deseado. Y apenas cierro la ducha escucho que tocan el timbre.
No recuerdo que alguno de los chicos me hubiese avisado que venía, pero como igual nunca me avisan de sus visitas, me envolví la toalla por al cintura y fui a abrir la puerta.
El nudo estaba bien atado porque tranquilamente podría haber volado la toalla, ya que debajo del marco se encontraba Laura.
–Disculpame, llegué en un mal momento, ¿no?
–Para nada… Pasá que me cambio y…
–No, dejá… Vine para decirte una cosa y me voy.
–¿Pasó algo? ¿Qué me querés decir?
–Que… Que no te voy a molestar más… Quiero que seas feliz y que sepas que te amé como nunca amé a nadie, pero… Pero es mejor que me vaya de tu vida y no nos veamos más y que… –pero no terminó la frase ya que se ahogó en lágrimas y ahí nomás decidió irse.
Noche calma, estoy desnudo en el balcón fumando un cigarrillo y acompañado de un vino blanco y dulce… Disfrutando de la calma que dejó la furiosa y extraña tormenta femenina que hoy me visitó por partida triple.
Con la ciudad en silencio sólo escucho a mis pensamientos que se preguntan:
¿Quién será la mujer que aparecerá trepando por mi balcón y realmente quiera revertir la historia de estas idas sin razones y con tantas pasiones?
¿Por qué voy a desaprovechar la tranquilidad del balcón para salir a ver el Universo?
¿Por qué no fumarme un pucho durante una noche silenciosa?
¿Por qué dejaría de tener un poco de acción sin daños a terceros?
¿Por qué hacerle caso al cascarrabias del vecino y no escuchar mis canciones favoritas al volumen deseado y recomendado?
Entiendo muy bien a qué se refiere la famosa frase inversa de Cris cuando dice con su conocido espíritu que: “después de la calma llega la tormenta”, porque fue lo que sucedió apenas transcurrieron unos días de cierta paz y tranquilidad.
Pasé por el hospital por la mañana temprano para ver cómo estaba Luis, y de paso para ver si en una de esas me cruzaba a Mariana. Y sí, fue así, pero el tema es que Mariana ya se encontraba cruzada.
Me saludó de una manera muy seca y casi sin mirarme.
Después de hablar con la esposa de Luis y enterarme cómo venía todo, me acerqué a Mariana para preguntarle si le pasaba algo, y fue cuando, después de salir al pasillo para conversar me dijo:
–¿Vos te creés que yo estoy para boludear?
–Supongo que no, pero tampoco entiendo la causa de que me digas eso…
–Pasamos la otra noche hablando, tomando café, acompañándonos y todo ¿para qué? Para que después te borres como hacen todos los maricones como vos que no se animan a empezar una relación seria y que adem…
–¡Pará, pará, loca de mierda! ¿Una relación seria por tomar un café de máquina? ¿Vos estabas esperando que yo me instale en el hospital para verte? Flaca, todo bien, sos muy linda y podés ser bienvenida a mi cama, pero tengo una vida que vivir. Y precisamente, a las rayadas como vos, les regalo de souvenir el teléfono del taxi para que lo tomen tempranito y se alejen con el recuerdo de una buena noche. Si querés ya te paso el número del auto y simplemente te vas –le arrojé todo junto a su cara de sorprendida y, obviamente, el que se fue después de esa escena fui yo.
Durante el resto del día estuve algo fastidioso y esperaba el milagro que me lo pudiera quitar, cuando me llega el celu un mensaje de Fernanda. No sé porqué creí que podía ser algo bueno, pero me encontré con el siguiente mensaje:
“Así que ahora ponés talleres literarios para levantarte minitas?
Sabés una cosa?
Sos patético!!!”
No hace falta que aclare que no contesté el mensaje, pero sí me pregunté de dónde coños saca la info sobre mi vida. Y sé que no lee estas cosas porque sinó sus reacciones serían extremadamente peores.
Ya con el día terminando en ruinas llego al depto con la necesidad de revertir el humor. Me pego un baño de esos que duran bastante hasta alcanzar el relajo deseado. Y apenas cierro la ducha escucho que tocan el timbre.
No recuerdo que alguno de los chicos me hubiese avisado que venía, pero como igual nunca me avisan de sus visitas, me envolví la toalla por al cintura y fui a abrir la puerta.
El nudo estaba bien atado porque tranquilamente podría haber volado la toalla, ya que debajo del marco se encontraba Laura.
–Disculpame, llegué en un mal momento, ¿no?
–Para nada… Pasá que me cambio y…
–No, dejá… Vine para decirte una cosa y me voy.
–¿Pasó algo? ¿Qué me querés decir?
–Que… Que no te voy a molestar más… Quiero que seas feliz y que sepas que te amé como nunca amé a nadie, pero… Pero es mejor que me vaya de tu vida y no nos veamos más y que… –pero no terminó la frase ya que se ahogó en lágrimas y ahí nomás decidió irse.
Noche calma, estoy desnudo en el balcón fumando un cigarrillo y acompañado de un vino blanco y dulce… Disfrutando de la calma que dejó la furiosa y extraña tormenta femenina que hoy me visitó por partida triple.
Con la ciudad en silencio sólo escucho a mis pensamientos que se preguntan:
¿Quién será la mujer que aparecerá trepando por mi balcón y realmente quiera revertir la historia de estas idas sin razones y con tantas pasiones?
domingo, 27 de marzo de 2011
222. homenaje en vida
Domingo. Temprano. Sol por la ventana. Desayuno para uno. Música de fondo. Me sirvo el primer mate y me coloco frente a mi mundo cibernético. Recorro diarios, reviso correos, visito barrios amigos, y es ahí donde me quedo, como dice mi viejo, “patitieso”.
Me tomo el pulso, trato de escuchar mis latidos, y voy en busca de una cuchara para ver si la empaño con mi respiración. Todos mis órganos vitales (y los primordiales) están bien.
Todo indica que estoy vivo. Saludablemente vivo.
Entonces no me queda más que agradecerle a Sofi por este extraño, particular y sorpresivo “homenaje en vida” con el que me desperté esta mañana…
Taller de Letras (y otras palabras cruzadas)
Abrí la ventana. Dejé que el sol entrara. Puse música. Pinté mándalas. Salí a la esquina. Caminé por el parque que tengo cerca de casa. Miré, por si acaso, en las góndolas del mercado chino.
Le pregunté a Gudi, el encargado de mi edificio.
Pero nada… Mi "musa" no aparecía por ninguna parte.
Resignada me senté frente a la compu mirando el monitor en blanco.
Tenía en mi cabeza una sopa de letras y necesitaba tomar de ella para escupirla com mis dedos sobre el teclado.
Pero nada...
Abro el msn. Veo a un buen amigo conectado al msn. Él escribe y me gusta como lo hace.
Le podría preguntar cómo hacer para no caer en el “Había una vez…”, o que me alquile alguna musa que le sobre. Lo saludo. Le pregunto si lo interrumpo, y una vez que me devuelve su amigable “no hay problema”, le explico:
Sofi dice:
Desde ayer que tengo terribles ganas de escribir mucho, pero mucho. Pero me falta inspiración.
Hoy, cuando viajaba en el bondi pensaba mucho en eso. Como no tenía lápiz y papel escribí las ideas en mi mente. Y ahora aca estoy, anotando en mi libreta palabras sueltas.
Te paso alguna vez eso de tener tantas cosas que decir y no encontrar las palabras?
Gastón dice:
No, lo que sí me ha pasado es de tener un montón de palabras y no tener dónde escribirlas.
Sofi dice:
Ok, entonces son cosas que me pasan solo a mí.
Gastón dice:
A vos sola no.
A todos los que escribimos y/o queremos y/o necesitamos y/o deseamos escribir.
Sofi dice:
Mierda!!!
Necesito sacarme esto de encima y no sé cómo...
Necesito escribir.
Necesito decir muchas cosas, sino, hoy no duermo.
Demora en responder, por lo que intuyo que está pensando cada una de sus próximas palabras. Escribe:
Gastón dice:
Para la ausencia de palabras hacete amiga de un diccionario de sinónimos.
Todo lo que tenés en tu cabeza, empezá a escribirlo sin orden y sin pausa.
Olvidate de las comas, puntos, mayúsculas y demás coordenadas.
No pienses en nada y sentí todo lo que estás escribiendo
Emborrachate en el teclado y escribí hasta la última resaca literaria.
Sofi dice:
Como lo decís... suena tan fácil... pero no sé...
Quizás termine escribiendo este diálogo.
Gastón dice:
- Te parece?
Vos decís para usarlo tipo Taller literario?
Sofi dice:
Puede ser para eso y que le sirva a alguien más...
O puede servirme a mí para ganarle esta vez a la pantalla en blanco.
Gastón dice:
Bueno, entonces ya le ganaste!!!
Sofi dice:
Jajaja...
Es verdad!!!
Gracias por las palabras cruzadas!!!
A las musas no hay que buscarlas.
Las musas se encuentran a nuestro alrededor.
Sólo hay que estar atentos a su aparición... o ver si están “conectadas”.
(Gracias Gastón)
Gracias a vos Sofi por esta especie de "homenaje en vida"...
Me tomo el pulso, trato de escuchar mis latidos, y voy en busca de una cuchara para ver si la empaño con mi respiración. Todos mis órganos vitales (y los primordiales) están bien.
Todo indica que estoy vivo. Saludablemente vivo.
Entonces no me queda más que agradecerle a Sofi por este extraño, particular y sorpresivo “homenaje en vida” con el que me desperté esta mañana…
Taller de Letras (y otras palabras cruzadas)
Abrí la ventana. Dejé que el sol entrara. Puse música. Pinté mándalas. Salí a la esquina. Caminé por el parque que tengo cerca de casa. Miré, por si acaso, en las góndolas del mercado chino.
Le pregunté a Gudi, el encargado de mi edificio.
Pero nada… Mi "musa" no aparecía por ninguna parte.
Resignada me senté frente a la compu mirando el monitor en blanco.
Tenía en mi cabeza una sopa de letras y necesitaba tomar de ella para escupirla com mis dedos sobre el teclado.
Pero nada...
Abro el msn. Veo a un buen amigo conectado al msn. Él escribe y me gusta como lo hace.
Le podría preguntar cómo hacer para no caer en el “Había una vez…”, o que me alquile alguna musa que le sobre. Lo saludo. Le pregunto si lo interrumpo, y una vez que me devuelve su amigable “no hay problema”, le explico:
Sofi dice:
Desde ayer que tengo terribles ganas de escribir mucho, pero mucho. Pero me falta inspiración.
Hoy, cuando viajaba en el bondi pensaba mucho en eso. Como no tenía lápiz y papel escribí las ideas en mi mente. Y ahora aca estoy, anotando en mi libreta palabras sueltas.
Te paso alguna vez eso de tener tantas cosas que decir y no encontrar las palabras?
Gastón dice:
No, lo que sí me ha pasado es de tener un montón de palabras y no tener dónde escribirlas.
Sofi dice:
Ok, entonces son cosas que me pasan solo a mí.
Gastón dice:
A vos sola no.
A todos los que escribimos y/o queremos y/o necesitamos y/o deseamos escribir.
Sofi dice:
Mierda!!!
Necesito sacarme esto de encima y no sé cómo...
Necesito escribir.
Necesito decir muchas cosas, sino, hoy no duermo.
Demora en responder, por lo que intuyo que está pensando cada una de sus próximas palabras. Escribe:
Gastón dice:
Para la ausencia de palabras hacete amiga de un diccionario de sinónimos.
Todo lo que tenés en tu cabeza, empezá a escribirlo sin orden y sin pausa.
Olvidate de las comas, puntos, mayúsculas y demás coordenadas.
No pienses en nada y sentí todo lo que estás escribiendo
Emborrachate en el teclado y escribí hasta la última resaca literaria.
Sofi dice:
Como lo decís... suena tan fácil... pero no sé...
Quizás termine escribiendo este diálogo.
Gastón dice:
- Te parece?
Vos decís para usarlo tipo Taller literario?
Sofi dice:
Puede ser para eso y que le sirva a alguien más...
O puede servirme a mí para ganarle esta vez a la pantalla en blanco.
Gastón dice:
Bueno, entonces ya le ganaste!!!
Sofi dice:
Jajaja...
Es verdad!!!
Gracias por las palabras cruzadas!!!
A las musas no hay que buscarlas.
Las musas se encuentran a nuestro alrededor.
Sólo hay que estar atentos a su aparición... o ver si están “conectadas”.
(Gracias Gastón)
Gracias a vos Sofi por esta especie de "homenaje en vida"...
lunes, 21 de marzo de 2011
221. confesiones de otoño
Cris odia el verano.
Bueno, en realidad lo que odia es que la temperatura supere los 30º mientras se encuentra a varios kilómetros de la arena, las olas, y las micro-bikinis.
Yo no llego a tener ese sentimiento en una estación donde los cuerpos se dejan ver más, donde se disfrutan los tragos fríos, y donde el balcón por las noches es una invitación a la felicidad.
Pero bueno, también me hubiese gustado pasar el verano en la playa, jugando con las olas, y siendo feliz con el paisaje de los traje de baño diminutos.
Sin embargo, a pocas horas de que empiece el otoño, Cris me llamó para decirme que pasaba por el depto a traerme unas cosas que había encontrado.
–¿De qué se trata todo esto? ¬¬–le pregunté mientras miraba desconfiado la caja que dejó a mis pies con unas carpetas y algunos cuadernos.
–Estaba haciendo limpieza en casa y me encontré esto que es tuyo y que cuando vivías con Fernanda me pediste que te lo guardara para hacer lugar acá. Ahora lo encontré y te lo traigo. Además a mí no me gustan los poemas… aunque algunos… están interesantes.
Mientras Cris servía dos vasos largos con cerveza, yo me zambullí entre esos papeles desordenados, algo amarillentos, algo salvajes, algo tan míos de un tiempo de insomnio agudo en que escribía poemas infinitos.
Poemas sin rimas ni gloria pero escritos con el pulso firme y el corazón desnudo.
Poemas con nombres de mujeres
Poemas olvidados para amores inolvidables
Poemas que salían como el mismo aire de mis pulmones.
Poemas nocturnos pero algo iluminados.
Poemas que alguna vez me animé a escribir como un buen suicida literario.
Después que se fue Cris me quedé releyendo algunos de ellos hasta que la medianoche pasó de largo, el vaso quedó vacío y el sueño (entre muchos otros sueños) se hizo presente.
Hacía unos minutos que oficialmente el otoño se había instalado en la ciudad y entre mis manos las hojas escritas caían inundando el suelo de palabras agudas, inquietantes, eternas, de un tiempo sin tiempo en que el ser poeta se había apoderado de mí.
Y así, casi por azar y sin darme cuenta, dejé una vez más mi alma a la vista, con esta inquebrantable confesión de otoño…
Bueno, en realidad lo que odia es que la temperatura supere los 30º mientras se encuentra a varios kilómetros de la arena, las olas, y las micro-bikinis.
Yo no llego a tener ese sentimiento en una estación donde los cuerpos se dejan ver más, donde se disfrutan los tragos fríos, y donde el balcón por las noches es una invitación a la felicidad.
Pero bueno, también me hubiese gustado pasar el verano en la playa, jugando con las olas, y siendo feliz con el paisaje de los traje de baño diminutos.
Sin embargo, a pocas horas de que empiece el otoño, Cris me llamó para decirme que pasaba por el depto a traerme unas cosas que había encontrado.
–¿De qué se trata todo esto? ¬¬–le pregunté mientras miraba desconfiado la caja que dejó a mis pies con unas carpetas y algunos cuadernos.
–Estaba haciendo limpieza en casa y me encontré esto que es tuyo y que cuando vivías con Fernanda me pediste que te lo guardara para hacer lugar acá. Ahora lo encontré y te lo traigo. Además a mí no me gustan los poemas… aunque algunos… están interesantes.
Mientras Cris servía dos vasos largos con cerveza, yo me zambullí entre esos papeles desordenados, algo amarillentos, algo salvajes, algo tan míos de un tiempo de insomnio agudo en que escribía poemas infinitos.
Poemas sin rimas ni gloria pero escritos con el pulso firme y el corazón desnudo.
Poemas con nombres de mujeres
Poemas olvidados para amores inolvidables
Poemas que salían como el mismo aire de mis pulmones.
Poemas nocturnos pero algo iluminados.
Poemas que alguna vez me animé a escribir como un buen suicida literario.
Después que se fue Cris me quedé releyendo algunos de ellos hasta que la medianoche pasó de largo, el vaso quedó vacío y el sueño (entre muchos otros sueños) se hizo presente.
Hacía unos minutos que oficialmente el otoño se había instalado en la ciudad y entre mis manos las hojas escritas caían inundando el suelo de palabras agudas, inquietantes, eternas, de un tiempo sin tiempo en que el ser poeta se había apoderado de mí.
Y así, casi por azar y sin darme cuenta, dejé una vez más mi alma a la vista, con esta inquebrantable confesión de otoño…
jueves, 17 de marzo de 2011
220. café recargado
Tener la obligación de estar despierto durante el día por razones sociales-laborales se entiende y es así y no queda otra.
Pero después obligarse uno a mantenerse atento y con los ojos abiertos por las noches en que voy a cuidar a Luis al hospi, hacen que deje mis buenas y sagradas monedas en la máquina del café de la sala de espera.
Por suerte Luis está (dentro de lo que ya se sabe) bien, con el ánimo la mayor de las veces arriba, y rompiendo las bolas como siempre hizo durante toda su vida.
Claro que también sucede como la otra vez que se agarró uno de esos virus hospitalarios y… Pero se repuso, y así seguimos entre medicamentos, horas alargadas, y otras distracciones.
Y hablando de distracciones…
Hace unos días Luis está compartiendo la habitación con un tipo que se cayó de una escalera y se rompió bastante (no la escalera, sino él).
El tema es que la otra noche vino una de las hijas a cuidarlo y justo el padre se ve que tuvo un sueño o no sé qué, y se mandó un movimiento que le hizo ver las estrellas. La hija se asustó y yo que ando más canchero con la situación y el lugar, fui rápido a buscar a una enfermera de las que ya conozco para que lo vaya a ver. Unos calmantes vía suero y el tipo ya descansaba y roncaba a la par de Luis, realizando en esa habitación un concierto de graves en estéreo.
–Uy, te agradezco –¬me dijo ella más aliviada al ver a su padre dormir tranquilo.
–No te escucho nada –le dije exagerando el sonido ambiental–. Vamos afuera a tomar un café, ¿querés?
–Pero y sí…
–Quedate tranquila que, como mínimo, hasta las cuatro no se despiertan.
Fuimos hasta la máquina “para no dormir” y nos bajamos dos cafés dobles, y nos sentamos en uno de los sillones ultra cómodos que hay en la sala de espera (y que deberían poner también en las habitaciones para los que nos quedamos a pasar las noches ahí. marche un libro de quejas!!!)
–Me llamo Mariana, ¿y vos?
–No, yo no. Mi nombre es Gastón –y cuando terminé de hacer mi humorada presentación, descubrí que debajo de sus ojos verdes, había una sonrisa de esas que me gustan tanto.
–Qué bueno que mantengas el humor pese a estar en un lugar así.
–Es lo que debemos hacer para que sobrevivamos, ¿no?
–Sí, claro. Y sobreviviendo es la forma que tenemos de… ¿terminar compartiendo un café?
–Entre otras cosas.
Y entre otras cosas, entre nuevas sonrisas, entre nuevas historias de un lado y del otro, fuimos colaborando con la máquina cafetera, hasta que sin darnos cuenta pasó el carro del desayuno por delante nuestro y nos dimos cuenta que ya eran las siete y media de la mañana.
Pero después obligarse uno a mantenerse atento y con los ojos abiertos por las noches en que voy a cuidar a Luis al hospi, hacen que deje mis buenas y sagradas monedas en la máquina del café de la sala de espera.
Por suerte Luis está (dentro de lo que ya se sabe) bien, con el ánimo la mayor de las veces arriba, y rompiendo las bolas como siempre hizo durante toda su vida.
Claro que también sucede como la otra vez que se agarró uno de esos virus hospitalarios y… Pero se repuso, y así seguimos entre medicamentos, horas alargadas, y otras distracciones.
Y hablando de distracciones…
Hace unos días Luis está compartiendo la habitación con un tipo que se cayó de una escalera y se rompió bastante (no la escalera, sino él).
El tema es que la otra noche vino una de las hijas a cuidarlo y justo el padre se ve que tuvo un sueño o no sé qué, y se mandó un movimiento que le hizo ver las estrellas. La hija se asustó y yo que ando más canchero con la situación y el lugar, fui rápido a buscar a una enfermera de las que ya conozco para que lo vaya a ver. Unos calmantes vía suero y el tipo ya descansaba y roncaba a la par de Luis, realizando en esa habitación un concierto de graves en estéreo.
–Uy, te agradezco –¬me dijo ella más aliviada al ver a su padre dormir tranquilo.
–No te escucho nada –le dije exagerando el sonido ambiental–. Vamos afuera a tomar un café, ¿querés?
–Pero y sí…
–Quedate tranquila que, como mínimo, hasta las cuatro no se despiertan.
Fuimos hasta la máquina “para no dormir” y nos bajamos dos cafés dobles, y nos sentamos en uno de los sillones ultra cómodos que hay en la sala de espera (y que deberían poner también en las habitaciones para los que nos quedamos a pasar las noches ahí. marche un libro de quejas!!!)
–Me llamo Mariana, ¿y vos?
–No, yo no. Mi nombre es Gastón –y cuando terminé de hacer mi humorada presentación, descubrí que debajo de sus ojos verdes, había una sonrisa de esas que me gustan tanto.
–Qué bueno que mantengas el humor pese a estar en un lugar así.
–Es lo que debemos hacer para que sobrevivamos, ¿no?
–Sí, claro. Y sobreviviendo es la forma que tenemos de… ¿terminar compartiendo un café?
–Entre otras cosas.
Y entre otras cosas, entre nuevas sonrisas, entre nuevas historias de un lado y del otro, fuimos colaborando con la máquina cafetera, hasta que sin darnos cuenta pasó el carro del desayuno por delante nuestro y nos dimos cuenta que ya eran las siete y media de la mañana.
jueves, 10 de marzo de 2011
219. borracho de carnaval
Sergio, Lore y Cris se iban a disfrutar del color, la música, la noche y demás fiesta en honor al Rey Momo a la ciudad de Gualeguaychú. La verdad es que queríamos ir todos, pero esta vez no se puedo por una diversidad de situaciones que cada uno anda viviendo y sobreviviendo a su manera.
Entre los primeros se encuentran Pablo, Ana y Tami que aprovecharon el decreto de Feriado de Carnaval y se fueron para la costa.
Y entre los segundos se encuentra Sebas y su relación con Vero, mi prima, que no anda del todo bien e intuyo que en cualquier momento ella agarra su bolso y se vuelve para Mendoza.
Esta fue la razón por la que una noche de fiesta en las calles, Sebas y yo nos quedamos tomando unos tragos on the rocks desde la lejana altura del balcón de mi 7º piso.
–Me parece que se acabó –disparó Sebas con precisión aunque yo intenté atenuar el impacto por un instante.
–No lo creo… Todavía faltan dos días más de murgas de nombres desaforados.
–Ya sabés a qué me refiero… Con Vero las cosas ya no están como antes. Y creo que de mi lado tampoco.
Sebas necesitaba hablar y así dejé que lo hiciera. Él sabe que no soy la persona más indicada en temas de relaciones bipersonales, pero también sabe que conmigo tiene la extrema libertad de expresión y de sentires, más allá de que la crisis sentimental sea con mi prima. Pero la balanza, y eso también lo sabe, pesa más de su lado, y por eso somos amigos.
En las calles la gente bailaba al ritmo de los tambores y bailaba entre luces de colores populares.
Nosotros en cambio nos movíamos al ritmo de los colores de nuestros tragos, y con eso teníamos más que suficiente.
Será que algunas veces, la música de fondo no combina del todo con nuestras vidas, y es una lucha constante entre el musicalizador y la puesta de escena.
No sé qué hora era, pero la medianoche ya había pasado y los redoblantes hacían un respetuoso silencio cuando golpearon la puerta. Era Vero, que me saludó con esa mirada de ojitos marrones tan lindos que es herencia familiar y del cual a mí sólo me tocó el color.
–Sebas está allá en el balcón –le dije cuando en realidad ya estaba al lado mío.
Y por eso fui testigo de un beso algo extenso-intenso que no supe distinguir entre reconciliación y despedida.
Ya solo en el depto, seguí sentado en el balcón tomando lo último que quedaba, junto a un paquete de Gitanes que también me anda acompañando, con cierta moderación, en estos últimos tiempos.
Y mientras allá abajo quedaban las huellas desprolijas del corso, acá arriba seguía respirando un tranquilo aire de borracho de carnaval.
Entre los primeros se encuentran Pablo, Ana y Tami que aprovecharon el decreto de Feriado de Carnaval y se fueron para la costa.
Y entre los segundos se encuentra Sebas y su relación con Vero, mi prima, que no anda del todo bien e intuyo que en cualquier momento ella agarra su bolso y se vuelve para Mendoza.
Esta fue la razón por la que una noche de fiesta en las calles, Sebas y yo nos quedamos tomando unos tragos on the rocks desde la lejana altura del balcón de mi 7º piso.
–Me parece que se acabó –disparó Sebas con precisión aunque yo intenté atenuar el impacto por un instante.
–No lo creo… Todavía faltan dos días más de murgas de nombres desaforados.
–Ya sabés a qué me refiero… Con Vero las cosas ya no están como antes. Y creo que de mi lado tampoco.
Sebas necesitaba hablar y así dejé que lo hiciera. Él sabe que no soy la persona más indicada en temas de relaciones bipersonales, pero también sabe que conmigo tiene la extrema libertad de expresión y de sentires, más allá de que la crisis sentimental sea con mi prima. Pero la balanza, y eso también lo sabe, pesa más de su lado, y por eso somos amigos.
En las calles la gente bailaba al ritmo de los tambores y bailaba entre luces de colores populares.
Nosotros en cambio nos movíamos al ritmo de los colores de nuestros tragos, y con eso teníamos más que suficiente.
Será que algunas veces, la música de fondo no combina del todo con nuestras vidas, y es una lucha constante entre el musicalizador y la puesta de escena.
No sé qué hora era, pero la medianoche ya había pasado y los redoblantes hacían un respetuoso silencio cuando golpearon la puerta. Era Vero, que me saludó con esa mirada de ojitos marrones tan lindos que es herencia familiar y del cual a mí sólo me tocó el color.
–Sebas está allá en el balcón –le dije cuando en realidad ya estaba al lado mío.
Y por eso fui testigo de un beso algo extenso-intenso que no supe distinguir entre reconciliación y despedida.
Ya solo en el depto, seguí sentado en el balcón tomando lo último que quedaba, junto a un paquete de Gitanes que también me anda acompañando, con cierta moderación, en estos últimos tiempos.
Y mientras allá abajo quedaban las huellas desprolijas del corso, acá arriba seguía respirando un tranquilo aire de borracho de carnaval.
jueves, 3 de marzo de 2011
218. soñando con vos (vos, vos y vos)
Luis sigue con su pensamiento guerreramente positivo, lo cual no deja de ser sorprendente para los demás y extremadamente saludable para él.
Y mientras lo sigo acompañando por las noches, a veces necesito que alguien me acompañe a mí durante el día. Es que me transformé en un zombie al lograr zambullirme en mi sueño más profundo en un promedio de dos horas y media cada 24 horas.
De todas maneras si yo me quejo en este momento… es que hay una lección de vida que no alcancé a comprender.
Y hablando de comprender, algo extraño es lo que me está ocurriendo durante esos escasos minutos de buen dormir en el que llego al depto y caigo inconsciente en mi inconsciente.
Estoy teniendo sueños que sé que me están queriendo decir algo, que están simbolizando algo interesante. Pero como tiré la agenda vieja donde tenía el celu de Freud, y se sabe que mi psico me abandonó, acá ando cargando ciertas imágenes que me visitan durante mis momentos de descanso.
La primera vez que entraron en mi inconsciente sin tocar el timbre se trató de un sueño que recuerdo poco en sus detalles pero sí la trama del mismo.
Era una especie de casting que se estaba haciendo para poder elegir… ¿a mi novia?
Y aunque había demasiadas mujeres lindas (y algunas de ellas que ya habían pasado por mi vida) descartaba la presión que significaba esa elección con latidos como música de fondo.
El siguiente sueño fue altamente traicionero.
Ellas se presentaban ante mí con sus novios/maridos/ex y yo simplemente les daba el pésame y las dejaba en malas compañías mientras yo me alejaba sobrevolando la ciudad nocturna en busca de nada ni nadie en especial.
En el último sueño que recuerdo, me encontraba en el interior de una habitación completamente a oscuras. Estaba desnudo y por esa causa (y otras sensaciones) sentía que junto a mí había muchas chicas que podía reconocer por sus voces, por sus perfumes, por sus cuerpos, por sus besos (y otras sensaciones).
Sin embargo, tenía la necesidad de encender la luz y cuando lograba alcanzar la perilla, desaparecían todas menos una. Pero no podía ver quién era porque de sus ojos salía una luz que no me dejaba ver nada más que ese brillo tan potente como enceguecedor.
Y ahora, más allá de las ganas que tengo de dormir, estoy ansioso por la próxima imagen que me venga a visitar, por más que no logre desentrañar lo que quiere decirme mi inconsciente… junto a todas ellas…
Y mientras lo sigo acompañando por las noches, a veces necesito que alguien me acompañe a mí durante el día. Es que me transformé en un zombie al lograr zambullirme en mi sueño más profundo en un promedio de dos horas y media cada 24 horas.
De todas maneras si yo me quejo en este momento… es que hay una lección de vida que no alcancé a comprender.
Y hablando de comprender, algo extraño es lo que me está ocurriendo durante esos escasos minutos de buen dormir en el que llego al depto y caigo inconsciente en mi inconsciente.
Estoy teniendo sueños que sé que me están queriendo decir algo, que están simbolizando algo interesante. Pero como tiré la agenda vieja donde tenía el celu de Freud, y se sabe que mi psico me abandonó, acá ando cargando ciertas imágenes que me visitan durante mis momentos de descanso.
La primera vez que entraron en mi inconsciente sin tocar el timbre se trató de un sueño que recuerdo poco en sus detalles pero sí la trama del mismo.
Era una especie de casting que se estaba haciendo para poder elegir… ¿a mi novia?
Y aunque había demasiadas mujeres lindas (y algunas de ellas que ya habían pasado por mi vida) descartaba la presión que significaba esa elección con latidos como música de fondo.
El siguiente sueño fue altamente traicionero.
Ellas se presentaban ante mí con sus novios/maridos/ex y yo simplemente les daba el pésame y las dejaba en malas compañías mientras yo me alejaba sobrevolando la ciudad nocturna en busca de nada ni nadie en especial.
En el último sueño que recuerdo, me encontraba en el interior de una habitación completamente a oscuras. Estaba desnudo y por esa causa (y otras sensaciones) sentía que junto a mí había muchas chicas que podía reconocer por sus voces, por sus perfumes, por sus cuerpos, por sus besos (y otras sensaciones).
Sin embargo, tenía la necesidad de encender la luz y cuando lograba alcanzar la perilla, desaparecían todas menos una. Pero no podía ver quién era porque de sus ojos salía una luz que no me dejaba ver nada más que ese brillo tan potente como enceguecedor.
Y ahora, más allá de las ganas que tengo de dormir, estoy ansioso por la próxima imagen que me venga a visitar, por más que no logre desentrañar lo que quiere decirme mi inconsciente… junto a todas ellas…
viernes, 25 de febrero de 2011
217. (LRPMQLRMRP)
La otra noche, no muy tarde, sonó mi celular.
El número era desconocido pero por alguna extraña razón atendí. Y tardé unos segundos cuando del otro lado de la línea la voz de una mujer mayor preguntó por mi nombre y de inmediato se presentó como “la esposa de Luis”.
(a los lectores nuevos o desmemoriados les sugiero que pasen por acá: 119. en tono gris)
–Hola, ¿Cómo está señora? –y enseguida me di cuenta de la pregunta principal y obligada– ¿Y Luís, cómo está?
–Mal, la verdad es que está mal, y, disculpame la hora en que te estoy llamando pero sinceramente necesitaría un pequeño favor de tu parte.
–Si puedo no hay problema. ¿De qué se trata?
–Seis dadores de sangre con suma urgencia para dentro de los próximos cinco días, y…
–Y… ¿Qué más?
–Mirá, hoy lo dejaron internado a Luis porque anda con muchos dolores y van a hacerle estudios y no sé qué otras cosas más. Y el viernes el doctor va a decirnos cómo está todo y…
–No se preocupe señora, yo voy a estar ahí para acompañarlos.
–Gracias Gastón, muchas gracias –me dijo con la voz entrecortada en nombre de ella y de Luis.
Apenas corté la comunicación y sin perder un solo minuto, llamé a Sebas, Cris, Lore, Sergio y a Pablo, y solucioné el tema de los seis dadores.
Ahora podría dormir tranquilo… pero no lo hice.
Luis andaba con un tumor, y si ahora lo internaron y le están haciendo tantos estudios, es porque algo no funcionó, algo no anda bien.
Ayer fuimos con los chicos en patota, aunque en distintos horarios, a dar sangre y me alegró el corazón la clase de humanos que son.
Coincidí con Pablo en el lugar y mientras por el tubo salía nuestra sangre, exclamó con un optimismo puro:
–Saquen toda la sangre que haga falta que lo vamos a levantar a Don Luis.
Esa misma noche me quedé a cuidarlo, a pasar la noche con él así su esposa descansaba, ya que intuía que el día de hoy no iba a ser fácil.
Poco antes de las nueve de la mañana se presentó el Doctor, le hizo unas preguntas rutinarias a Luis y después se alejó un poco para darnos el parte a su esposa y a mí.
–El tumor, como ya saben, se fue esparciendo, ramificando por la columna y el pulmón principalmente. Las pastillas que le dimos y las sesiones de quimio no lograron frenar el avance. Lamentablemente ya no nos queda nada más por hacer, salvo tratar el dolor para que no sufra.
–¿Y cuánto, Doctor? ¬–lanzó su esposa la pregunta que nadie quiere preguntar.
–No se sabe… –contestó el médico con frialdad profesional pero con cierta incomodidad humana asomando en su garganta–. Puede ser esta noche, tres días, un mes…
La mujer se secó las lágrimas, agradeció al médico toda la ayuda dada y que le seguirán brindando, y con entereza fue a ver a su esposo para decirle que todo marchaba bien.
Yo me quedé en el pasillo del hospital, apoyado contra la pared, llorando como un chico…
El número era desconocido pero por alguna extraña razón atendí. Y tardé unos segundos cuando del otro lado de la línea la voz de una mujer mayor preguntó por mi nombre y de inmediato se presentó como “la esposa de Luis”.
(a los lectores nuevos o desmemoriados les sugiero que pasen por acá: 119. en tono gris)
–Hola, ¿Cómo está señora? –y enseguida me di cuenta de la pregunta principal y obligada– ¿Y Luís, cómo está?
–Mal, la verdad es que está mal, y, disculpame la hora en que te estoy llamando pero sinceramente necesitaría un pequeño favor de tu parte.
–Si puedo no hay problema. ¿De qué se trata?
–Seis dadores de sangre con suma urgencia para dentro de los próximos cinco días, y…
–Y… ¿Qué más?
–Mirá, hoy lo dejaron internado a Luis porque anda con muchos dolores y van a hacerle estudios y no sé qué otras cosas más. Y el viernes el doctor va a decirnos cómo está todo y…
–No se preocupe señora, yo voy a estar ahí para acompañarlos.
–Gracias Gastón, muchas gracias –me dijo con la voz entrecortada en nombre de ella y de Luis.
Apenas corté la comunicación y sin perder un solo minuto, llamé a Sebas, Cris, Lore, Sergio y a Pablo, y solucioné el tema de los seis dadores.
Ahora podría dormir tranquilo… pero no lo hice.
Luis andaba con un tumor, y si ahora lo internaron y le están haciendo tantos estudios, es porque algo no funcionó, algo no anda bien.
Ayer fuimos con los chicos en patota, aunque en distintos horarios, a dar sangre y me alegró el corazón la clase de humanos que son.
Coincidí con Pablo en el lugar y mientras por el tubo salía nuestra sangre, exclamó con un optimismo puro:
–Saquen toda la sangre que haga falta que lo vamos a levantar a Don Luis.
Esa misma noche me quedé a cuidarlo, a pasar la noche con él así su esposa descansaba, ya que intuía que el día de hoy no iba a ser fácil.
Poco antes de las nueve de la mañana se presentó el Doctor, le hizo unas preguntas rutinarias a Luis y después se alejó un poco para darnos el parte a su esposa y a mí.
–El tumor, como ya saben, se fue esparciendo, ramificando por la columna y el pulmón principalmente. Las pastillas que le dimos y las sesiones de quimio no lograron frenar el avance. Lamentablemente ya no nos queda nada más por hacer, salvo tratar el dolor para que no sufra.
–¿Y cuánto, Doctor? ¬–lanzó su esposa la pregunta que nadie quiere preguntar.
–No se sabe… –contestó el médico con frialdad profesional pero con cierta incomodidad humana asomando en su garganta–. Puede ser esta noche, tres días, un mes…
La mujer se secó las lágrimas, agradeció al médico toda la ayuda dada y que le seguirán brindando, y con entereza fue a ver a su esposo para decirle que todo marchaba bien.
Yo me quedé en el pasillo del hospital, apoyado contra la pared, llorando como un chico…
martes, 22 de febrero de 2011
216. tiempo "perdido"
El tiempo puede ser un amigo en las malas como un asesino serial en las buenas.
A través del tiempo podemos apreciar en su totalidad las personas que deciden quedarse a nuestro lado y las que saludablemente emigran en dirección contraria.
Y es por eso que a esta altura de mi vida, cada día (tarde y noche) que pasa valoro tanto la relación recíproca que supe construir-fortalecer-aumentar-mantener con cada uno de mis amados amigos.
Y esto del tiempo viene porque, precisamente, durante el tiempo en que estuvimos algo alejado de ellos de una manera física por mi ida de la ciudad, y más allá e que la comunicación y los sentimientos se mantenían intactos, algunas cosas no se perdieron pero quedaron en pausa.
De todas maneras, cuando pegué la vuelta (“…porque siempre hay un regreso…”) nos pusimos al tanto de todo, menos de un rito que veníamos llevando y que se había visto interrumpido por la misma causa de mi lejanía.
Y la verdad es que después yo no me atreví a preguntar sobre el tema, y nadie nunca hablo del mismo, y sn embargo…
El sábado a la noche bajé al 2º piso a cenar una exagerada picada a lo de Sebas.
Me alegré de manera egoísta que se haya elegido un lugar que quedaba cinco pisos más abajo que mi depto. No por tener que realizar ningún viaje largo, sino por la lluvia que andaba pululando por la ciudad.
De todas maneras, y como es costumbre, a la cita asistieron todos.
Nunca hay una excusa para estas reuniones más que la celebración de la amistad, pero esta vez Sebas andaba con ganas de mostrarnos su última adquisición… Un LCD de demasiadas pulgadas.
Lo felicitamos por el nuevo integrante y nos preguntamos qué peli podríamos mirar para estrenarlo.
Me ofrecí a ir a buscar algunas al depto o elegir entre las cientos que tiene Sebas, pero parecía que había una sorpresa preparada para mí, porque fue Pablo el que le pidió a Ana que sacara lo que tenía en la cartera y dijo:
–¿Y si lo estrenamos con esto antes de que sea demasiado tarde?
Cuando me di cuenta de lo que se trataba, sentí una emoción por dentro, pero no por lo que era, sino por lo que significa para mí y sé que significa para el grupo.
Nos acomodamos en nuestros lugares frente a la gran pantalla, conectamos los parlantes, apagamos las luces, suspiramos hondo y, poniéndonos al día con nuestro propio manejo del tiempo, nos dispusimos a pasar el sábado on the night con la entrañable y postergada maratón de la última temporada de Lost.
A través del tiempo podemos apreciar en su totalidad las personas que deciden quedarse a nuestro lado y las que saludablemente emigran en dirección contraria.
Y es por eso que a esta altura de mi vida, cada día (tarde y noche) que pasa valoro tanto la relación recíproca que supe construir-fortalecer-aumentar-mantener con cada uno de mis amados amigos.
Y esto del tiempo viene porque, precisamente, durante el tiempo en que estuvimos algo alejado de ellos de una manera física por mi ida de la ciudad, y más allá e que la comunicación y los sentimientos se mantenían intactos, algunas cosas no se perdieron pero quedaron en pausa.
De todas maneras, cuando pegué la vuelta (“…porque siempre hay un regreso…”) nos pusimos al tanto de todo, menos de un rito que veníamos llevando y que se había visto interrumpido por la misma causa de mi lejanía.
Y la verdad es que después yo no me atreví a preguntar sobre el tema, y nadie nunca hablo del mismo, y sn embargo…
El sábado a la noche bajé al 2º piso a cenar una exagerada picada a lo de Sebas.
Me alegré de manera egoísta que se haya elegido un lugar que quedaba cinco pisos más abajo que mi depto. No por tener que realizar ningún viaje largo, sino por la lluvia que andaba pululando por la ciudad.
De todas maneras, y como es costumbre, a la cita asistieron todos.
Nunca hay una excusa para estas reuniones más que la celebración de la amistad, pero esta vez Sebas andaba con ganas de mostrarnos su última adquisición… Un LCD de demasiadas pulgadas.
Lo felicitamos por el nuevo integrante y nos preguntamos qué peli podríamos mirar para estrenarlo.
Me ofrecí a ir a buscar algunas al depto o elegir entre las cientos que tiene Sebas, pero parecía que había una sorpresa preparada para mí, porque fue Pablo el que le pidió a Ana que sacara lo que tenía en la cartera y dijo:
–¿Y si lo estrenamos con esto antes de que sea demasiado tarde?
Cuando me di cuenta de lo que se trataba, sentí una emoción por dentro, pero no por lo que era, sino por lo que significa para mí y sé que significa para el grupo.
Nos acomodamos en nuestros lugares frente a la gran pantalla, conectamos los parlantes, apagamos las luces, suspiramos hondo y, poniéndonos al día con nuestro propio manejo del tiempo, nos dispusimos a pasar el sábado on the night con la entrañable y postergada maratón de la última temporada de Lost.
viernes, 18 de febrero de 2011
215. fantasmagoria
-¿En qué estás pensando? –me preguntó Cris en algún momento.
–No lo desconcentres –le advirtió Sebas–. Está intentando poder tomar contacto con su “fantasma del amor”.
Sabía que en cuanto los chicos supieran lo de la habitación 202 y la sensación de esa presencia femenina con la que me desperté, las bromas estarían a la orden de día. Pero no me molestaba, por algo son mis amigos…
–Che, no jodan –protesté de manera tenue–. No se trata de un fantasma, sino de… de… algo así como un… una… Bueno, pero qué linda imagen, jejeje.
–Gastón, ya en bastantes problemas te metés con las mujeres del mundo real –me trajo al mundo Lore– como para que ahora andes en busca de un espíritu, ¿no te parece?
–¿Un espíritu? ¿Qué parte me perdí? –quiso saber Sergio, un tanto distraído– ¿Estuviste jugando al Juego de la Copa?
–No, lo que hizo fue jugar con una copa pero de vino. Seguro que te emborrachaste durante tu desenganche del fin de semana en el hotel y por eso viste a esa mujer –aventuró Sebas mientras no dejaba de reírse.
–Che, esperen un momento –detuvo el juego Cris, ya a esta altura con sus ojos salidos de su órbita, y haciendo un análisis más serio de la situación–. Si se trata de un espíritu, entonces es alguien que se encuentra muerto y que no te visitó para enamorarte, sino para que la ayudes en alguna cuestión de acá que le quedó inconclusa y por eso…
–De ser así –intervino Sergio intentando aportar soluciones– comunicate con un espiritista… o llamá a los Cazafantasmas, jajajaja.
Todos seguían en la joda esotérica a mi alrededor, y yo a esta altura ya no sabía qué pensar.
¿Sería una imagen real?
¿Fue algo que simplemente soñé?
¿Se trató de una señal?
¿Me estaré volviendo loco?
Mis preguntas fueron interrumpidas por la llegada de Pablo, quien muy serio y llevando puesto sus lentes intelectualoides que a veces le gusta usar, pasó por delante del grupo, se paró frente a mí y sacando del bolsillo interior de su saco una película me dijo:
–Mirá esto que seguramente te permita entender esto que te pasó.
Todos nos quedamos sorprendidos, curiosos, queriendo saber qué era.
–¿Qué es, un documental? –preguntó Cris con su inocencia a cuestas.
–No –contestó rápido Pablo ya sin poder aguantar que se le escape la mueca de la risa–, es la película de Tim Burton, “El cadáver de la novia”.
Por suerte, un rato después, mi tema dejó ser el central y comenzamos a pasar por una diversidad de temas “terrenales” por los cuales nos gusta pasear, opinar y filosofar.
Sin embargo, en mi interior, se dejaba sentir una nueva presencia…
–No lo desconcentres –le advirtió Sebas–. Está intentando poder tomar contacto con su “fantasma del amor”.
Sabía que en cuanto los chicos supieran lo de la habitación 202 y la sensación de esa presencia femenina con la que me desperté, las bromas estarían a la orden de día. Pero no me molestaba, por algo son mis amigos…
–Che, no jodan –protesté de manera tenue–. No se trata de un fantasma, sino de… de… algo así como un… una… Bueno, pero qué linda imagen, jejeje.
–Gastón, ya en bastantes problemas te metés con las mujeres del mundo real –me trajo al mundo Lore– como para que ahora andes en busca de un espíritu, ¿no te parece?
–¿Un espíritu? ¿Qué parte me perdí? –quiso saber Sergio, un tanto distraído– ¿Estuviste jugando al Juego de la Copa?
–No, lo que hizo fue jugar con una copa pero de vino. Seguro que te emborrachaste durante tu desenganche del fin de semana en el hotel y por eso viste a esa mujer –aventuró Sebas mientras no dejaba de reírse.
–Che, esperen un momento –detuvo el juego Cris, ya a esta altura con sus ojos salidos de su órbita, y haciendo un análisis más serio de la situación–. Si se trata de un espíritu, entonces es alguien que se encuentra muerto y que no te visitó para enamorarte, sino para que la ayudes en alguna cuestión de acá que le quedó inconclusa y por eso…
–De ser así –intervino Sergio intentando aportar soluciones– comunicate con un espiritista… o llamá a los Cazafantasmas, jajajaja.
Todos seguían en la joda esotérica a mi alrededor, y yo a esta altura ya no sabía qué pensar.
¿Sería una imagen real?
¿Fue algo que simplemente soñé?
¿Se trató de una señal?
¿Me estaré volviendo loco?
Mis preguntas fueron interrumpidas por la llegada de Pablo, quien muy serio y llevando puesto sus lentes intelectualoides que a veces le gusta usar, pasó por delante del grupo, se paró frente a mí y sacando del bolsillo interior de su saco una película me dijo:
–Mirá esto que seguramente te permita entender esto que te pasó.
Todos nos quedamos sorprendidos, curiosos, queriendo saber qué era.
–¿Qué es, un documental? –preguntó Cris con su inocencia a cuestas.
–No –contestó rápido Pablo ya sin poder aguantar que se le escape la mueca de la risa–, es la película de Tim Burton, “El cadáver de la novia”.
Por suerte, un rato después, mi tema dejó ser el central y comenzamos a pasar por una diversidad de temas “terrenales” por los cuales nos gusta pasear, opinar y filosofar.
Sin embargo, en mi interior, se dejaba sentir una nueva presencia…
lunes, 14 de febrero de 2011
214. en el interior de la "202"
Fernanda no volvió a aparecer y yo no realicé ningún movimiento por lograr su presencia nuevamente por estos lados.
Laura reapareció pero sólo para mandarme un mensajito en el que se quejaba por mi ida-huida, dejando al descubierto su mala geografía al no poder ver que la que siempre se (me) aleja es ella.
Y entonces surgió el fin de semana…
Un fin de semana que fue como el inicio de algo mucho más grande que una semana.
Si para comenzar algo, primero se debe terminar, estos días daban una muestra fehaciente de lo mismo.
El viernes me comuniqué con los chicos y les dije que no se preocupen por mí, que estaba bien, pero que el finde me iba a desconectar del mundo.
Sé que ellos me quieren tanto que son capaces de no hacer caso alguno a mi mensaje y venir en patota a montar una festichola en el depto, por si mi ánimo anda sin gran altura. Pero la verdad es que yo me sentía bien, sólo que quería ordenar mi mente, afinar mi corazón, regresar mi alma al cuerpo, renovarme por completo. Entonces me metí en un hotel del microcentro para pasar el finde en una habitación a solas, sin comunicación externa alguna, en silencio, en paz, en tranquilidad.
Arreglé el precio, llené una hojita con mis datos básicos, y el conserje me entregó el llaverito con el número 202 de mi habitación.
Una cama enorme, un ventanal de gruesas cortinas para batallar al sol y los curiosos, un aire acondicionado saludable, un ventilador de techo peligroso (siempre me dieron miedo por… motivos obvios), y un televisor mediano de pantalla plana que mantuve apagado la mayor parte del tiempo.
Y salvo para bajar a comer, cenar, y desayunar, después estuve en silencio, desnudo, en total soledad, imaginando, recordando, soñando, disfrutando entre esas cuatro paredes extrañas peladas de familiaridad alguna.
Durante la madrugada, mientras dormía inundado de almohadas, algo extraño, inesperado, mágico sucedió…
Me desperté repentinamente pero no sobresaltado.
La habitación estaba a oscuras pero un poquito de luz artificial entraba y fue entonces que busqué con la mirada y hasta acerqué mi mano para tocar la parte vacía de la gran cama.
Y es que tuve la sensación de que una chica, una mujer estaba ahí acostada a mi lado. Pude verle la cara, enredarme en su pelo largo, recorrer su cuerpo de curvas, escuchar su sonrisa, entablar una charla, dormirme abrazado a ella.
Pero me desperté y ella no estaba. Sin embargo no lo había soñado.
Ella había estado ahí, conmigo, y yo con ella.
¿Quién era?
No lo sé… No la conocía, pero la había visto bien, muy bien.
Y fue entonces que decidí ir en su búsqueda…
Laura reapareció pero sólo para mandarme un mensajito en el que se quejaba por mi ida-huida, dejando al descubierto su mala geografía al no poder ver que la que siempre se (me) aleja es ella.
Y entonces surgió el fin de semana…
Un fin de semana que fue como el inicio de algo mucho más grande que una semana.
Si para comenzar algo, primero se debe terminar, estos días daban una muestra fehaciente de lo mismo.
El viernes me comuniqué con los chicos y les dije que no se preocupen por mí, que estaba bien, pero que el finde me iba a desconectar del mundo.
Sé que ellos me quieren tanto que son capaces de no hacer caso alguno a mi mensaje y venir en patota a montar una festichola en el depto, por si mi ánimo anda sin gran altura. Pero la verdad es que yo me sentía bien, sólo que quería ordenar mi mente, afinar mi corazón, regresar mi alma al cuerpo, renovarme por completo. Entonces me metí en un hotel del microcentro para pasar el finde en una habitación a solas, sin comunicación externa alguna, en silencio, en paz, en tranquilidad.
Arreglé el precio, llené una hojita con mis datos básicos, y el conserje me entregó el llaverito con el número 202 de mi habitación.
Una cama enorme, un ventanal de gruesas cortinas para batallar al sol y los curiosos, un aire acondicionado saludable, un ventilador de techo peligroso (siempre me dieron miedo por… motivos obvios), y un televisor mediano de pantalla plana que mantuve apagado la mayor parte del tiempo.
Y salvo para bajar a comer, cenar, y desayunar, después estuve en silencio, desnudo, en total soledad, imaginando, recordando, soñando, disfrutando entre esas cuatro paredes extrañas peladas de familiaridad alguna.
Durante la madrugada, mientras dormía inundado de almohadas, algo extraño, inesperado, mágico sucedió…
Me desperté repentinamente pero no sobresaltado.
La habitación estaba a oscuras pero un poquito de luz artificial entraba y fue entonces que busqué con la mirada y hasta acerqué mi mano para tocar la parte vacía de la gran cama.
Y es que tuve la sensación de que una chica, una mujer estaba ahí acostada a mi lado. Pude verle la cara, enredarme en su pelo largo, recorrer su cuerpo de curvas, escuchar su sonrisa, entablar una charla, dormirme abrazado a ella.
Pero me desperté y ella no estaba. Sin embargo no lo había soñado.
Ella había estado ahí, conmigo, y yo con ella.
¿Quién era?
No lo sé… No la conocía, pero la había visto bien, muy bien.
Y fue entonces que decidí ir en su búsqueda…
miércoles, 9 de febrero de 2011
213. ojos que ven, corazón que siente
La piratería de estos tiempos y lejos del mar, tiene el gusto popular por los días jueves, y como zona de encuentros los lugares donde la suma total de personas sea la menor e indispensable.
Ahora, si uno no tiene nada que ocultar, puede elegir del almanaque un fin de semana y la cita que sea en un bar de Palermo con mesa en la vereda, lo que significa un montón de ojos curiosos que no molestan.
Sin embargo…
Me encontraba mirando los primeros quince minutos de una película que prometía ser interesante cuando tocaron el timbre.
Cuando abro la puerta me encuentro con Lorena que me pregunta:
–¿Qué hiciste?
–Me levanté del sillón y abrí la puerta cuando tocaste el timbre.
–Dale Gastón, te hablo en serio –dijo Lore pasando mientras yo notaba que su cara tenía un gesto de enojo y de preocupación–. ¿Estuviste con Laura?
No sabía cómo se había enterado pero, como decía más arriba, no tenía nada que ocultar.
–Sí, me encontré con ella, pero fue para (intentar) dejar aclarado todo lo que estaba cubierto de un manto algo gris. Necesitaba preguntarle unas cosas para poder…
–Fernanda te vio –me interrumpió Lore para darme la noticia importante–. Y me llamó y se enojó conmigo porque el otro día me vio cuando yo hablaba en la esquina con Laura y piensa que yo estoy metida en el medio de esa relación. Se cree que yo me fui con laura porque ella venía para acá y así salvarte a vos.
–Uff… Bueno, la llamo a Fer y trato de explicarle –dije yo con toda inocencia.
–¿No te llamó todavía?
Yo había dejado el celu perdido en el depto como casi siempre, y la verdad es que me había olvidado de su existencia. Cuando lo encontré debajo de las almohadas, también me encontré con una interesante cantidad de llamadas perdidas (y algunos mensajes nada amorosos) de Fernanda.
–¿Qué vas a hacer? –me preguntó Lore.
–Nada. Supongo que debe estar por venir Fernanda a…
El timbre interrumpió con acertada exactitud mi vaticinio.
Al abrir la puerta Fernanda estaba ¿Enojada? ¿Furiosa? ¿Descontrolada?
Sí, todo eso y mucho más…
Sin repetir, sin soplar, y sin darme tiempo a mí a decir absolutamente nada, Fernanda me lanzó una serie de insultos agudos e ingeniosos y su despedida fue un “y no te quiero volver a ver nunca más” que acompañó con un sonoro portazo que hizo temblar más que mi esqueleto.
Supongo que algunas veces, el querer empezar a hacer las cosas bien, también tiene sus consecuencias…
Ahora, si uno no tiene nada que ocultar, puede elegir del almanaque un fin de semana y la cita que sea en un bar de Palermo con mesa en la vereda, lo que significa un montón de ojos curiosos que no molestan.
Sin embargo…
Me encontraba mirando los primeros quince minutos de una película que prometía ser interesante cuando tocaron el timbre.
Cuando abro la puerta me encuentro con Lorena que me pregunta:
–¿Qué hiciste?
–Me levanté del sillón y abrí la puerta cuando tocaste el timbre.
–Dale Gastón, te hablo en serio –dijo Lore pasando mientras yo notaba que su cara tenía un gesto de enojo y de preocupación–. ¿Estuviste con Laura?
No sabía cómo se había enterado pero, como decía más arriba, no tenía nada que ocultar.
–Sí, me encontré con ella, pero fue para (intentar) dejar aclarado todo lo que estaba cubierto de un manto algo gris. Necesitaba preguntarle unas cosas para poder…
–Fernanda te vio –me interrumpió Lore para darme la noticia importante–. Y me llamó y se enojó conmigo porque el otro día me vio cuando yo hablaba en la esquina con Laura y piensa que yo estoy metida en el medio de esa relación. Se cree que yo me fui con laura porque ella venía para acá y así salvarte a vos.
–Uff… Bueno, la llamo a Fer y trato de explicarle –dije yo con toda inocencia.
–¿No te llamó todavía?
Yo había dejado el celu perdido en el depto como casi siempre, y la verdad es que me había olvidado de su existencia. Cuando lo encontré debajo de las almohadas, también me encontré con una interesante cantidad de llamadas perdidas (y algunos mensajes nada amorosos) de Fernanda.
–¿Qué vas a hacer? –me preguntó Lore.
–Nada. Supongo que debe estar por venir Fernanda a…
El timbre interrumpió con acertada exactitud mi vaticinio.
Al abrir la puerta Fernanda estaba ¿Enojada? ¿Furiosa? ¿Descontrolada?
Sí, todo eso y mucho más…
Sin repetir, sin soplar, y sin darme tiempo a mí a decir absolutamente nada, Fernanda me lanzó una serie de insultos agudos e ingeniosos y su despedida fue un “y no te quiero volver a ver nunca más” que acompañó con un sonoro portazo que hizo temblar más que mi esqueleto.
Supongo que algunas veces, el querer empezar a hacer las cosas bien, también tiene sus consecuencias…
sábado, 5 de febrero de 2011
212. camino de ida
Es difícil...
Sí, es difícil y no puedo negarlo...
El otro día, o mejor dicho, al otro día Fernanda se fue muy contenta del depto y aunque verla así me dejaba tranquilo, yo sabía que le había dicho estar de acuerdo en algo que no sabía que era.
Sin embargo quería comenzar a respirar un poco de aire puro, y la mejor manera era no meterme en problemas, aunque esa siempre fue mi afición preferida, sobre todo cuando hay mujeres en el medio.
Y en este preciso momento, había una mujer en el centro de mi ser que no hacía más que moverme el piso, y no tenía ya más ganas de esa clase de terremoto interno que no hacía más que provocarme caídas dolorosas.
Y esa mujer, era Laura...
Es difícil...
Sí, es difícil y no puedo negarlo...
Nos encontramos a la tardecita en un bar de Palermo.
La temperatura agradable, la esquina tranquila, y su presencia sentada frente a mí, mientras el mozo nos traía dos daiquiris de durazno.
–Gas, disculpame por todo el mal que te causé con mi ida. –comenzó diciendo Laura.
La verdad es que yo no tenía ganas de ahondar en el tema, pero de alguna manera necesitaba saber porqué se había alejado de la manera que lo hizo de mí.
–¿Y por qué te fuiste entonces?
–Por mi ex-marido. Él se había enterado de lo nuestro por unos mensajes nuestros en mi celular. Los papeles del divorcio no habían salido, y esta relación podía perjudicarme mucho con mi hijo, ¿entendés?
Podía entender la situación.
Podía justificar su acción.
Podía comprender lo que había pasado.
Pero no podía soportar lo que me estaba por decir...
Es difícil...
Sí, es difícil y no puedo negarlo...
–Y... ¿ahora cómo sigue tu estado civil?
–Desde noviembre soy una mujer divorciada.
-Bueno, felicitaciones –le dije levantando el vaso con lo que quedaba del daiquiri–. ¿Y fue por eso que reapareciste?
–Hmmm...
–¿Qué significa eso?
–Gas, por vos sentí... y siento, un amor muy grande, muy importante. Pero nosotros no podemos estar juntos, por lo que te dije antes y... otras cosas más.
–¿Otras cosas más? Lau, ya que estamos acá tratá de ser clara y decime lo que me tengas que decir.
–Bueno... Estoy conociendo a alguien... Una persona que me presentaron y... Me hace sentir bien, pero la verdad es que se me hace difícil comenzar algo con otra persona porque no te puedo sacar de la cabeza, de mi corazón.
Es difícil...
Sí, es difícil y no puedo negarlo...
Pagué los tragos, me levanté de la mesa, le deseé suerte con su nuevo emprendimiento de vida, y me fui del lugar sin mirar hacia atrás.
Lo mejor era dejar que cada uno pueda reiniciar su historia sin interferencias.
A ella la esperaba alguien que podía estar con ella y que no era yo.
A mí me esperaba una segunda oportunidad con Fernanda, una segunda oportunidad que Laura a mí no me dio.
Es difícil...
Sí, es difícil y no puedo negarlo...
Pero quizás sea mejor así...
Sí, es difícil y no puedo negarlo...
El otro día, o mejor dicho, al otro día Fernanda se fue muy contenta del depto y aunque verla así me dejaba tranquilo, yo sabía que le había dicho estar de acuerdo en algo que no sabía que era.
Sin embargo quería comenzar a respirar un poco de aire puro, y la mejor manera era no meterme en problemas, aunque esa siempre fue mi afición preferida, sobre todo cuando hay mujeres en el medio.
Y en este preciso momento, había una mujer en el centro de mi ser que no hacía más que moverme el piso, y no tenía ya más ganas de esa clase de terremoto interno que no hacía más que provocarme caídas dolorosas.
Y esa mujer, era Laura...
Es difícil...
Sí, es difícil y no puedo negarlo...
Nos encontramos a la tardecita en un bar de Palermo.
La temperatura agradable, la esquina tranquila, y su presencia sentada frente a mí, mientras el mozo nos traía dos daiquiris de durazno.
–Gas, disculpame por todo el mal que te causé con mi ida. –comenzó diciendo Laura.
La verdad es que yo no tenía ganas de ahondar en el tema, pero de alguna manera necesitaba saber porqué se había alejado de la manera que lo hizo de mí.
–¿Y por qué te fuiste entonces?
–Por mi ex-marido. Él se había enterado de lo nuestro por unos mensajes nuestros en mi celular. Los papeles del divorcio no habían salido, y esta relación podía perjudicarme mucho con mi hijo, ¿entendés?
Podía entender la situación.
Podía justificar su acción.
Podía comprender lo que había pasado.
Pero no podía soportar lo que me estaba por decir...
Es difícil...
Sí, es difícil y no puedo negarlo...
–Y... ¿ahora cómo sigue tu estado civil?
–Desde noviembre soy una mujer divorciada.
-Bueno, felicitaciones –le dije levantando el vaso con lo que quedaba del daiquiri–. ¿Y fue por eso que reapareciste?
–Hmmm...
–¿Qué significa eso?
–Gas, por vos sentí... y siento, un amor muy grande, muy importante. Pero nosotros no podemos estar juntos, por lo que te dije antes y... otras cosas más.
–¿Otras cosas más? Lau, ya que estamos acá tratá de ser clara y decime lo que me tengas que decir.
–Bueno... Estoy conociendo a alguien... Una persona que me presentaron y... Me hace sentir bien, pero la verdad es que se me hace difícil comenzar algo con otra persona porque no te puedo sacar de la cabeza, de mi corazón.
Es difícil...
Sí, es difícil y no puedo negarlo...
Pagué los tragos, me levanté de la mesa, le deseé suerte con su nuevo emprendimiento de vida, y me fui del lugar sin mirar hacia atrás.
Lo mejor era dejar que cada uno pueda reiniciar su historia sin interferencias.
A ella la esperaba alguien que podía estar con ella y que no era yo.
A mí me esperaba una segunda oportunidad con Fernanda, una segunda oportunidad que Laura a mí no me dio.
Es difícil...
Sí, es difícil y no puedo negarlo...
Pero quizás sea mejor así...
miércoles, 2 de febrero de 2011
211. jugando con fuego
Otra vez los golpes en la puerta, como si alguien estuviese apurado por entrar, por decirme algo, por…
–¿No vas a abrir? –me preguntó totalmente relajada pero extrañada Fernanda.
–Sí, claro.
Y no me quedó otra que abrir la puerta y encontrarme con…
–Gastón, tengo que hablar con vos.
–Ok, te escucho –dije, y tomando aire, pregunté–: ¿Qué pasa Sebas?
Sebas había visto a Lorena con Laura conversando en la esquina, al igual que antes lo había hecho Fernanda, pero con la diferencia que él sí sabía de Laura. Por suerte entendió mi gesto con la mirada, y cuando vio que yo estaba acompañado de Fernanda, simplemente dijo:
–Quiero que… que sepas que te quiero mucho, y que “Actividad paranormal 2” es malísima–. Saludó a Fernanda y se fue raudamente como había venido a tirarme la puerta abajo.
–¿Y eso, qué fue? –preguntó Fer con lógico desconcierto.
–Nada, ya sabés como es cada uno de los chicos, y ahora Sebas anda con la idea de ser crítico de cine.
Nos reímos un poco, tomamos un traguito de la bebida que teníamos entre las manos, y volvimos a la realidad.
–Bueno, vos querías decirme algo, ¿no? –ataqué pero dejándole la pelota a ella.
–Sí Gas, y es con respecto a lo del mensaje de la otra noche y… La verdad es que siento que la otra vez me desubiqué al molestarme cuando nos vimos. Y si vos decís que ese mensaje no es nada para vos, o la chica que te lo mandó ya no significa nada, yo quiero empezar a creerte. Además, si nosotros vamos a ver si comenzamos de nuevo…
¿Comenzar de nuevo?
Me pregunté eso para mí mismo porque, más allá de que me sentía y me siento cómodo con Fer, y quizás tengo cierta intención de ver qué pasa con ella de nuevo, al escucharlo en su boca me sonó muy fuerte, muy intenso.
Y mientras Fernanda continuaba hablando de “nosotros”, a mí me seguía retumbando por un lado su frasecita, y por otro el querer saber cómo seguía la “reunión” entre Lore y Lau.
–¿Vos que pensás de esto que te dije, Gas? –me preguntó de pronto Fernanda.
¿Qué responder? Yo no había escuchado nada por estar aturdido con mis propios pensamientos. Y si le pedía que me repita todo no iba a terminar bien la charla. Por lo tanto tomé coraje, me puse en manos del Universo, y dije:
–¡Estoy de acuerdo!
–¿De verdad? ¬–me repreguntó Fernanda mientras con una sonrisa en la cara me abrazaba y me daba un dulce y asfixiante beso.
Yo no tenía ni idea a qué había dicho yo estar de acuerdo, pero me dejé invadir por esos besos… hasta que me llegó un mensaje al celu.
–¿Pasó algo? –quiso saber Fernanda al ver que me disponía a contestar el mensaje.
–No, es Sebas de nuevo con otra crítica cinematográfica –le hice saber–. Esperá que le digo que por hoy me deje tranqui que tengo un lindo espectáculo acá en casa.
Fernanda se rió agradecida mientras pasaba al baño.
Y yo aproveché para contestar el mensaje que, en realidad, me había enviado Laura, y confirmarle que el finde nos encontramos para conversar.
–¿No vas a abrir? –me preguntó totalmente relajada pero extrañada Fernanda.
–Sí, claro.
Y no me quedó otra que abrir la puerta y encontrarme con…
–Gastón, tengo que hablar con vos.
–Ok, te escucho –dije, y tomando aire, pregunté–: ¿Qué pasa Sebas?
Sebas había visto a Lorena con Laura conversando en la esquina, al igual que antes lo había hecho Fernanda, pero con la diferencia que él sí sabía de Laura. Por suerte entendió mi gesto con la mirada, y cuando vio que yo estaba acompañado de Fernanda, simplemente dijo:
–Quiero que… que sepas que te quiero mucho, y que “Actividad paranormal 2” es malísima–. Saludó a Fernanda y se fue raudamente como había venido a tirarme la puerta abajo.
–¿Y eso, qué fue? –preguntó Fer con lógico desconcierto.
–Nada, ya sabés como es cada uno de los chicos, y ahora Sebas anda con la idea de ser crítico de cine.
Nos reímos un poco, tomamos un traguito de la bebida que teníamos entre las manos, y volvimos a la realidad.
–Bueno, vos querías decirme algo, ¿no? –ataqué pero dejándole la pelota a ella.
–Sí Gas, y es con respecto a lo del mensaje de la otra noche y… La verdad es que siento que la otra vez me desubiqué al molestarme cuando nos vimos. Y si vos decís que ese mensaje no es nada para vos, o la chica que te lo mandó ya no significa nada, yo quiero empezar a creerte. Además, si nosotros vamos a ver si comenzamos de nuevo…
¿Comenzar de nuevo?
Me pregunté eso para mí mismo porque, más allá de que me sentía y me siento cómodo con Fer, y quizás tengo cierta intención de ver qué pasa con ella de nuevo, al escucharlo en su boca me sonó muy fuerte, muy intenso.
Y mientras Fernanda continuaba hablando de “nosotros”, a mí me seguía retumbando por un lado su frasecita, y por otro el querer saber cómo seguía la “reunión” entre Lore y Lau.
–¿Vos que pensás de esto que te dije, Gas? –me preguntó de pronto Fernanda.
¿Qué responder? Yo no había escuchado nada por estar aturdido con mis propios pensamientos. Y si le pedía que me repita todo no iba a terminar bien la charla. Por lo tanto tomé coraje, me puse en manos del Universo, y dije:
–¡Estoy de acuerdo!
–¿De verdad? ¬–me repreguntó Fernanda mientras con una sonrisa en la cara me abrazaba y me daba un dulce y asfixiante beso.
Yo no tenía ni idea a qué había dicho yo estar de acuerdo, pero me dejé invadir por esos besos… hasta que me llegó un mensaje al celu.
–¿Pasó algo? –quiso saber Fernanda al ver que me disponía a contestar el mensaje.
–No, es Sebas de nuevo con otra crítica cinematográfica –le hice saber–. Esperá que le digo que por hoy me deje tranqui que tengo un lindo espectáculo acá en casa.
Fernanda se rió agradecida mientras pasaba al baño.
Y yo aproveché para contestar el mensaje que, en realidad, me había enviado Laura, y confirmarle que el finde nos encontramos para conversar.
sábado, 29 de enero de 2011
210. puerta giratoria
Laura estaba debajo del marco de la puerta, y yo mirándola sin poder creerlo.
¿Qué hacía acá?
¿Por qué había regresado?
¿Qué estaba buscando?
¿Qué quería de mí?
¿Por qué estaba tan linda…?
Mis pies, mis manos, mi cuerpo no se movía, y mi boca apenas podía balbucear algo. Sólo miso ojos tenían movimiento, pero estaban clavados en ella.
–¿Puedo pasar? –me preguntó al mismo tiempo que comenzaba a avanzar hacia el interior del depto.
La seguí con la mirada y escuché cómo saludaba a Lorena, quién le respondió el saludo pero sin saber quién era. Eso hasta que Laura dijo su nombre y Lorena me miró de manera automática.
Yo no sabía… Yo no podía… (yo no quería…)
Lore entendió enseguida lo que me pasaba y, tomando la iniciativa, le pidió a Laura, con amabilidad y firmeza, que la acompañase un momento afuera.
Laura sorprendida accedió, y yo simplemente me quedé observando la escena.
–Gastón, no te preocupes, está todo bien. Yo me encargo. Después hablamos –me dijo Lore al oído mientras se retiraba del lugar con Laura.
Sé que no actué de la mejor manera, pero sé que tampoco podía actuar de la mejor manera. Y por eso Lorena sacó de adelante mío a Laura. No iba a haber ninguna pelea, pero seguramente, en nombre de la amistad, le iba a pedir explicaciones a Laura o simplemente le pediría que, por mi propio bien, se alejase de mí.
Era evidente que no podía hacerlo solo y necesitaba ayuda, y qué mejor en este caso que el de una amiga como Lore.
Habrán pasado diez minutos cuando el timbre otra vez y aunque mis pies ya respondían, noté su paso inseguro al acercarme a la puerta para abrirla.
–Ah, bueno… ¿No me pudiste esperar para compartirla o tenías mucha sed? –me saludó Fernanda con una sonrisa al ver la botellita casi vacía de Dr. Lemon en mi mano.
Me sorprendió ver a Fer aunque sabía que venía y la estaba esperando.
Y también sentí una mezcla de alegría, alivio, confusión, y energía.
Traté de calmar y disimular mis nervios ante la escena de unos pocos minutos atrás, por lo que le ofrecí traerle una botellita de su bebida preferida, mientras yo agarraba otra para mí.
–Gas, ¿puede ser que en la esquina estuviese Lorena con una chica? No me acerqué porque parecía que estaban discutiendo y, además si era ella, seguramente había estado o venía después para acá.
–Ehhh… –contesté a modo de respuesta certera. Y es que no era tranquilizador saber que Lore y Laura estaban a pocos metros y encima…
Mi pensamiento fue interrumpido por los golpes en la puerta, y creo que en ese momento mi alma se escapó volando por la ventana.
Si era Lorena se podía disimular la situación para que Fernanda no se entere, pero y si no era ella y se trataba de…
Otra vez los golpes en la puerta, como si alguien estuviese apurado por entrar, por decirme algo, por…
–¿No vas a abrir? –me preguntó totalmente relajada pero extrañada Fernanda.
–Sí, claro.
Y no me quedó otra que abrir la puerta y encontrarme con…
–Gastón, tengo que hablar con vos.
¿Qué hacía acá?
¿Por qué había regresado?
¿Qué estaba buscando?
¿Qué quería de mí?
¿Por qué estaba tan linda…?
Mis pies, mis manos, mi cuerpo no se movía, y mi boca apenas podía balbucear algo. Sólo miso ojos tenían movimiento, pero estaban clavados en ella.
–¿Puedo pasar? –me preguntó al mismo tiempo que comenzaba a avanzar hacia el interior del depto.
La seguí con la mirada y escuché cómo saludaba a Lorena, quién le respondió el saludo pero sin saber quién era. Eso hasta que Laura dijo su nombre y Lorena me miró de manera automática.
Yo no sabía… Yo no podía… (yo no quería…)
Lore entendió enseguida lo que me pasaba y, tomando la iniciativa, le pidió a Laura, con amabilidad y firmeza, que la acompañase un momento afuera.
Laura sorprendida accedió, y yo simplemente me quedé observando la escena.
–Gastón, no te preocupes, está todo bien. Yo me encargo. Después hablamos –me dijo Lore al oído mientras se retiraba del lugar con Laura.
Sé que no actué de la mejor manera, pero sé que tampoco podía actuar de la mejor manera. Y por eso Lorena sacó de adelante mío a Laura. No iba a haber ninguna pelea, pero seguramente, en nombre de la amistad, le iba a pedir explicaciones a Laura o simplemente le pediría que, por mi propio bien, se alejase de mí.
Era evidente que no podía hacerlo solo y necesitaba ayuda, y qué mejor en este caso que el de una amiga como Lore.
Habrán pasado diez minutos cuando el timbre otra vez y aunque mis pies ya respondían, noté su paso inseguro al acercarme a la puerta para abrirla.
–Ah, bueno… ¿No me pudiste esperar para compartirla o tenías mucha sed? –me saludó Fernanda con una sonrisa al ver la botellita casi vacía de Dr. Lemon en mi mano.
Me sorprendió ver a Fer aunque sabía que venía y la estaba esperando.
Y también sentí una mezcla de alegría, alivio, confusión, y energía.
Traté de calmar y disimular mis nervios ante la escena de unos pocos minutos atrás, por lo que le ofrecí traerle una botellita de su bebida preferida, mientras yo agarraba otra para mí.
–Gas, ¿puede ser que en la esquina estuviese Lorena con una chica? No me acerqué porque parecía que estaban discutiendo y, además si era ella, seguramente había estado o venía después para acá.
–Ehhh… –contesté a modo de respuesta certera. Y es que no era tranquilizador saber que Lore y Laura estaban a pocos metros y encima…
Mi pensamiento fue interrumpido por los golpes en la puerta, y creo que en ese momento mi alma se escapó volando por la ventana.
Si era Lorena se podía disimular la situación para que Fernanda no se entere, pero y si no era ella y se trataba de…
Otra vez los golpes en la puerta, como si alguien estuviese apurado por entrar, por decirme algo, por…
–¿No vas a abrir? –me preguntó totalmente relajada pero extrañada Fernanda.
–Sí, claro.
Y no me quedó otra que abrir la puerta y encontrarme con…
–Gastón, tengo que hablar con vos.
jueves, 27 de enero de 2011
209. vienen llegando
Hice lo que hace un caballero de la Edad Media partido al medio, o un hombre de estos tiempos pero sin relojes ni almanaques, o un cobarde metafísico, o un príncipe valiente sin Título, o…
Fernanda me había llamado en la madrugada para decirme que iba a venir para que hablemos, para que aclaremos los últimos sucesos, y sin embargo no apareció. Habrá tenido sus motivos, y yo inventé los míos para no hacerle saber que la estaba esperando.
Al otro día tampoco lo hizo ni tampoco avisó de su ausencia, y yo seguí en mi estado exterior aunque mi interior se mostraba algo ansioso.
Es como que de pronto tenía ganas de empezar a hacer las cosas bien, y sin embargo me tropezaba con las piedras que dejaban otros en el camino, o caía en la telaraña perfumada para el ataque letal.
Estaba atrapado en estos pensamientos cuando recibí un mensaje de Fernanda que me anunciaba que estaba en camino.
Me puse a ordenar un poquito y para hacer tiempo destapé una de las botellitas de Dr. Lemon que había comprado sabiendo de sus gustos. De pronto sonó el timbre y fui a abrir imaginando que era Fer, pero no, era Lorena.
–¿Qué hacés acá? –le pregunté sorprendido pero siempre gustoso de su visita.
–¡Hola Gastón! –me saludó y se sentó en el sillón mientras yo iba en busca de otra botellita –. Nada, vine porque quiero hablar con vos sobre lo del otro día.
–¿Qué cosa del otro día?
–Vos sabés que te quiero mucho, sos mi amigo y siempre voy a querer que estés bien. Por eso es que no quiero que te enganches otra vez con esa Laura.
No dije nada. Yo sé las razones de su miedo, pero Lore igual me lo recordó.
–Gas, vos quizás no recuerdes o no tomes consciencia de cómo estuviste durante demasiado tiempo después de que Laura se fue. Yo no sé qué intenciones puede llegar a tener ahora, pero no quiero que te vuelva a lastimar. A todos nos costó levantarte de allá abajo para que ahora estés a punto de caer de nuevo. Supongo que te será difícil, pero creo que lo mejor es que la cortes ya y definitivamente. Además te reencontraste con Fernanda, y si querés estar en verdad con ella…
Sí, yo sabía cuál era el miedo de Lorena y el del resto de la barra.
En algún momento, inmediatamente después de la ida de Laura, yo había tocado fondo y el suelo era de arenas movedizas.
No podía permitirme otra vez ese estado, esa caída infinita.
Tenía que hacer algo, tomar una decisión, tenía que…
El sonido del timbre interrumpió la charla exterior y los pensamientos interiores, pero no importaba. Fernanda había llegado y era mejor apuntar hacia ella y hacer todo lo posible por estar bien, haciendo bien las cosas.
–Dejame que la saludo a Fer y después me voy para que charlen tranquilos –dijo Lorena mientras se levantaba del sillón.
–Mirá cómo te estamos esperando –dije yo mientras abría la puerta y mostraba la botellita de sus delicias.
–¡Gracias! Nunca lo probé, pero me dijeron que es rico.
Yo me quedé paralizado. No por su respuesta, sino por quién la había pronunciado.
–Laura… –exclamé con un hilo de voz que no se alcanzó a escuchar.
Fernanda me había llamado en la madrugada para decirme que iba a venir para que hablemos, para que aclaremos los últimos sucesos, y sin embargo no apareció. Habrá tenido sus motivos, y yo inventé los míos para no hacerle saber que la estaba esperando.
Al otro día tampoco lo hizo ni tampoco avisó de su ausencia, y yo seguí en mi estado exterior aunque mi interior se mostraba algo ansioso.
Es como que de pronto tenía ganas de empezar a hacer las cosas bien, y sin embargo me tropezaba con las piedras que dejaban otros en el camino, o caía en la telaraña perfumada para el ataque letal.
Estaba atrapado en estos pensamientos cuando recibí un mensaje de Fernanda que me anunciaba que estaba en camino.
Me puse a ordenar un poquito y para hacer tiempo destapé una de las botellitas de Dr. Lemon que había comprado sabiendo de sus gustos. De pronto sonó el timbre y fui a abrir imaginando que era Fer, pero no, era Lorena.
–¿Qué hacés acá? –le pregunté sorprendido pero siempre gustoso de su visita.
–¡Hola Gastón! –me saludó y se sentó en el sillón mientras yo iba en busca de otra botellita –. Nada, vine porque quiero hablar con vos sobre lo del otro día.
–¿Qué cosa del otro día?
–Vos sabés que te quiero mucho, sos mi amigo y siempre voy a querer que estés bien. Por eso es que no quiero que te enganches otra vez con esa Laura.
No dije nada. Yo sé las razones de su miedo, pero Lore igual me lo recordó.
–Gas, vos quizás no recuerdes o no tomes consciencia de cómo estuviste durante demasiado tiempo después de que Laura se fue. Yo no sé qué intenciones puede llegar a tener ahora, pero no quiero que te vuelva a lastimar. A todos nos costó levantarte de allá abajo para que ahora estés a punto de caer de nuevo. Supongo que te será difícil, pero creo que lo mejor es que la cortes ya y definitivamente. Además te reencontraste con Fernanda, y si querés estar en verdad con ella…
Sí, yo sabía cuál era el miedo de Lorena y el del resto de la barra.
En algún momento, inmediatamente después de la ida de Laura, yo había tocado fondo y el suelo era de arenas movedizas.
No podía permitirme otra vez ese estado, esa caída infinita.
Tenía que hacer algo, tomar una decisión, tenía que…
El sonido del timbre interrumpió la charla exterior y los pensamientos interiores, pero no importaba. Fernanda había llegado y era mejor apuntar hacia ella y hacer todo lo posible por estar bien, haciendo bien las cosas.
–Dejame que la saludo a Fer y después me voy para que charlen tranquilos –dijo Lorena mientras se levantaba del sillón.
–Mirá cómo te estamos esperando –dije yo mientras abría la puerta y mostraba la botellita de sus delicias.
–¡Gracias! Nunca lo probé, pero me dijeron que es rico.
Yo me quedé paralizado. No por su respuesta, sino por quién la había pronunciado.
–Laura… –exclamé con un hilo de voz que no se alcanzó a escuchar.
martes, 25 de enero de 2011
208. lunes por la madrugada
Llegué a la medianoche y la pasé…
La una, las dos, las dos y media de la mañana y yo con los ojos bien abiertos contemplando la ciudad desde mi 7º piso.
La noche era un infierno y yo trataba de que las cenizas no se vuelvan a encender por medio de un frío y exquisito “Cosecha Tardía”.
Pasaron 13 minutos de las tres, y me dirigí con mi paso inestable en busca del celular. Y una vez en mis manos, hice lo que la gran mayoría realiza a escondidas de miradas curiosas…
Busqué el mensaje que tenía guardado (¿por qué?) y lo volví a leer (¿por qué?):
“Aún te recuerdo”
Y más que preguntarme por mis actos de guardar el mensaje y releerlo, debería preguntarme por qué Laura me manda ese mensaje.
La última vez que nos vimos estábamos haciendo el amor…
Después de sus temblores y de desarmarme sobre ella, nos miramos a los ojos y besé su sonrisa mientras sentía que mi alma seguía volando por la habitación.
Me acuerdo que podía ver su espalda por la luz de la ciudad que entraba por la ventana. Ella dormía y yo con los ojos tan abiertos recorriéndole con mi mano las piernas mientras con mis labios su espalda.
Y abrazado a ella me quedé dormido entre dulces sueños para un amargo despertar… ¡Se había ido!
La última vez que la vi ella no me vio…
Porque días después salí a buscarla por la ciudad y pude verla junto a su ex, tomada de su mano mientras caminaba pisoteando mi corazón.
¿Y ahora?
¿Qué es lo que estoy por hacer?
¿Puedo estar tan borracho como para marcar su número?
Son las tres y media de la mañana.
¿Despertarla para qué? ¿Para decirle qué?
Además… ¿Y si me atiende él?
¿Y si tiene problemas con su marido por mi llamado?
Estaba maldiciendo por dentro mi mareo mental cuando el celular comienza a sonar en mi mano. Me asusto, se me cae al suelo, pero sigue sonando como si nada, acostumbrado a andar siempre cayendo. Lo levanto, me siento en el piso, y atiendo el llamado.
–Hola, ¿te desperté? –me saluda y pregunta esa voz que conozco demasiado.
–No, la verdad que el calor me tenía algo insomne y estaba levantado hac…
–Yo también estaba sin poder dormirme… Y estaba pensando en vos… En nosotros…
–Mirá, yo creo que…
–Gas –me dijo interrumpiéndome–, la verdad es que me iría ahora mismo para allá para que hablemos sobre…
–Sí –le dije ahora siendo yo el que cortaba su frase–. Estaría bueno que podamos charlar y aclarar algunas cosas.
–Sí –¬coincidió ella conmigo¬–, pero hoy tenemos que madrugar los dos. ¿Querés que a la tardecita vaya al depto y… vemos que hacemos con todo esto?
–Dale, quedamos así –le dije mientras le mandaba un beso de despedida.
–Otro beso para vos, Gas –me dijo con esa forma de decir las cosas que sabe que no pasa desapercibido en mí.
Me fui a acostar, aunque sabía que ahora mucho menos me iba a poder dormir.
La una, las dos, las dos y media de la mañana y yo con los ojos bien abiertos contemplando la ciudad desde mi 7º piso.
La noche era un infierno y yo trataba de que las cenizas no se vuelvan a encender por medio de un frío y exquisito “Cosecha Tardía”.
Pasaron 13 minutos de las tres, y me dirigí con mi paso inestable en busca del celular. Y una vez en mis manos, hice lo que la gran mayoría realiza a escondidas de miradas curiosas…
Busqué el mensaje que tenía guardado (¿por qué?) y lo volví a leer (¿por qué?):
“Aún te recuerdo”
Y más que preguntarme por mis actos de guardar el mensaje y releerlo, debería preguntarme por qué Laura me manda ese mensaje.
La última vez que nos vimos estábamos haciendo el amor…
Después de sus temblores y de desarmarme sobre ella, nos miramos a los ojos y besé su sonrisa mientras sentía que mi alma seguía volando por la habitación.
Me acuerdo que podía ver su espalda por la luz de la ciudad que entraba por la ventana. Ella dormía y yo con los ojos tan abiertos recorriéndole con mi mano las piernas mientras con mis labios su espalda.
Y abrazado a ella me quedé dormido entre dulces sueños para un amargo despertar… ¡Se había ido!
La última vez que la vi ella no me vio…
Porque días después salí a buscarla por la ciudad y pude verla junto a su ex, tomada de su mano mientras caminaba pisoteando mi corazón.
¿Y ahora?
¿Qué es lo que estoy por hacer?
¿Puedo estar tan borracho como para marcar su número?
Son las tres y media de la mañana.
¿Despertarla para qué? ¿Para decirle qué?
Además… ¿Y si me atiende él?
¿Y si tiene problemas con su marido por mi llamado?
Estaba maldiciendo por dentro mi mareo mental cuando el celular comienza a sonar en mi mano. Me asusto, se me cae al suelo, pero sigue sonando como si nada, acostumbrado a andar siempre cayendo. Lo levanto, me siento en el piso, y atiendo el llamado.
–Hola, ¿te desperté? –me saluda y pregunta esa voz que conozco demasiado.
–No, la verdad que el calor me tenía algo insomne y estaba levantado hac…
–Yo también estaba sin poder dormirme… Y estaba pensando en vos… En nosotros…
–Mirá, yo creo que…
–Gas –me dijo interrumpiéndome–, la verdad es que me iría ahora mismo para allá para que hablemos sobre…
–Sí –le dije ahora siendo yo el que cortaba su frase–. Estaría bueno que podamos charlar y aclarar algunas cosas.
–Sí –¬coincidió ella conmigo¬–, pero hoy tenemos que madrugar los dos. ¿Querés que a la tardecita vaya al depto y… vemos que hacemos con todo esto?
–Dale, quedamos así –le dije mientras le mandaba un beso de despedida.
–Otro beso para vos, Gas –me dijo con esa forma de decir las cosas que sabe que no pasa desapercibido en mí.
Me fui a acostar, aunque sabía que ahora mucho menos me iba a poder dormir.
jueves, 20 de enero de 2011
207. hacer el tonto
Por primera vez me había decidido a (intentar) hacer las cosas bien, y por apurarme a contestar un mensaje mimoso, me metí en un nuevo problema del cual quería salir lo antes posible.
–Dale, te escucho –me dijo Fernanda con cara de enojada, ojos de asesina serial, brazos cruzados y punta del pie golpeando contra el suelo.
Yo en cambio me encontraba tranquilo porque mis argumentos eran valederos y estaba justificado como para poder calmar su ánimo. Sin embargo me preocupaba verla acá en el depto cuando no tenía necesidad de regresar.
-La verdad es que habían pasado unos días en que no nos habíamos comunicado y la otra noche al llegarme ese mensajito al celu, lo primero que hice fue imaginar que era tuyo, y por eso lo contesté y te lo envié a vos.
–¿Y de quién era el mensaje que recibiste?
–No creo que tenga importancia saber ahora de quién es, además yo…
–Tiene importancia. Mucha importancia tiene –dijo interrumpiéndome Fer, y continuó con su teoría–, porque es bueno saber si la mina esa te va a seguir molestando o, llegado el caso, qué vas a hacer vos al respecto.
–¿Cómo qué voy a hacer? Nada –le contesté en un tono que denotaba cierta incomodidad con su leve pregunta.
–¿Nada? Eso quiere decir que cuando te enteraste quién te había mandado ese mensaje, no se lo contestaste.
(…)
–¿Se lo contestaste sí o no?
–No.
–Mirá, yo me voy a ir. Cuando tengas en claro qué querés, avisame. Ah, y tratá de no equivocarte de número –se despidió Fernanda cerrando la puerta con fuerza.
–¿Y con Laura qué vas a hacer? ¬–quiso saber Cris.
–No entiendo tu pregunta, querido amigo –respondí intentando evadir lo que se venía, pero sabiendo que era una misión imposible...
–Vos sabés bien porqué Cris te está preguntando por ella –intervino Lorena con gesto preocupado.
–La verdad es que no tengo ni idea –le mentí.
–Porque la última vez que Laura desapareció de tu vida estuviste hecho mierda. Y que ahora te mande ese mensaje diciendo que se acuerda de vos… ¿Con qué sentido lo hace? –contestó y se preguntaba Lore con evidente molestia.
–Para hacerme saber que fui alguien importante en su vida.
–Pero es que no tiene sentido, Gastón. Ella en su momento tomó la decisión de no estar con vos. ¿Te acordás esa mañana en que te despertaste y no estaba? Vos no te podías ni levantar y ella ni aportó. ¿Y ahora qué quiere? ¿Volver?
–No, creo que simplemente me está haciendo saber que…
–No Gastón, vos estuviste demasiado mal como para justificar su mensajito. Además, decime una cosa… Si hubieses sabido que el mensaje era de ella ¿se lo contestabas?
(…)
–¿Se lo contestabas? –me preguntaron Cris y Lore sincronizados y en estéreo.
–No.
Ellos dos no se fueron como había hecho Fernanda, pero tampoco me creyeron…
–Dale, te escucho –me dijo Fernanda con cara de enojada, ojos de asesina serial, brazos cruzados y punta del pie golpeando contra el suelo.
Yo en cambio me encontraba tranquilo porque mis argumentos eran valederos y estaba justificado como para poder calmar su ánimo. Sin embargo me preocupaba verla acá en el depto cuando no tenía necesidad de regresar.
-La verdad es que habían pasado unos días en que no nos habíamos comunicado y la otra noche al llegarme ese mensajito al celu, lo primero que hice fue imaginar que era tuyo, y por eso lo contesté y te lo envié a vos.
–¿Y de quién era el mensaje que recibiste?
–No creo que tenga importancia saber ahora de quién es, además yo…
–Tiene importancia. Mucha importancia tiene –dijo interrumpiéndome Fer, y continuó con su teoría–, porque es bueno saber si la mina esa te va a seguir molestando o, llegado el caso, qué vas a hacer vos al respecto.
–¿Cómo qué voy a hacer? Nada –le contesté en un tono que denotaba cierta incomodidad con su leve pregunta.
–¿Nada? Eso quiere decir que cuando te enteraste quién te había mandado ese mensaje, no se lo contestaste.
(…)
–¿Se lo contestaste sí o no?
–No.
–Mirá, yo me voy a ir. Cuando tengas en claro qué querés, avisame. Ah, y tratá de no equivocarte de número –se despidió Fernanda cerrando la puerta con fuerza.
–¿Y con Laura qué vas a hacer? ¬–quiso saber Cris.
–No entiendo tu pregunta, querido amigo –respondí intentando evadir lo que se venía, pero sabiendo que era una misión imposible...
–Vos sabés bien porqué Cris te está preguntando por ella –intervino Lorena con gesto preocupado.
–La verdad es que no tengo ni idea –le mentí.
–Porque la última vez que Laura desapareció de tu vida estuviste hecho mierda. Y que ahora te mande ese mensaje diciendo que se acuerda de vos… ¿Con qué sentido lo hace? –contestó y se preguntaba Lore con evidente molestia.
–Para hacerme saber que fui alguien importante en su vida.
–Pero es que no tiene sentido, Gastón. Ella en su momento tomó la decisión de no estar con vos. ¿Te acordás esa mañana en que te despertaste y no estaba? Vos no te podías ni levantar y ella ni aportó. ¿Y ahora qué quiere? ¿Volver?
–No, creo que simplemente me está haciendo saber que…
–No Gastón, vos estuviste demasiado mal como para justificar su mensajito. Además, decime una cosa… Si hubieses sabido que el mensaje era de ella ¿se lo contestabas?
(…)
–¿Se lo contestabas? –me preguntaron Cris y Lore sincronizados y en estéreo.
–No.
Ellos dos no se fueron como había hecho Fernanda, pero tampoco me creyeron…
sábado, 15 de enero de 2011
206. mensajes cruzados
Pasaron unos pocos días con sus noches en que no nos vimos con Fernanda.
En realidad estaba viendo cómo podía plantearle que no se entusiasmara con este reencuentro, o mejor dicho, que lo tomase con mucha tranquilidad.
La verdad es que me gustó volver a estar con ella y en ella y con ella y en ella, pero lo del desayuno me había sonado a una escena muy casera, y lo sentía demasiado para la altura del año en la que estamos.
De todas maneras el verano en la ciudad y la heladera cargada con lo necesario para combatir y derrotar el calor me distrajo de pensamientos que mi naturaleza deja invadir, algunas veces, con tanta facilidad.
De día entre laburos y trámites variados…
De noche con alguna salida oxigenada o con distracciones fílmicas…
Y en esta última estuve sumergido mirando (como es mi insana costumbre, una década después) una serie muy bien hecha llamada Band of Brothers.
Balas perdidas y certeras, soldaditos de plomo, y todo el escenario subjetivo de la Segunda Guerra Mundial. Y aunque no soy amante de este tipo de pelis, me enganché bastante y hasta disfruté como es debido cuando anunciaron el fin de la guerra. Por lo menos de esa…
Me encontraba apagando y terminando lo que me quedaba en el vaso cuando me llega un mensaje al celu: Aún te recuerdo.
Me reí pensando en que Fernanda es así, no aguanta y tiene que marcar su presencia por más que no se encuentre presente.
Pero claro, yo estaba acá, con el depto envuelto ahora en un leve silencio y en penumbras, por lo que agarré el celu y le mandé un mensajito a Fer diciendo: Yo también te recuerdo… y también me acuerdo! Besos.
No pasaron tres minutos (quizás muchos menos) cuando el celu suena ahora anunciando un llamado y veo que es Fernanda. Sí o sí tenía que contestar, por lo que lo hice con las mejores intenciones, aunque no imaginé lo que iba a escuchar del otro lado de la línea.
–Gastón, ¿por qué me mandaste ese mensaje? –me preguntó con un tono que no adiviné a percibir de qué se trataba.
–Bueno, vos me mandaste uno diciendo eso y yo contesté confesando que siento lo mismo –le contesté sin entender porqué tenía que estar explicándole eso.
–¡Te odio! ¡Te odio! ¡No cambiás más! –me dijo hecha toda una furia mientras yo escuchaba totalmente sorprendido, y agregó–: No me mandes más mensajes de ningún tipo, y menos si no son para mí.
El celular quedó mudo al igual que yo.
¿Me encontraría borracho?
¿Estaré soñando?
¿Fernanda está loca?
La mejor manera de ir respondiendo esas preguntas fue revisar los mensajes del celular, y ahí estaba, el último que había recibido diciendo: Aún te recuerdo.
Sí, ahí estaba el mensaje, pero con un detalle que yo había pasado por alto la primera vez que lo leí y que ahora con la relectura me dejaba con la boca abierta, los ojos salidos, el alma volada, y las piernas para nada firmes.
El mensaje tenía esas tres palabras, pero no lo había mandado Fernanda…
El mensaje era… de Laura.
En realidad estaba viendo cómo podía plantearle que no se entusiasmara con este reencuentro, o mejor dicho, que lo tomase con mucha tranquilidad.
La verdad es que me gustó volver a estar con ella y en ella y con ella y en ella, pero lo del desayuno me había sonado a una escena muy casera, y lo sentía demasiado para la altura del año en la que estamos.
De todas maneras el verano en la ciudad y la heladera cargada con lo necesario para combatir y derrotar el calor me distrajo de pensamientos que mi naturaleza deja invadir, algunas veces, con tanta facilidad.
De día entre laburos y trámites variados…
De noche con alguna salida oxigenada o con distracciones fílmicas…
Y en esta última estuve sumergido mirando (como es mi insana costumbre, una década después) una serie muy bien hecha llamada Band of Brothers.
Balas perdidas y certeras, soldaditos de plomo, y todo el escenario subjetivo de la Segunda Guerra Mundial. Y aunque no soy amante de este tipo de pelis, me enganché bastante y hasta disfruté como es debido cuando anunciaron el fin de la guerra. Por lo menos de esa…
Me encontraba apagando y terminando lo que me quedaba en el vaso cuando me llega un mensaje al celu: Aún te recuerdo.
Me reí pensando en que Fernanda es así, no aguanta y tiene que marcar su presencia por más que no se encuentre presente.
Pero claro, yo estaba acá, con el depto envuelto ahora en un leve silencio y en penumbras, por lo que agarré el celu y le mandé un mensajito a Fer diciendo: Yo también te recuerdo… y también me acuerdo! Besos.
No pasaron tres minutos (quizás muchos menos) cuando el celu suena ahora anunciando un llamado y veo que es Fernanda. Sí o sí tenía que contestar, por lo que lo hice con las mejores intenciones, aunque no imaginé lo que iba a escuchar del otro lado de la línea.
–Gastón, ¿por qué me mandaste ese mensaje? –me preguntó con un tono que no adiviné a percibir de qué se trataba.
–Bueno, vos me mandaste uno diciendo eso y yo contesté confesando que siento lo mismo –le contesté sin entender porqué tenía que estar explicándole eso.
–¡Te odio! ¡Te odio! ¡No cambiás más! –me dijo hecha toda una furia mientras yo escuchaba totalmente sorprendido, y agregó–: No me mandes más mensajes de ningún tipo, y menos si no son para mí.
El celular quedó mudo al igual que yo.
¿Me encontraría borracho?
¿Estaré soñando?
¿Fernanda está loca?
La mejor manera de ir respondiendo esas preguntas fue revisar los mensajes del celular, y ahí estaba, el último que había recibido diciendo: Aún te recuerdo.
Sí, ahí estaba el mensaje, pero con un detalle que yo había pasado por alto la primera vez que lo leí y que ahora con la relectura me dejaba con la boca abierta, los ojos salidos, el alma volada, y las piernas para nada firmes.
El mensaje tenía esas tres palabras, pero no lo había mandado Fernanda…
El mensaje era… de Laura.
jueves, 13 de enero de 2011
205. cuestionario amigo
Siempre hay alguno que está menos borracho, o que alcanza a ver lo justo y necesario, como para ser testigo de una escena precisa.
Alguien me vio en la primera madrugada del año mientras me subía a un taxi junto a Fernanda con dirección fácil de imaginar. Y fue ese mismo alguien el que propagó la noticia de mi reencuentro con mi ex, mi escapada con mi ex, y lo que todos imaginan que haya sucedido con mi ex.
Y como se sabe que no se debe dudar de las dudas, una vez recuperados de dolores de cabeza, malestares, y otras obligaciones sociales, ya casi de noche, la barra se presentó en casa a lanzarme signos de interrogación para que yo devuelva en forma de respuestas.
–¿Anoche estuviste con Fernanda? –preguntó de manera suave Cris como para ir rompiendo el hielo.
(aunque ya todos teníamos un daiquiri refrescante en nuestras manos por obra de Sebas)
–Sí, en lo de Sergio, como cada uno de nosotros –contesté con la verdad pero esquivando la verdadera intención de la pregunta.
–Te vieron cuando te subiste con ella a un taxi –continuó Sebas y dándole un poco más de sentido a la pregunta de Cris-, ¿te bajaste con ella acá?
–La verdad es que no recuerdo esa parte… pero sí. Por lo menos el sol nos iluminó acá.
–¿Se quedó a dormir? ¬–preguntó Lore con un tono romántico.
–No.
–¿Cómo que no se quedó a dormir? No nos mientas –protestó sin querer perder la amorosa ilusión.
–Es la verdad –respondí saboreando mi trago de durazno-. No se quedó a dormir… Aunque después, algo cansados, dormimos un poco.
Risas generalizadas y avanzamos hacia la segunda vuelta de daiquiris en esta noche de amigos, anécdotas, y buen clima.
Pero ya avanzada la reunión y después de pasar por una diversidad de temas, me llegó un mensaje al celu. Lo leí, sonreí, lo respondí, y al levantar la mirada noté todos los ojos apuntándome y con ganas de saber quién era, aunque podían apostar que se trataba de Fernanda.
Al confirmarles que era ella, fue Sebas el que apuntó directo y preguntó:
–¿Van a volver?
–Naaaa… –respondí con cierta ambigüedad. Por un lado sabía que el haber pasado la noche juntos no significaba un regreso, pero por otra parte… no podía negar nada al ciento por ciento.
–Igual vos y ella están acostumbrados a regresar cada cierto tiempo, ¿o no? –fue más certero Pablito.
–Bueno, la historia que compartimos lo demuestra. Pero la última separación fue fuerte y de hecho fijate todo el tiempo que pasó hasta que nos volvimos a reencontrar.
–¡Y qué reencuentro! –gritó Pablo levantando los vasos de colores para un brindis divertido.
Por suerte, entre el ruido de los vasos chocando en el aire y las risas con eco, me fue imposible escuchar mis pensamientos sobre este nuevo reencuentro con Fernanda…
Alguien me vio en la primera madrugada del año mientras me subía a un taxi junto a Fernanda con dirección fácil de imaginar. Y fue ese mismo alguien el que propagó la noticia de mi reencuentro con mi ex, mi escapada con mi ex, y lo que todos imaginan que haya sucedido con mi ex.
Y como se sabe que no se debe dudar de las dudas, una vez recuperados de dolores de cabeza, malestares, y otras obligaciones sociales, ya casi de noche, la barra se presentó en casa a lanzarme signos de interrogación para que yo devuelva en forma de respuestas.
–¿Anoche estuviste con Fernanda? –preguntó de manera suave Cris como para ir rompiendo el hielo.
(aunque ya todos teníamos un daiquiri refrescante en nuestras manos por obra de Sebas)
–Sí, en lo de Sergio, como cada uno de nosotros –contesté con la verdad pero esquivando la verdadera intención de la pregunta.
–Te vieron cuando te subiste con ella a un taxi –continuó Sebas y dándole un poco más de sentido a la pregunta de Cris-, ¿te bajaste con ella acá?
–La verdad es que no recuerdo esa parte… pero sí. Por lo menos el sol nos iluminó acá.
–¿Se quedó a dormir? ¬–preguntó Lore con un tono romántico.
–No.
–¿Cómo que no se quedó a dormir? No nos mientas –protestó sin querer perder la amorosa ilusión.
–Es la verdad –respondí saboreando mi trago de durazno-. No se quedó a dormir… Aunque después, algo cansados, dormimos un poco.
Risas generalizadas y avanzamos hacia la segunda vuelta de daiquiris en esta noche de amigos, anécdotas, y buen clima.
Pero ya avanzada la reunión y después de pasar por una diversidad de temas, me llegó un mensaje al celu. Lo leí, sonreí, lo respondí, y al levantar la mirada noté todos los ojos apuntándome y con ganas de saber quién era, aunque podían apostar que se trataba de Fernanda.
Al confirmarles que era ella, fue Sebas el que apuntó directo y preguntó:
–¿Van a volver?
–Naaaa… –respondí con cierta ambigüedad. Por un lado sabía que el haber pasado la noche juntos no significaba un regreso, pero por otra parte… no podía negar nada al ciento por ciento.
–Igual vos y ella están acostumbrados a regresar cada cierto tiempo, ¿o no? –fue más certero Pablito.
–Bueno, la historia que compartimos lo demuestra. Pero la última separación fue fuerte y de hecho fijate todo el tiempo que pasó hasta que nos volvimos a reencontrar.
–¡Y qué reencuentro! –gritó Pablo levantando los vasos de colores para un brindis divertido.
Por suerte, entre el ruido de los vasos chocando en el aire y las risas con eco, me fue imposible escuchar mis pensamientos sobre este nuevo reencuentro con Fernanda…
domingo, 9 de enero de 2011
204. sueño de una noche de verano
Muy de a poquito fui abriendo los ojos porque sabía que el primer despertar del año (por lo menos lo demostraba la estadística de los últimos comienzos) era complicado.
Esperaba el dolor de cabeza sonando como bombo de barrabrava, la amenaza de muerte de algún ex-novio ex-marido o ex-loquefuera al descubrirme desnudo en su cama y sobre todo con su chica, o algunas de esas sorpresas que con el tiempo se transforman en una dosis exacta entre anécdota divertido y mito inmortal.
Fue por eso que traté de volver a la realidad sin mucho apuro, relajado pero atento para ambientarme al lugar en el cual estaba despertando y, sobre todo, el modo.
Me moví despacio y noté que el modo era desnudo, y observando un poco más allá pude reconocer que la vista que se veía a través de la ventana me resultaba exageradamente conocida, y por eso respiré hondo y aliviado por encontrarme en mi depto, más precisamente en mi habitación, y con más cercanía, en mi amada cama.
Con demasiada cautela fui girando mi cuerpo y deslizando mi mano hacia el otro extremo de la cama con la plena seguridad de que encontraría algún cuerpo femenino, pero no.
El vacío de mi soledad estaba dormido en la otra mitad de la cama. Me sobresalté un poco al notar las almohadas en el suelo, pero enseguida me vinieron flashes a mi mente del sueño que había tenido durante la noche.
Eran imágenes aisladas de un rompecabezas que armaban una historia obvia y excitante.
Con Fernanda jugando en el asiento de atrás del taxi. Un viaje demasiado caluroso en el ascensor que nos dejó en el 7º piso. Una botella de New Age destapada en la cocina al igual que nosotros en el sillón. Una cama cobrando vida entre sábanas fantasmas y nuestros cuerpos incansables. Y el recuerdo de gestos, gemidos, caricias, susurros mientras nosotros girábamos al igual que la habitación y el planeta.
Me senté de inmediato sobre la cama y examiné el suelo buscando ropa de Fernanda. No encontré nada, pero recordé que en el sueño habíamos llegado desnudos a la habitación, sin embargo mi ropa tampoco se encontraba a la vista.
Con un sentimiento interior que no sabría decir con exactitud cuál era, sólo atiné a tomar coraje y confianza y gritar con cierta suavidad el nombre de Fernanda.
Y desde la cocina llegó la sorprendente respuesta…
–Gas, ¿te despertaste? Ahí estoy yendo con el desayuno.
(ups!)
Esperaba el dolor de cabeza sonando como bombo de barrabrava, la amenaza de muerte de algún ex-novio ex-marido o ex-loquefuera al descubrirme desnudo en su cama y sobre todo con su chica, o algunas de esas sorpresas que con el tiempo se transforman en una dosis exacta entre anécdota divertido y mito inmortal.
Fue por eso que traté de volver a la realidad sin mucho apuro, relajado pero atento para ambientarme al lugar en el cual estaba despertando y, sobre todo, el modo.
Me moví despacio y noté que el modo era desnudo, y observando un poco más allá pude reconocer que la vista que se veía a través de la ventana me resultaba exageradamente conocida, y por eso respiré hondo y aliviado por encontrarme en mi depto, más precisamente en mi habitación, y con más cercanía, en mi amada cama.
Con demasiada cautela fui girando mi cuerpo y deslizando mi mano hacia el otro extremo de la cama con la plena seguridad de que encontraría algún cuerpo femenino, pero no.
El vacío de mi soledad estaba dormido en la otra mitad de la cama. Me sobresalté un poco al notar las almohadas en el suelo, pero enseguida me vinieron flashes a mi mente del sueño que había tenido durante la noche.
Eran imágenes aisladas de un rompecabezas que armaban una historia obvia y excitante.
Con Fernanda jugando en el asiento de atrás del taxi. Un viaje demasiado caluroso en el ascensor que nos dejó en el 7º piso. Una botella de New Age destapada en la cocina al igual que nosotros en el sillón. Una cama cobrando vida entre sábanas fantasmas y nuestros cuerpos incansables. Y el recuerdo de gestos, gemidos, caricias, susurros mientras nosotros girábamos al igual que la habitación y el planeta.
Me senté de inmediato sobre la cama y examiné el suelo buscando ropa de Fernanda. No encontré nada, pero recordé que en el sueño habíamos llegado desnudos a la habitación, sin embargo mi ropa tampoco se encontraba a la vista.
Con un sentimiento interior que no sabría decir con exactitud cuál era, sólo atiné a tomar coraje y confianza y gritar con cierta suavidad el nombre de Fernanda.
Y desde la cocina llegó la sorprendente respuesta…
–Gas, ¿te despertaste? Ahí estoy yendo con el desayuno.
(ups!)
martes, 4 de enero de 2011
203. hola - chau
Cómo los últimos años, las despedidas y bienvenidas de año se realizaron en la casa de Sergio.
Más allá de su generosidad, contamos con su amistad, su corazón de oro, y además es el único que tiene espacio para albergarnos a todos con tranquilidad.
El día (la noche) iba tomando color y el calor era combatido con las bebidas a la temperatura ideal y con la pileta llena y limpia.
Pablo decidió hacerse cargo de pasar la música, y la verdad que no lo hizo nada mal. Y mientras sentía que iba terminando el año con la energía suficiente como para encarar el año que ya llegaba y con las soluciones mágicas como regalo navideño, la música iba sonando como música de fondo para mi vida.
Todo estaba en orden y el ambiente era festivo, relajado y sin sorpresa alguna, hasta que…
Ahí estaba ella, reapareciendo después de casi… demasiado tiempo.
Era ella, pero estaba distinta…
Se paró en la entrada que da al fondo donde nos encontrábamos todos, y las luces parecía que la seguían… al igual que mi mirada.
Saludó a alguien, aceptó un trago, levantó la mirada, y pese a todas las personas que había en el medio, me descubrió y no dudó en acercarse.
–Hola, ¿cómo estás? –me saludó con un sonoro beso Fernanda.
–Yo bien, y a vos no te pregunto lo mismo porque ya veo cómo estás –lancé el piropo demasiado temprano para mi gusto.
–Bueno, gracias, pero ya sabés la transformación que se produce en las mujeres cuando nos separamos.
–¿Te separaste? Quiero decir… ¿Te casaste?
–Jajaja… Me refiero a nosotros. ¿O no nos separamos nosotros?
Su sonrisa estaba hermosa e intacta, y yo me sentía exageradamente tonto.
–Sí, claro, está demostrado en todo este tiempo que no nos cruzamos ni once minutos.
–A veces es doloroso pero es lo mejor poner la distancia necesaria.
Continuamos hablando de nuestras vidas de los últimos meses. Y aunque habíamos intentado acercarnos a otras personas, acá estábamos, una vez más reunidos en un cambio de año, casi como una cábala mágica y poderosa.
De pronto empezó la cuenta regresiva y el 2011 se hizo presente entre gritos, risas, fuegos artificiales, y tragos de colores.
–Si estuviésemos en Nueva York estaríamos obligados a besarnos –dije algo borracho.
–Pero estamos en Buenos Aires por lo que acepto que me abraces y me desees un feliz año –contestó ella también algo borracha pero con los pies en el país.
–Feliz Año Nuevo, Fer –le dije al oído pero con el corazón–. Me alegro verte de nuevo.
–Feliz Año Nuevo, Gas –me susurró al oído mientras me abrazaba–. Y tengo la misma sensación de alegría.
En el cielo las luces seguían vistiendo todo, y dos almas volaban sinceramente contentas y despreocupadas.
Más allá de su generosidad, contamos con su amistad, su corazón de oro, y además es el único que tiene espacio para albergarnos a todos con tranquilidad.
El día (la noche) iba tomando color y el calor era combatido con las bebidas a la temperatura ideal y con la pileta llena y limpia.
Pablo decidió hacerse cargo de pasar la música, y la verdad que no lo hizo nada mal. Y mientras sentía que iba terminando el año con la energía suficiente como para encarar el año que ya llegaba y con las soluciones mágicas como regalo navideño, la música iba sonando como música de fondo para mi vida.
Todo estaba en orden y el ambiente era festivo, relajado y sin sorpresa alguna, hasta que…
Ahí estaba ella, reapareciendo después de casi… demasiado tiempo.
Era ella, pero estaba distinta…
Se paró en la entrada que da al fondo donde nos encontrábamos todos, y las luces parecía que la seguían… al igual que mi mirada.
Saludó a alguien, aceptó un trago, levantó la mirada, y pese a todas las personas que había en el medio, me descubrió y no dudó en acercarse.
–Hola, ¿cómo estás? –me saludó con un sonoro beso Fernanda.
–Yo bien, y a vos no te pregunto lo mismo porque ya veo cómo estás –lancé el piropo demasiado temprano para mi gusto.
–Bueno, gracias, pero ya sabés la transformación que se produce en las mujeres cuando nos separamos.
–¿Te separaste? Quiero decir… ¿Te casaste?
–Jajaja… Me refiero a nosotros. ¿O no nos separamos nosotros?
Su sonrisa estaba hermosa e intacta, y yo me sentía exageradamente tonto.
–Sí, claro, está demostrado en todo este tiempo que no nos cruzamos ni once minutos.
–A veces es doloroso pero es lo mejor poner la distancia necesaria.
Continuamos hablando de nuestras vidas de los últimos meses. Y aunque habíamos intentado acercarnos a otras personas, acá estábamos, una vez más reunidos en un cambio de año, casi como una cábala mágica y poderosa.
De pronto empezó la cuenta regresiva y el 2011 se hizo presente entre gritos, risas, fuegos artificiales, y tragos de colores.
–Si estuviésemos en Nueva York estaríamos obligados a besarnos –dije algo borracho.
–Pero estamos en Buenos Aires por lo que acepto que me abraces y me desees un feliz año –contestó ella también algo borracha pero con los pies en el país.
–Feliz Año Nuevo, Fer –le dije al oído pero con el corazón–. Me alegro verte de nuevo.
–Feliz Año Nuevo, Gas –me susurró al oído mientras me abrazaba–. Y tengo la misma sensación de alegría.
En el cielo las luces seguían vistiendo todo, y dos almas volaban sinceramente contentas y despreocupadas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
