Carolina es muy linda y además tiene una personalidad interesante, fuerte, impulsiva. Y no lo digo por tooodoooo lo sucedido en Mardel, sino porque lo demostró desde el primer día en que me tropecé con ella en la puerta del diario.
Y durante una de las noches costeras en que resultó especialmente cálida, nos quedamos en la playa mirando el horizonte negro y húmedo bajo un manto de estrellas que parecían brillar para nosotros. Y la estrella fugaz que pasa por encima de nuestros cuerpos y el deseo que le pedimos de manera instintiva y natural.
−Ahora debemos pensar qué vamos a hacer con el dinero −dijo con una sonrisa segura Caro.
−¿Qué dinero? ¿De qué hablás? ¿Le pediste a la estrella ser millonaria?
−No, pero sí que nos vaya bien con la fotografía del concurso. Pero… ¿Vos acaso no pediste lo mismo?
−No te puedo decir lo que pedí porque sinó no se va a cumplir.
−Pero yo ya te dije el mío −protestó ella.
−Ok, te lo voy a decir pero… Entonces ahora sé que no vamos a besarnos mucho y terminar haciendo el amor acá en la playa.
Caro no dijo nada. Solamente sonrió como suele hacerlo y se tiró arriba mío para comenzar a besarnos con una dosis exacta de dulzura y pasión.
−Seguramente tengamos que ir pensando como vamos a gastar el dinero que saquemos con el premio del concurso −pensé en voz alta.
−¿Por qué decís eso si yo te conté mi secreto y me dijiste que eso no se hace?
−Parece que decir el deseo no impide su cumplimiento. Yo te conté el mío y mirá… −le dije divertido.
−Sí, es verdad −contestó entre sonrojada y divertida Carolina−. Y mejor que nos vistamos antes de que aparezca alguien...
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