Pasó un tiempo desde que hablé con mi corazón mientras mi boca la besaba a Fernanda.
Las nuevas mañanas en que el sol entra por la ventana y nos descubre acariciándonos son muy parecidas a las noches en que la Luna nos regala su reflejo.
La soledad fue echada a patadas por la buena compañía y mi cepillo de dientes azul comparte el baño con uno verde claro provocando la sonrisa al natural frente al espejo.
Un viejo sabio, de esos que se encuentran en los bares camuflados entre el humo del cigarrillo y del café, me dijo una vez: “Muchas veces necesitamos caernos para aprender a levantarnos”.
Siento que a causa de tantas caídas y tropezones mortales, ya soy todo un especialista en levantarme. Pero ahora quiero mantener el paso firme y seguro avanzando hacia donde debo (y quiero) ir.
Y más allá del amor recuperado y renovado junto a Fernanda, están mis queridos y amados amigos.
Cada uno de ellos siendo y haciendo de mí, lo que en gran parte soy.
Mis hermanos de selección como gran regalo de la vida.
Y la escritura…
Esta escritura no tan a diaria pero con el alma volando cada día y cada noche para entregarme por completo a las letras por escrito para quien guste de ellas, y para intenso placer mío.
Hoy, después de casi tres años de “Mi vida a diario”, hago una pausa intensiva y extensiva de la misma.
Aquel primero de enero del 2009 necesitaba contar demasiadas cosas de las que me venían sucediendo.
Mis amigos me alentaron a hacerlas por escrito, y algunas mujeres a abusar de juegos literarios… entre otros juegos también divertidos.
Les quiero agradecer absolutamente a todos aquellos lectores que participando de manera activa o simplemente leyendo, los que me estuvieron acompañando desde un principio, los que se sumaron en alguna estación a mitad de camino, con aquellos que compartí (y comparto) charlas prolongadas vía mail, y también a aquellos seres elegidos con quien hubo extensiones de otras vías en un mundo más terrenal.
Me despido de este blog que me dio tantas alegrías, pero como es mi sana costumbre, no lo hago diciendo chau, sino hasta luego…
Gastón
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