En los últimos tiempos me estuvo contactando Juanto, un flaco que no veía hacía unos mil años (o quizás un poco menos) y que ahora reapareció con una propuesta interesante. Tiene una revista turística que se comercializa en el exterior y quiere que yo tome parte escribiendo notas que atraigan a los extranjeros y elijan esta zona geográfica como su lugar de vacaciones.
La propuesta es interesante, pero implicaría el volver a mudarme.
Por momentos me entusiasmo con la idea, pero por otros siento que no tengo ganas.
En los últimos días estuve meditando sobre el asunto con mi soledad. No quise comentárselo a nadie ya que no quería entusiasmar a mis amigos de allá ni poner mal a Carolina, en caso de decidir irme.
—Pero podés venir los fines de semana, no? ¬¬—me preguntó la imagen en el espejo.
—No creo en los amores a la distancia —le contesté con cierta frialdad¬—, y no podría someterla a ella a lo mismo. Creo que no sería justo para ninguno de los dos.
—¿Y cuándo se lo vas a decir? —siguió con su cuestionario mi reflejo.
—Cuando tome la decisión.
Pasaron varios días que se contaron en semanas.
Con Caro estuvimos juntos pero no saqué el tema porque todavía no tenía la seguridad en la cabeza. Pero anoche pasó algo curioso…
Cuando la veía a Caro notaba algo extraño en su mirada, en sus acciones. No sé qué era pero “algo” me llamaba la atención, pero no le di demasiada importancia ya que yo estaba sumergido en mis pensamientos de acciones de futuro inmediato.
Y anoche nos encontramos en su depto y escuchamos algo de música mientras charlamos sobre diversos temas sin importancia. Después cenamos, nos quedamos haciendo una sobremesa, y nos fuimos a la cama.
Como es una sana costumbre, no dormimos.
Cuando las sábanas se quedaron tranquilas y nuestros cuerpos decidieron descansar un poco, no sé porqué imaginé que esa era el momento propicio para hablar sobre el tema laboral que me habían propuesto y lo que había resuelto hacer al respecto.
La habitación estaba en penumbras pero alcanzábamos a vernos.
Me incorporé un poco y Caro se movió sentándose en la cama.
Hubo dos segundos de silencio absoluto y entonces sucedió que en estereo los dos dijimos a la vez: “tengo que decirte algo”.
Nos sorprendimos, nos reímos algo nerviosos (la mayoría sabemos lo alarmante e inesperado que puede seguir a la frase dicha) y finalmente le di la palabra.
Y la sorpresa fue que no habló, sino que simplemente empezó a llorar.
—¿Qué te pasa? ¿Por qué llorás? —le preguntaba mientras intentaba calmarla.
—Estoy confundida… Hace unos días me llamó mi ex y el muy hijo de puta me movió toda la estantería. Yo siento que con vos tengo una conexión recontra especial, pero él… Él fue mi primer hombre y…
Sé lo que significa eso para muchas mujeres y cómo muchos de esos hombres utilizan el haber sido los primeros para romper las pelotas e ir y volver cuando ellos quieren. Pero yo no podía hacer nada. Es un tema que tiene que manejar ella y ver qué le pasa, qué quiere realmente con él o conmigo.
Cuando sus lágrimas dejaron de caer nos quedamos en silencio hasta que nos dormimos.
Finalmente voy a aceptar el ofrecimiento en la revista y mi ausencia quizás la ayude a saber qué quiere… y si me quiere, sin importar el número de hombre que soy en su vida.
Aplicación del coaching en la Ingeniería Industrial
Hace 1 semana