Ok, puedo entender un par de lágrimas, cierta emoción, algunas puteadas, promesas exageradas, y demás pasiones humanas en nombre del Sr. Fútbol.
De hecho Sebas se enfermó con el descenso de Huracán y por más que me parezca una pelotudés, entiendo que hay un porcentaje del corazón que está ocupado por ese querido deporte del balompié.
Y de hecho yo festejé como loco el triunfo de Belgrano de Córdoba sin tener siquiera la dicha de conocer tan hermosa provincia, sino por el hecho de ser de Boca.
Sin embargo tanta policía, tantos destrozos, tanta polémica por sanciones me harta y quita ese gustito rico que produce el poder ir a la cancha y disfrutar del verde césped en vivo y en directo.
Pero la vida continúa, Sebas obviamente ya salió de la cama y está como nuevo (seguramente mi prima Vero habrá tenido algo que ver con esa “levantada”), y yo el lunes salí muy abrigado a la ciudad y a disfrutar del primer lunes con river en la B.
Tenía que encontrarme con una persona pero me avisa que se desocupa al mediodía, por lo que decidí entrar a un café a leer los diarios deportivos tranquilo y escuchar de fondo a los opinadores profesionales del pueblo.
Trato de elegir una mesa del fondo y encuentro por esa zona a una chica muy linda con un gorrito de lana multicolor sobre su cabeza. Completaba su atuendo una camiseta celeste de Belgrano de Córdoba atada a su cuello, y unas lágrimas que caían sobre un enorme tazón de café con leche.
–Supongo que tus lágrimas no tienen nada que ver con lo deportivo, ¿no? –dije al mismo tiempo que pensaba para mí mismo porqué me encontraba desviando mi buscada tranquilidad.
–¡Te equivocás! –me dijo clavándome sus ojos marrones llenos de lágrimas, y un acento cordobés inconfundible–. Tienen que ver porque mi ex novio es un pelotudo a cuerda.
–Intuyo que estabas de novia con un hincha fanático de river…
–Sí, y se enojó conmigo porque nosotros ganamos. Pero bueno, ahora que se joda porque se va a quedar solo y en la B.
–Vos también sos bastante fanática, me parece.
–Amo “la celeste” y estoy feliz de que hayamos ascendido, pero no deja de molestarme la actitud de él. ¿O vos te creés que no me iba a decir nada ni gastar ni nada si era al revés la cosa?
–Seguro que sí, pero había muy pocas posibilidades de que sucediera algo así.
Se quedó en silencio unos segundos mirándome de arriba hacia abajo y haciendo el recorrido de vuelta y finalmente me preguntó:
–¿Vos de qué cuadro sos hincha?
–De Boca.
–¿No tenés ganas de que juguemos un partido vos y yo?
Aplicación del coaching en la Ingeniería Industrial
Hace 1 semana