Por suerte el trabajo y otras obligaciones sociales lograron la disminución de pensamientos agudos e intensos. Sin embargo, era algo que me había quedado atragantado en el cogote del alma, y necesitaba sacarlo de ahí para respirar mejor.
Anoche hubo cena de caballeros y entre copas y otras delicias la charla salió (casi) con naturalidad…
–¿Te encontraste con Fernanda? ¿Y estaba con un tipo? –me preguntó por partida doble Cris.
¬–No, me encontré con Fernanda y estaba con un tarado –le respondí de manera simple.
–Es extraño que no te haya llamado… –pensó en voz alta Sergio.
–Más extraño hubiese sido si sonaba mi celular ahogado en la última lluvia.
–Entonces en cualquier momento se te aparece –aseguró Pablo.
–Ya apareció –dije con tono desinteresado.
–¿Cómo? –preguntaron todos al unísono haciendo envidiar al famoso Coro Kennedy.
–Vino Fernanda acá, pero no me encontró y me tiró un mensaje por debajo de la puerta.
–Dale nene, andá a buscarlo y leélo en voz alta –ordenó Sebas con ansias de saber.
Gastón:
No sé si estarás molesto por el inesperado y tenso reencuentro de la vez pasada y por eso no respondés mis llamados, o es que seguís con tu costumbre de perder tu celular.
Ahora vine hasta acá y tampoco te encuentro, y la verdad es que el volver a verte me movilizó mucho y por eso te escribo esta nota, para decirte que tengo ganas de hablar con vos.
Espero que en algún momento me puedas llamar, o ya veré si el viernes o el fin de semana paso de nuevo y tengo la suerte de encontrarte.
Te dejo un beso…
Fernanda
Los chicos quedaron en silencio como si hubiesen estado escuchando como les leía un testamento… o un cuento erótico.
A mí me pasó lo mismo, salvo que el silencio fue interrumpido por mis pensamientos hablando-opinando-imaginando-recordando-divagando en voz alta.
Fernanda reaparecía en escena y yo tenía su invitación para estar en la primera fila…
Aplicación del coaching en la Ingeniería Industrial
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