Sábado por la tarde. Tomando sol en una plaza junto a Pablo y a Sebas, mientras Ana está con Tami en la calesita.
—El domingo podemos enfilar para Luján a comer un asadito, o quizás al Tigre para comer un asadito, o a lo de Sergio a comer un asadito.
—Parece que hace mucho que no comés “carne”, ¿no? —dijo con ironía Pablo ante la insistencia carnívora de Sebas.
—Vos porque…
—¡Momento! Acordate que Pablo anda con mi hermana, por lo que no es prudente que le contestes nada delante mío —acerté a cortarle la frase a Sebas—. Y por otra parte, les aviso que mañana va a llover.
—Es imposible.
—Sin embargo va a llover.
—Si llueve hago el asado igual. Ya lo estoy llamando a Sergio para que prepare todo para mañana —se apuró en organizar Sebas.
—Ok, preparen todo y me avisan.
—¿Te vas?
—Dentro de un rato. Va a venir a casa Nadia y quiero comprar antes algunas cosas.
—Está todo bien, ¿no? —me preguntó Pablo.
—Por ahora…
—¿Alguien sabe algo de Cris?
—Anda preparando unos exámenes de inglés, según me dijo.
—¿Quieren la posta? Se está moviendo a Daniela —dijo sorpresivamente Sebas.
—¿Quién es? —preguntamos en estereo Pablo y yo.
—Daniela, la de los ojos saltones. Esa que estaba en la fiesta del barco.
—Ah, sí, me acuerdo, pero… ¿Vos no habías estado con ella? —pregunté sorprendido.
—Claro, en el barco.
—¿Y cómo sabés que ahora Cris…?
—Porque el otro día estábamos chateando y me contó que andaba con alguien y me mandó una foto de ella y la reconocí al toque.
—¿Y le dijiste?
—No, ¿para qué? Lo mío con ella fue un par de veces y nada más. Además, ¿no te acordás porqué dejé de verla?
—No.
—Porque… ¡¡¡Explotaba hacia afuera!!!
(?)
—Si fuera millonario igual sería amigo de ustedes.
—Si vos fueras millonario nosotros también seríamos tu amigo.
—¿No sabés si Ana encontró alguna foto de Verónica?
—¿De tu prima? No, era mentira. No tiene ninguna foto —me avisó Pablo.
—La vas a concer cuando venga a instalarse a tu casa —dijo Sebas.
—¿Y si es muy fea? —preguntó Pablo.
—¿Qué tiene que ver? Es mi prima, nene —contesté.
—¿Y si es muy linda? —repreguntó Pablo.
No contesté.
—¿Dónde estábamos hace un año?
—Yo por irme a un casamiento —contestó Sebas.
—Yo no me acuerdo —dijo Pablo.
—Yo con Fernanda —contesté.
—Evidentemente el que mejor estaba era yo —afirmó Pablo.
—¿Pero si acabás de decir que no te acordás?
—Por eso.
Sábado por la tarde. El sol comenzaba a irse, y nosotros seguíamos divagando tirados en el pasto.
Aplicación del coaching en la Ingeniería Industrial
Hace 1 semana