La buena noche de Nochebuena la pasé en lo de Ana, junto a ella, Tami, Pablito, y parte de la barra que fue llegando después de las doce.
Mi amada sobrina recibió parte de los regalos que quería…
Ana y Pablo hicieron realidad su casita de muñecas, y yo fui el del libro de Hadas y Princesas.
–¡Era justo lo que quería! –dijo Tami fascinada con su obsequios.
–Yo no puedo decir lo mismo –respondí mientras abría mi paquete con una corbata en su interior y recordándome los casi cuarenta grados de sensación térmica que venimos sufriendo durante estos días.
–Quizás fue porque no te portaste del todo bien este año –dijo Pablito cagándose de la risa como siempre.
La joda siguió un poco más hasta que fueron llegando los demás y con Tami dormida, destapamos y vaciamos las últimas botellas con un muy lindo espíritu navideño.
Serían las 7 y pico cuando llegué al depto y me encontré con un sobre festivo que me habían dejado por debajo de la puerta. Al abrirlo descubro que era de Jorge Salonso y me pedía que sea la hora que sea, al leer este mensaje lo llame al número que ahí me dejaba anotado.
Dudé bastante, un poco por el cansancio, otro poco por la leve borrachera, y el mayor porcentaje era porque sabía que me iba a hablar del depto y que ya me tendría que estar yendo para que él pudiese venderlo y así saldar las deudas de su difunto padre.
Pero bueno, lo mejor era sacarme de encima esta pesada piedra y estaba por llamarlo cuando sonó el timbre y era él.
–Hola Gastón. Te vi desde el café de la esquina. Estaba con urgencia por hablar con vos. ¿Puedo pasar?
No podía negarle la entrada y mientras hacía café sin ganas pero con crema, el tipo comenzó a hablar. Y así fue que supe de la herencia genética que hizo que con parte de la venta de uno de los deptos, lo “invirtiera” en un dato preciso que le habían dado, por lo cual fue al Hipódromo con ese dinero y apostó todo al ganador de la Cuarta Carrera y… ganó!
–Mirá Jorge, mi vida por momentos parece una novela y me hago cargo de eso, pero la verdad es que no tengo imaginación para andar inventando personajes ni situaciones que entretengan a un posible lector. De todas maneras, como soy de leer y mirar películas, te pregunto algo imposible… ¿Ganaste tanto dinero como para venir a decirme que me regalás el depto y no tengo que mudarme de acá?
–No.
–Ah, ya me parecía –exclamé en un suspiro que me alejaba cada vez más de las creencias en seres extraordinarios.
–No gané dinero como para regalarte el depto. Pero sí lo suficiente como para saldar la deuda que mi papá tenía con esos mafiosos, y para decirte que no te tenés que mudar porque voy a retirar el depto de la inmobiliaria y vos lo que vas a hacer es mandarme un giro con el dinero del alquiler. ¿Qué te parece?
Fui corriendo a tirar el café a la cocina y volví de allá con un champagne bien frío y con las mejores burbujas.
Después de quedar la botella vacía, Jorge se fue y yo desperté a los chicos para hacerlos venir con urgencia y así poder darles la gran noticia.
-Entonces ya vamos a festejarlo a lo grande en casa, como cada despedida de año –anunció Sergio aunque era obvio que la fiesta de fin de año íbamos a su casa con pileta.
–Che Gastón, me corrijo –dijo Pablo–. Quizás esto pasó porque sos un buen pibe y no te portaste demasiado mal este año.
–Sólo sé que soy un ser humano al ciento por ciento. Me hago cargo de mis defectos y errores, pero también de mi corazón pasional, de mis pulsos e impulsos sin frenos, y de mi alma que vuela sin necesidad de alas. Y aunque me haya portado un poquitito mal, nada de lo que hago malo es con esa intención.
–Lo sé, por eso somos amigos.
Y ya que estábamos reunidos todos nuevamente… seguimos festejando, pero no sólo por esta noticia, sino también por la salud, por la alegría, por el amor (que viene y va), por las sonrisas sinceras, por las almas desnudas, y por sobre todo, por NUESTRA AMISTAD!!!
(y pensar que el año todavía no terminó, jejeje)
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