¿Por qué es extraño que deje una linda botella sin abrir?
¿Por qué voy a desaprovechar la tranquilidad del balcón para salir a ver el Universo?
¿Por qué no fumarme un pucho durante una noche silenciosa?
¿Por qué dejaría de tener un poco de acción sin daños a terceros?
¿Por qué hacerle caso al cascarrabias del vecino y no escuchar mis canciones favoritas al volumen deseado y recomendado?
Entiendo muy bien a qué se refiere la famosa frase inversa de Cris cuando dice con su conocido espíritu que: “después de la calma llega la tormenta”, porque fue lo que sucedió apenas transcurrieron unos días de cierta paz y tranquilidad.
Pasé por el hospital por la mañana temprano para ver cómo estaba Luis, y de paso para ver si en una de esas me cruzaba a Mariana. Y sí, fue así, pero el tema es que Mariana ya se encontraba cruzada.
Me saludó de una manera muy seca y casi sin mirarme.
Después de hablar con la esposa de Luis y enterarme cómo venía todo, me acerqué a Mariana para preguntarle si le pasaba algo, y fue cuando, después de salir al pasillo para conversar me dijo:
–¿Vos te creés que yo estoy para boludear?
–Supongo que no, pero tampoco entiendo la causa de que me digas eso…
–Pasamos la otra noche hablando, tomando café, acompañándonos y todo ¿para qué? Para que después te borres como hacen todos los maricones como vos que no se animan a empezar una relación seria y que adem…
–¡Pará, pará, loca de mierda! ¿Una relación seria por tomar un café de máquina? ¿Vos estabas esperando que yo me instale en el hospital para verte? Flaca, todo bien, sos muy linda y podés ser bienvenida a mi cama, pero tengo una vida que vivir. Y precisamente, a las rayadas como vos, les regalo de souvenir el teléfono del taxi para que lo tomen tempranito y se alejen con el recuerdo de una buena noche. Si querés ya te paso el número del auto y simplemente te vas –le arrojé todo junto a su cara de sorprendida y, obviamente, el que se fue después de esa escena fui yo.
Durante el resto del día estuve algo fastidioso y esperaba el milagro que me lo pudiera quitar, cuando me llega el celu un mensaje de Fernanda. No sé porqué creí que podía ser algo bueno, pero me encontré con el siguiente mensaje:
“Así que ahora ponés talleres literarios para levantarte minitas?
Sabés una cosa?
Sos patético!!!”
No hace falta que aclare que no contesté el mensaje, pero sí me pregunté de dónde coños saca la info sobre mi vida. Y sé que no lee estas cosas porque sinó sus reacciones serían extremadamente peores.
Ya con el día terminando en ruinas llego al depto con la necesidad de revertir el humor. Me pego un baño de esos que duran bastante hasta alcanzar el relajo deseado. Y apenas cierro la ducha escucho que tocan el timbre.
No recuerdo que alguno de los chicos me hubiese avisado que venía, pero como igual nunca me avisan de sus visitas, me envolví la toalla por al cintura y fui a abrir la puerta.
El nudo estaba bien atado porque tranquilamente podría haber volado la toalla, ya que debajo del marco se encontraba Laura.
–Disculpame, llegué en un mal momento, ¿no?
–Para nada… Pasá que me cambio y…
–No, dejá… Vine para decirte una cosa y me voy.
–¿Pasó algo? ¿Qué me querés decir?
–Que… Que no te voy a molestar más… Quiero que seas feliz y que sepas que te amé como nunca amé a nadie, pero… Pero es mejor que me vaya de tu vida y no nos veamos más y que… –pero no terminó la frase ya que se ahogó en lágrimas y ahí nomás decidió irse.
Noche calma, estoy desnudo en el balcón fumando un cigarrillo y acompañado de un vino blanco y dulce… Disfrutando de la calma que dejó la furiosa y extraña tormenta femenina que hoy me visitó por partida triple.
Con la ciudad en silencio sólo escucho a mis pensamientos que se preguntan:
¿Quién será la mujer que aparecerá trepando por mi balcón y realmente quiera revertir la historia de estas idas sin razones y con tantas pasiones?
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