Me desperté llorando.
La almohada estaba completamente inundada como si alguien hubiese vaciado sobre ella un florero. Pero no tengo florero… ni tampoco flores.
Totalmente agotado y sin fuerza alguna me levanté de la cama y en el baño, frente al espejo y al verme la cara y los ojos, me di cuenta que me desperté llorando, pero que además había estado llorando toda la noche.
Me sentía deshidratado, mi cuerpo se había quedado seco y mi alma evaporado.
Abrí la ducha y me metí debajo de la lluvia artificial.
Sentía cada gota que caía como un golpe. Un golpe bajo. Un golpe duro. Un golpe mortal.
Entonces cerré la ducha y abrí la canilla y empecé a llenar la bañera para darme un baño de inmersión que me limpie (purifique) de esta extraña sensación.
Tocan el timbre y fui a abrir la puerta sin preguntar quién era.
–¿Estás con alguien? ¬–me preguntó sorprendido Cris al verme completamente mojado y desnudo.
–No, pasá –le dije mientras me volvía al baño con lágrimas que seguían cayendo sin freno.
–¿Qué te pasa, Gastón? ¿Por qué estás así? Me estás asustando –me decía Cris mientras me veía sumergirme en el agua.
–No lo sé…
–¿Cómo que no lo sabés?
–No lo sé… Me desperté hace un rato así, con una angustia extrema.
–¿Por lo del departamento? No seas boludo, nene. Vos sabés que te vamos a ayudar a encontrar un buen lug…
–No, no es por eso –lo interrumpí mientras cerraba la canilla y me hundía unos segundos bajo el agua.
–¿Y entonces…?
–Mirá –le dije mientras tomaba aire y trataba de no ahogarme en un llanto–, hace unos días hablaba con Ana sobre Tami, ya que ella ya descubrió que Papá Noel en realidad son los padres. Bueno, y más allá de que uno siendo grande también lo sepa, cada vez que se acercan las Fiestas y por más que sea uno mismo el que se encarga de los regalos, sigue jugando con la existencia de este personaje anual. ¿Y sabés por qué? Porque a nadie le gusta perder la inocencia de los juegos, ser realista ante los juegos, quebrar ilusiones en miles de pedazos rotos.
–Gastón, ¿vos estás así por el tema de las Fiestas?
–No, estoy así porque anoche el último hada que quedaba sobre el planeta perdió sus alas, y con ella su vuelo, su sonrisa, y su vida.
-¿Eso es lo que soñaste?
–No, eso es lo que sentí, y por eso me desperté llorando… y todavía no puedo dejar de hacerlo.
-Gastón, amigo, ¿estás loco?
No nene. Pero desde anoche el mundo se quedó sin hadas… y por lo tanto yo también.
-Gastón, amigo, ¿estás loco?
–No, hoy soy el tipo más realista que pueda existir.
-Pero si vos sos un soñador.
-Sip, pero me acabo de despertar… llorando, porque mi mundo acaba de cambiar, y seguramente yo con él.
Aplicación del coaching en la Ingeniería Industrial
Hace 1 semana