lunes, 1 de noviembre de 2010

196. Los que acá estamos

Era raro vernos metidos en ese lugar tan vacío, frío, silencioso, sorpresivo, pero por suerte tan ajeno.
Los sillones eran cómodos y la mesa ratona estaba llena de tazas de café vacías.
Hablábamos despacio como si alguien más que nosotros nos fuera a escuchar. Si alguien reía por alguna extraña razón, la mueca no duraba más de tres segundos.
Creo que actuamos bien, pero eso no dejaba de hacernos sentir tan incómodamente incómodos.
–En media hora la arman y la traen –dijo Sergio.
–¿Y qué va a decir la cinta? –preguntó Sebas con una curiosidad que nos tocaba a todos–. ¿Tus amigos? ¿Tus vecinos? ¿Tus familiares? ¿Tus conocidos? Si al final no somos nada de eso de él.
–Podríamos ponerle: “Los desconocidos de siempre”, en honor a una peli de Marcelo Mastroianni, o por una banda que había formado Nito Mestre –expuso con su saber cultural y multifacético Pablito.


–¿Alguien más sabe de esto? –me preguntó Cecilia sin separarse de mí.
–Me parece que el encargado del edificio iba a ubicar a un hijo, pero por lo poco que sé es que estaba solo en el mundo –le informé a Cecilia con mi desinformación sobre el tema.

Las tres de la mañana. Nos preguntaron si deseábamos irnos y volver por la mañana, pero aunque el tipo estuvo solo toda su vida, quisimos regalarle un poco de compañía en este viaje que andaba haciendo de acá para allá.
–Está igual que ayer, con la misma cara aunque, claro, con un poco de menos color –comentó Cecilia en una de esas frases recurrentes en situaciones y postales como esta.
Y es que ahí estábamos nosotros, rodeando el cajón donde yacía Jorge Salonso, mi ex vecino del 4º piso. Nosotros y nadie más. Salvo la chica que nos traía café en buenas cantidades, el encargado del edificio que pasó un rato y curiosamente no dijo nada, alguna que otra vecina de edad exagerada asomándose a un futuro no lejano, y el flaco de la florería que trajo la corona que encargó Sergio y con una cinta cruzándola que dice: “Los que acá estamos”.
–Y sí, si somos los que acá estamos –se justificó Sergio.


Ya comenzaba a aclarar afuera cuando se hizo presente un tipo de unos cuarenta y pico de años. Entró casi sin saludar y fue directamente a mirar el interior del cajón y se quedó un rato ahí, en silencio, sin hacer ningún gesto.
Unos minutos después se acercó hacia donde estábamos la mayoría y preguntó secamente:
–¿Quién se hizo cargo del velatorio?
–Entre nosotros pusimos un poco de guita cada uno.
–¿Lo conocían?
–Más o menos. Yo era vecino de él, del mismo edificio, pero era raro cruzarnos ya que él salía poco del departamento.
–¿Y por qué se hicieron cargo de estos gastos?
–Por una cuestión de respeto y sentimentalismo –explicó Cecilia con un tono que denotaba la molestia por las preguntas del desconocido.
–Disculpame pero… ¿vos sos detective? –preguntó Pablo para descomprimir un poco el aire extraño del lugar.
–No, soy el hijo.

11 comentarios:

aguante el amor dijo...

andá a saber la historia entre ellos.
me parecia que era el hijo.

un besot gastón,
cuidate!

pequeñita dijo...

pienso igual que aguante el amor
el hijo ><



Besos!
me gusta tenerte de vuelta :B

Lolita y El Profesor dijo...

Hacerse cargo por solidaridad y por respeto a un ser humano.
¿Desde cuándo no leía algo así?
¿Cuántos hijos hay que llegan tarde, cuando no hay tiempo para despedidas?
Abrazo enlutado

El Profesor

Hada dijo...

Hay Gas! historias de padres e hijos! si lo sabremos nosotros...

Besos de aquellos que un día te dí!

RECOMENZAR dijo...

Placer leerte Me tenés olvidada en el cajón de tus ensueños... escritor poeta...
besos desconocidos

LuNeRa dijo...

Siempre es difícil. Como el comentario que leí anteriormente, quién sabe sí sea el hijo ni la historia entre ellos... pero el título es ideal. Me recuerda nuestra actual celebración en México. Los que acá estamos celebramos a los que está allá...

Un beso.

Tania

Unmasked (sin caretas) dijo...

Me gusto mucho...quien es Cecilia?

Ay gaston, estoy tan atrasada :)

Tengo que ponerme al tanto.

A donde estas viviendo?

Un abrazo (me encanta como escribis)

Petra

Gastón dijo...

Aguante el amor: Lamentablemente me enteré de la historia, y ahora te cuento...

Pequeñita: Menos mal que no me dedico a escribir historias de misterio, jejeje

El Profesor: Me pregunto cuándo llegará el día en que no nos sorprendamos cuando pasan cosas buenas o se actúa de manera correcta.
De todas maneras creo que es porque las noticias buenas no venden demasiado...
Abrazo a tiempo, querido Profe y besos a Loli

Gastón dijo...

Hada: Historias de padres e hijos, pero también hay padres de los buenos y espero entrar en la historia de estos últimos.

Te mando un beso de la misma intensidad

Gastón dijo...

Recomenzar: NO, querida Mucha. Ningún cajón, es sólo que mis relojes han cambiado brscamente en los últimos tiempos, pero siempre un placer el viaje a Miami.

LuNeRa: Nunca se sabe... hasta que se sabe!!!
Una vez vi en una peli esa celebración y me pareció más que interesante.
Besos vivos

Petra: Tendría que recomendarte la lectura... pero yo no lo haría, jajaja
(igual si decís que te gusta...)
Te mando un beso

Karen Herrera Irureta dijo...

"Los que acá estamos". Frase tan resolutoria como cómica. Sin duda es toda una buena historia. Simenon hubiera hecho una gran novela con este trozo de tu vida.


Es como A DAY IN THE LIFE, tiene la esencia. Y mi final del día luego de algo así hubiera sido: somebody spoke and i went into a dream...