—Sí, acepto.
—¿De verdad?
—Sí, de verdad. Pero necesito que me cuentes otra vez cómo es todo.
Sandra ya me lo había explicado medio por arriba el viernes, y aunque a mí me seguía pareciendo una locura, decidí ayudarla. Pero quería que, ahora con la “tranquilidad” de saber que contaba conmigo, que me explicara nuevamente la historia que me trajo junto a su propuesta indecente.
—Mis viejos son muy mayores, y sobre todo mi papá que tiene una mente de otra época. La cuestión es que hace cinco años ellos tuvieron la posibilidad de ir a vivir a España, el lugar de donde habían venido de jóvenes y al que siempre extrañaron y desearon regresar. Cuando por fin se dieron las condiciones necesarias para que nos fuéramos los tres a Europa, yo dije que no.
La razón fue sencilla, yo acá tenía a mis amigos, mis recuerdos, mis cosas. Yo no pertenezco a aquel continente, en cambio ellos sí. La cuestión es que mi papá se enojó demasiado conmigo y por razones económicas decidí venirme para Buenos Aires, acá en la capital. Mi papá no me pasó ninguna mensualidad y fue bastante duro que encima no quisiera ni hablar conmigo por teléfono. Con la única que mantenía comunicación era con mi mamá que sufría a horrores este tonto distanciamiento entre mi papá y yo.
(mientras ella hablaba, yo la miraba prestándole demasiada atención a su relato, a su historia, y quizás así pudiera descubrir porqué acepté su propuesta)
—El tema es que fue pasando el tiempo, yo me puse de novia con quien pensaba casarme este año, y al enterarse de esto mi papá, dijo que iba a compensar económicamente todo este tiempo pasado. Es decir que él sólo me daría mi parte de la herencia en vida, sólo si yo estaba casada o, para ser más exacto, si yo tenía a mi lado un hombre. ¿Entendés el pensamiento machista de mi papá?
(de a poco me iba a dando cuenta que acepté a meterme en un nuevo problema, cuando era mucho más fácil decir que no y olvidarme del asunto. Pero es que ella me vino a buscar a mí y…)
—La cuestión es que todo marchaba viento en popa con mi novio y sabía que en pocos meses recibiría el dinero necesario para poder abrir la pequeña gran empresa que siempre había soñado tener. Un lugar para ayudar a que personas de la tercera edad tengan una vida ultrasaludable. Pero al hijoderemilputa de mi novio se le ocurrió cambiar de sexo y abandonarme. ¿Cómo hago para decirle a mi viejo que su querido futuro yerno era gay, y que encima no me deje sin mi dinero?
(ok, ahora entiendo que esta pobre chica necesita que le dé una mano y la ayude. ¿Pero es necesario semejante sacrificio?)
—Es por eso Gastón que apenas sucedió todo esto y sabiendo que mis padres están viniendo de España a visitarme y ver mi feliz vida de casada, pensé en vos. No sé… Te crucé varias veces y me parecés un tipo confiable y con el que puedo contar para sacarme de este apuro.
(claro, eso es lo que sucedió y soy tan buen tipo que acepté)
—Entonces… ¿aceptaste casarte conmigo?
—¿Qué?
—Quiero decir… ¿hacerte pasar por mi marido delante de mis viejos?
—Sí, pero… a decir verdad no creo que resulte… Yo no soy bueno para estas cosas y…
—Va a salir todo más que bien, no te preocupes. Sólo hay que arreglar algunos detalles y listo. Además ellos van a estar nada más una semana, a lo sumo diez días y después… Quedás liberado para siempre.
—Ok, ok, vamos a tomarlo con calma y a intentar hacer las cosas bien.
—Sí, claro, hay tiempo todavía.
—Ah, mejor así. ¿Y cuando llegan ellos?
—Este viernes
(cómo se hace para desmayarse con cierto estilo?)
Aplicación del coaching en la Ingeniería Industrial
Hace 1 semana