miércoles, 2 de enero de 2013

255. flor de vecina

Año nuevo y despertar en una cama distinta y la habitación oscura y el mareo eterno y el golpe contra la mesita de luz y el intentar no hacer ruido para no despertar a…
Como pude agarré el pantalón, la camisa, y bajé por las escaleras los tres pisos que me separaban de mi nueva vecina. Agradecí que nadie me viera semidesnudo (aunque no sería ninguna novedad) y también agradecí el entrar al depto y que no haya nadie arrojándome platos ni ningún otro objeto volador identificado.
Pasé por el baño, la imagen en el espejo me deseó un feliz año nuevo, y seguí camino hacia mi habitación que lucía demasiado vacía.
No tuve tiempo de analizar demasiado ya que venía de noches festivas desde hace una semana y de tener una noche intensa, pero me resultaba evidente que faltaba ropa en el lugar, y no precisamente mía.
¿Se habrá ido realmente Fernanda?

Ya alguna vez también se fue y ya también alguna vez regresó para volver a irse y poder regresar para irse una vez más.
Evidentemente tuvimos nuestras idas y vueltas pero esta ida parece no tener vuelta, sobre todo porque su cepillo de dientes tampoco está.


Hoy desperté demasiado bien después de un sueño profundo y casi eterno.
Me duché, agarré los papeles burocráticos que necesito tener de lunes a viernes, y me fui para el trabajo.
Ya en la oficina y con una veintena de tazas de café acompañándome, me fue imposible no pensar en Fernanda. Después de todo es mi novia formal, legal y única. Y aunque muchas veces fue mi ex, realmente creí que esta vez ya no lo volvería a ser. Sin embargo el deja vú no me abandona… y ella parece que sí.

Las horas de trabajo fueron pasando en cámara lenta, y como el celular lo dejé olvidado (espero que) en mi depto, no recibí ningún mensaje de los chicos, pero tampoco de Fer.
Finalmente las horas reglamentarias se cumplieron y apuré el paso de regreso a casa.
Abrí la puerta y seguía el lugar vació de ella.
Desajusté el nudo laboral y abrí la heladera para tomar algo. Todavía quedaba una botella de champagne que me habían regalado en el trabajo, y cuando me serví mi copa, llamaron a la puerta. Adiviné que era el regreso de Fer, por lo que fui a abrir la puerta con una sonrisa y dos copas de champagne en las manos.
—Te dejaste el celu en casa y vine a traértelo, querido vecinito —me dijo Flor mientras entraba, agarraba una de las copas llenas y la vaciaba (casi) de un trago.
Las burbujas se fueron acabando mientras la botella iba quedándose desnuda… y ella también!

2 comentarios:

Juan Cabezón dijo...

Citemos a un caricaturista argentino... QUELOPARIÓ!

(y esos finales que tenés siguen tan enganchadores como antaño. MIS APLAUSOS PARA VOS).

Gastón dijo...

Juan Cabezón: Debo decir yo "Queloparió!" ante tu "Queloparió!".

Gracias por los aplausos!!!
(aunque deberías verla a Flor y ahí aplaudirías de verdad, jajaja...)
Abrazo grande, nene!!!