viernes, 4 de enero de 2013

256. el mismo amor, la misma lluvia

Un año que comienza y tiene el viernes tan cerca, no puede ser jamás malo. Sin embargo esta mini semana laboral fue demoledora, quizás porque hubo mucho por hacer, o porque todavía cuesta más abandonar ciertas resacas.
La cuestión es que el viernes ya está acá y haciendo el camino de regreso y con el nudo de la corbata a media asta, me preparé mentalmente para descansar en forma continuada hasta que suene la alarma de mi estómago. Sin embargo, otra clase de alarma sonó cuando abrí la puerta del depto y me encontré con Fernanda y esa carita de no sé qué pero que es mi debilidad (al igual que sus curvas, sus sonrisas, y demás acciones culinarias)
—¿Cómo estás? —me preguntó sin darme tiempo a respuesta alguna a causa de su “te extrañaba” y ese beso eterno y apasionado.
Cuando por fin logré respirar, me hice el duro y le dije que venía cansado y que quería pegarme una ducha.
—¿Te puedo acompañar?
Mi respuesta fue un sí mojado.


Estábamos saliendo de la ducha, se podría decir que ya casi reconciliados, cuando sonó el timbre. No le di demasiada bolilla y continué con mi camino hacia la habitación. Fer quería tomar algo, y fue hasta la cocina a traer dos copas del champagne que todavía quedaba. Y mientras yo la esperaba tirado en la cama, sonó el timbre…
Puedo asegurar que cuando tomé consciencia de qué seguramente era Flor la que estaba tocando el timbre hoy viernes y a esta hora, mi alma salió por la ventana sin intención de volar.

Salté de la cama y corrí con mi desnudez a detener a Fernanda y a convencerla de que no valía la pena recibir visitas a esta hora cuando ella y yo estábamos por…
Pero Fernanda ya estaba a medio metro de la puerta, y nada podía detenerla de realizar la acción de dar una bienvenida a quien fuese que estaba del otro lado, mientras que yo realizaba la acción mental de veinte Padrenuestros esperando el milagro y puteando a Sebas por haberme presentado a alguien que está delicada y peligrosamente a sólo tres pisos de distancia.
Y precisamente… era Sebas!!!
Nunca me dio tanta alegría de verlo. Y él se dio cuenta por el abrazo que le di estando desnudo.
—Vine a saludarte y desearte un muy lindo comienzo de año, aunque ya veo que estabas en eso —le dijo a Fernanda.
­­—Gracias —contestó ella sorprendida, y lo invitó a quedarse a tomar algo.
—No, ya me voy chicos. Disfruten de esta noche lluviosa —nos saludó desde la puerta.
—Cuando desconectemos el timbre lo haremos.
—No te hagas el boludo que acabo de salvarte la vida. Desvié a Flor que venía directamente para acá, y te imaginás qué hubiese pasado si en vez de abrirme a mí, Fernanda le abría la puerta a ella, no?
—¿Una fiesta?
La carcajada de Sebas se escuchó en todo el edificio.

La lluvia caía con fuerza sobre la ciudad, y Fernanda y yo nos reconciliábamos con la misma húmeda intensidad.

2 comentarios:

Juan Cabezón dijo...

LA SUFRI... cuanta crueldad hermano. Esto de rogar que quien esté del otro lado no sea Flor... uffff! Que en este 2013 no se te junte el ganado por favor! jajaja! un abrazo!

Gastón dijo...

Juan: No la sufras que para eso estoy yo, jajaja...
Veremos este año de armar bien los cercos para que no se acerquen!!!
;)