Con la excusa de unos trámites laborales y de las últimas noches sin dormir, estuve todo el día de hoy fuera de la oficina… y de mí.
La última semana fue tremenda. Cuando yo creí que había comenzado el año de una manera tragicómica, estos días que pasaron dejaron la comedia para otra ocasión.
Ahora, sentado en un viejo café abandonado al que solía asistir en otros tiempos y en otras vidas, miro a la gente pasar con ese ritmo tan de lunes que se tiene en el centro para andar apurado hacia ninguna parte.
Pido un café doble cargado de crema que me ayude a mantenerme despierto, a pesar de todo.
Todavía me queda algún pucho de la semana pasada guardado en un bolsillo. Acerco la llama a mi Gitana y en medio de la primera bocanada de humo, aparece frente a mí una chica que estaba sentada a dos mesas de distancia de mí y me dice:
—Yo a vos te conozco…
—Puede ser… Muchos me conocen menos yo.
—Sí, vos sos… ¿Gastón?
—Sí… Y vos sos…?
—Valeria.
—¿Valeria?
—Valeria, sí. ¿Qué, no te acordás de mí?
Me quedo en silencio, mirándola, reconociendo la familiaridad de su rostro, pero sin poder ubicar el génesis exacto de su conocimiento. Sin esperar a que yo dijera nada, se sentó en mi mesa y comenzó a contarme la historia que nos ponía frente a frente… una vez más.
—Fuimos a la secundaria juntos. Bueno, en realidad compartimos sólo los últimos dos años, tiempo más que suficiente como para hacernos amigos, después muy amigos, y finalmente más que amigos. Pero esto último sucedió inmediatamente al terminar el colegio secundario. Sí, nos pusimos felizmente de novios y al mismo tiempo nos iniciamos en el amor. En un amor con palabras, un amor con hechos, un amor con momentos, un amor con amor. Y el amor duró una eternidad, pero nosotros juntos 27 meses y algunos días, quizás semanas. Los últimos tiempos fueron difíciles, y el mundo que sólo existía y estaba habitado por nosotros, pronto comenzó a ser invadido por extraños visitantes que no se iban. Sí, había otras vidas más allá de nuestras vidas y algunos gustos también comenzaron a cambiar. Yo me entregué de lleno a mis estudios y aquel trabajo tuyo en la Compañía de seguros nos fue dejando sin tiempo compartido en nuestros relojes de arena. Y cuando eso ocurre, la gente indiferente y sin necesidad comienza a surgir desde abajo de las baldosas flojas de nuestros caminos para hacernos tropezar con fuerza y caer de manera pesada. Sin gloria y con mucha pena nos vimos obligados a despedirnos, con infinitas lágrimas en las miradas y en los corazones. Años después, los caminos tomados y en distintas direcciones nos volvió a reencontrar, y aunque se sentía el calor de aquellas llamas, y aunque nuestras nuevas miradas gritaban en silencio viejas palabras de amor, la amistad se impuso ante todo y todos, y de esta manera única nos recorrimos con la sinceridad que nace y se manifiesta con naturalidad. Nos hicimos más amigos que antes y compartimos risas y penas en nombre de este amor con nuevo ropaje. Hasta que hace poco realicé un viaje al sur y creo haber conocido un nuevo buen amor. Vos siempre vas a estar en mi corazón, pero tenés que dejar que otro pueda hacerme bien también. No tirés todo por la borda. El amor se manifiesta de infinidad de maneras… Y esta, la nuestra es una de ellas.
Me quedé en silencio, contemplando la mesa vacía y al mozo que me despertaba para dejarme el café doble con crema.
Lo dejé como estaba y me fui de inmediato a la casa de Valeria.
—¿Qué hacés acá? — me preguntó sorprendida por la visita inesperada.
—Vine a decirte que te amo… Pero como los amigos que somos desde el primer día en que nos cruzamos en aquella vieja escuela secundaria.
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