viernes, 9 de enero de 2009

09. pálidos reflejos

Teminé justo a tiempo en la editorial y de ahí me fui corriendo a lo de Valeria para acompañarla al Aeroparque.

Con Vale nos conocemos desde la época de estudiantes secundarios. Después de recibirnos nos pusimos felizmente de novios, y mientras paseábamos tomados de la mano, volábamos tomados de los corazones.
Y pasábamos los días (las tardes y las noches) recorriendo la ciudad con la misma curiosidad e intensidad con que hacíamos lo mismo con nuestros cuerpos.
El mundo sólo existía para nosotros dos, y nosotros dos estábamos dándole sentido a las vueltas del planeta con nuestras risas al natural mientras nos disfrutábamos tanto, pero tanto, pero tanto…

Estuvimos juntos poco más de dos años.
En algún momento indeterminado comenzaron a salir enredaderas envidiosas por debajo de las baldosas por las que caminábamos, haciéndonos tropezar con cierta dureza.
Éramos todavía muy jóvenes, cargábamos con toda la inocencia exacta y nuestra felicidad brutal empezó a molestar a algunas sombras que nos miraban con ojos rojos.
Un día hubo una confusión, un malentendido, una torpeza, un error que nos alejó, dejándonos a la deriva en un naufragio inesperado.

Unos años despuñes, nos volvimos a cruzar en la esquina de los reencuentros y nos tomamos un impar de cafés mientras conversábamos sobre nada en particular.
Sin embargo, nuestras miradas se decían palabras que, sin alcanzar a escucharlas, nos hacían sonrojar.

Ese fue el inicio de una relación particular entre nosotros dos.
Ella me devolvía a la vida cuando me perdía por ahí.
Yo le regalaba mi hombro cuando algún estúpido la lastimaba.
A veces coincidíamos en algún punto de la ciudad para tomar algo y divertirnos, reírnos, olvidarnos del mundo y sus horrores.
Porque cuando estamos juntos, nuestro mundo gira en una dirección ideal, aunque jamás volvimos a estar físicamente unidos, y eso es lo que más me desconcierta… Que nos llevemos tan bien sin que terminemos en la cama.


Aeroparque a la vista y los pájaros de hierro dividiendo los cielos con sus propios vuelos.
El tramiterío resultó demasiado rápido para mi buen gusto.
Vale no pega la vuelta hasta febrero.
Y yo me quedé mirándola hasta desaparecer, despegar y alejarse, no sin antes escuchar la promesa de nuestra salida a su regreso.


Con el Río de la Plata a un costado de mi costado reflejando en su oscuridad la noche, estuve a punto de encender un cigarrillo.
Recordé que hacía tiempo había abandonado ese vicio…
En la misma época que nosotros nos abandonamos e, inconscientemente, nos convertimos en un (buen) vicio.

7 comentarios:

Evan dijo...

Se me erizó la piel al leer esta historia de amor tan diferente... porque para mi es una historia de con la ausencia del "te amo"... eso me pareció leer entre líneas.

Mmmmm, así un tal Gasper te recomendó nuestro blog??? No sos vos Gasp??

;)

Un besito!

Gastón dijo...

Evan: Sip, es una historia de esas, porque la vida tiene esa clase de historias para ser leídas entrelíneas.

Y sobre lo de Gasper...
Estemmm...
Ehhh...
Bueno, yo...

Te mando un besito enorme y gracias por haber pasado por esta vida diaria.

Evan dijo...

ajja te pesqué, pillo!

:P

Besotes, por aquí andaré...

vandrés dijo...

Hola, te propongo utilizar mi directorio de blogs para facilitar
la difusión tanto de tu blog como del mío.
Si estás de acuerdo, visítame en:

http://almacendeblogs.blogspot.com

Muchas gracias y enhorabuena por tu blog.

Gemma dijo...

Esos amores adolescentes dejan huella profunda...y la vida da muchas vueltas en espiral ascendente...
Besos.

Gastón dijo...

Evan: Esto de la intuición femenina...
(igual por vos me dejo atrapar)
Besos libres

vandrés: No sé cuál es todavía mi intención pero lo tendré en cuenta.
Gracias de todas maneras por tu paso por acá.

Gemma: Sólo espero poder llegar al final del camino sin marearme.
Besos en escalera de caracol

Guadyx dijo...

Me emocione...